miércoles, 11 de abril de 2018

Voy a cambiar al mundo


Cuando era pequeña y me preguntaban “¿Qué quieres ser en el futuro?” la primera respuesta que cruzaba por mi mente era: “Feliz”. Sin embargo jamás lo dije porque los adultos tenían una extraña manera de pensar que consistía en querer que los niños dijeran que querían ser cosas como “Trabajador de oficina” o “Político”. No estoy diciendo que eso sea malo, de hecho, creo que ese tipo de personas son muy importantes en la sociedad. Solo digo que eso no era lo mío.

Crecí con una gran imaginación y un amor a la naturaleza que me hizo llegar a la conclusión de que yo iba a cambiar al mundo. Sin embargo, tenía una voz demasiado pequeña como para ser escuchada.
Fui creciendo hasta que llegó el momento de que me preguntara lo mismo que me habían preguntado los adultos, pero con mis propias palabras. “¿Qué quieres hacer con tu vida?” Me pregunté un día en clase de “Orientación vocacional”. Sabía lo que los adultos querían que fuera, pero seguía sin agradarme. Para este momento ya había olvidado que lo que más me debía importar era “Ser feliz” y había comenzado a preocuparme por lo que me daría dinero.

Estuve varios años rondando por la vida sin preocuparme por el futuro, porque lo veía como algo lejano; hasta que un día decidí que quería hacer arte. En realidad, ya sabía que eso era lo que quería, pero jamás lo había dicho porque, quién iba a tomar en serio a la niña más tímida del su salón cuando dice: “Quiero ser cantante” o “Quiero ser actriz”.

Muchos meses y varias noches sin dormir después, entré en una universidad. Me emocioné; pero creo que fue solo porque estaba complaciendo a los adultos. Me fui de casa, no me despedí, no pensé, solo me fui. Y fue lo peor que pude haber hecho.
Pronto estaba dudando sobre lo que había querido toda la vida y debí volver a las mismas preguntas. “¿Qué quieres ser en el futuro?” “¿Qué quieres hacer con tu vida?”.
Extrañamente, la respuesta a la primera pregunta seguía siendo la misma: “Feliz”. La que me dio mucho trabajo fue la segunda.

Estuve cerca de dos meses pensando en esto mientras iba a un lugar donde me encantaba estar, me divertía y amaba a la gente, pero pensaba que solo había llegado ahí para complacer a los adultos.
Un día, después de mucho llanto y una llamada por teléfono con mi papá, decidí quedarme. Me encantaría decir que me di cuenta que eso era justo lo que quería, pero estaría mintiendo.
Un par de semanas después, una persona me preguntó “¿Ya sabes qué estás haciendo aquí?”. Lo pensé por un instante y luego dije: “No sé qué estoy haciendo aquí, pero lo que esté haciendo lo voy a terminar”. Eso hizo que algo retumbara en mi cráneo y de la parte trasera de mi cabeza se asomó algo. “Voy a cambiar al mundo”. Ahora todo tenía sentido.

(Extracto de mi vida) 

miércoles, 31 de agosto de 2016

La chica del libro

Mi nombre es Elaine Davies y soy de Nueva York, soy fotógrafa y trabajo medio tiempo en una cafetería en Park Avenue. Jamás fui buena contando historias, pero esta historia jamás podría olvidarla, así que lo intentaré.
Eran finales de Junio, desperté a la misma hora de siempre y fui a trabajar. No vivo cerca de la cafetería en la que trabajo y eso me alegra porque me encanta tomar el metro, es un buen lugar para tomar fotografías espontáneas.
Llegué a la cafetería, saludé a todos y me puse a trabajar. El día pasó como de costumbre y todo fue normal; la misma cantidad de gente y de trabajo. Nada extraño pasó.
Continuó el día y terminé mi turno a las cuatro de la tarde. Tomé el metro, pero antes de regresar a mi departamento fui a una librería que queda cerca. Voy seguido a ese lugar, así que conozco a los que trabajan ahí y ellos a mí. Entré a la librería y fui en busca de un buen libro. Encontré varias cosas interesantes. Entre ellas a una persona.
Normalmente me encuentro gente por ahí leyendo o buscando cosas, así que no le di importancia al chico hincado a la altura del estante más bajo, hasta que escuché un “Hey”. Por un momento creí que ya conocía a ese tipo y no lo había reconocido, pero no, en realidad no lo conocía.
- Hey – Contesté preguntándome si me había hablado a mí.
Levantó la vista de los libros e inició una plática.
- ¿Cómo te llamas? – Dijo mientras se levantaba y se ponía a mi altura.
- Elaine… ¿y tú?
- Chris. – Dijo extendiendo su mano – Un placer.
Estreché su mano, él sonrió y se quedó mirándome. No dije nada, el tipo era raro pero es normal encontrarte gente rara por Nueva York, así que sólo le devolví la sonrisa.
- Nos vemos – Dijo apartando la vista y alejándose a la caja.
Ahí se acabó nuestra plática. No fue la gran cosa.
Encontré un montón de buenos libros, pagué y salí de la librería. Estaba atardeciendo; el cielo tenía un lindo color rosa y las tiendas comenzaban a encender las luces, al igual que los autos. Decidí que caminaría hasta mi departamento para ver el cielo un rato.
Estaba en la banqueta, mirando los árboles y esperando a cruzar la calle cuando sentí un empujón detrás de mí y caí en esta. Intenté levantarme para regresar a la banqueta cuando vi un auto frente a mí. Puse las manos frente a mi rostro y esperé el impacto, pero jamás llegó.
Quité mis manos y vi que todo se había detenido, nadie se movía; ni las luces, ni los semáforos, ni la gente. Nada.
Vi de reojo que se abría la puerta de la librería. Era Chris, el chico que me había encontrado antes. Parecía muy feliz de verme tirada en la calle.
- No creí que fueras a lograrlo – Decía mientras caminaba hacia mí con una gran sonrisa en su rostro. – Pero lo hiciste – Continuó – Aunque supongo que no sabes cómo detenerlo.
No entendía nada de lo que estaba pasando, no sabía de lo que el tipo estaba hablando y mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho de lo rápido que latía.
- Te vas a tener que mover si quieres salvar tu vida – Dijo – No un movimiento muy notorio, porque esa mujer te está mirando – Continuó mientras señalaba a una mujer con cara de espanto que tenía la mirada fija en mí – ¡Oh! Y sería bueno que también salvaras tus libros. Ahora ponte en una posición en la que te puedas levantar rápido y prepárate para correr. Yo haré que todo se mueva de nuevo.
Lo que me decía era una tontería, pero no quería preguntar nada así que hice lo que me dijo, esperando que el tipo (Por algún motivo) tuviera razón.
- Regresaré a la puerta de la librería y te gritaré cuando todo se valla a mover. –  Dijo y caminó hacia la librería.
Y así fue. Llegó a la puerta y un segundo después escuché todo el ruido de la ciudad y a Chris gritando detrás de este. Logré quitarme entes de que me aplastaran y quedé sin aliento sobre la banqueta.
Vi como las personas se me quedaban viendo, impresionadas, y un segundo después llegó Chris y me puso una mano sobre el hombro.
- ¿Estás bien? – Dijo tomándome de ambos hombros y recorriéndome con la mirada de arriba abajo.
- Sí – Contesté sin aliento.
Me  hizo levantar la mirada que tenía clavada en el suelo y dijo que era mejor que nos fuéramos.
Llegamos a un restaurante que estaba cerca de ahí y nos sentamos. Él me dijo que me tranquilizara y que comiera algo. En realidad no tenía ganas de comer, sentía un tornado en el estómago, pero tal vez así me tranquilizaría.
Llegó la comida y antes de probar algo, hablé.
- ¿Qué pasó? – Pregunté un poco más tranquila.
Chris no había dejado de mirarme desde que llegamos al restaurante y creo que fue un alivio para él que dijera algo.
- Creí que te ibas a desmayar o algo – Contestó. Creo que esperaba que me riera.
Se quedó un minuto callado y después comenzó a hablar.
- Pues… ¿Alguna vez te sentiste diferente? – Preguntó, pero no contesté. – Mira, lo que pasó hace rato… – Continuó – Tú literalmente detuviste todo, fuiste tú. Sé que es extraño pero es algo bueno una vez que te acostumbras.
No entendía nada y creo que lo notó.
- Creí que sabría cómo decírtelo… – Dijo en voz baja – La cosa es – Continuó –  que cuando tú caíste en la calle, pensaste en detener todo porque así evitarías morir… y cómo pudiste ver… lo hiciste. Tú puedes hacer ese tipo de cosas y no debes sentirte extraña ¡Es algo bueno!
- Esto es una broma – Dije. En cierto modo esperando que me dijera que lo era – Esto no es real.
- No hay manera de fingir lo que acaba de pasar y tú lo sabes, sólo te cuesta creerlo.
- Es que estas cosas no pasan – Dije.
- Pero lo hacen. – Contestó.
Lo miré un momento y después tomé un sorbo del té,  lo cual solo me revolvió el estómago aún más.
- Tendremos que entrenarte – Dijo de pronto.
- ¿Entrenarme? – Pregunté aturdida.
- Sí. Hoy detuviste todo y no sabías cómo volverlo a la normalidad, y aun si hubieras podido, tal vez te habrían aplastado o la gente se habría dado cuenta. Tienes que aprender a controlarlo, no te puedo dejar así. Pueden pasar más cosas.
- ¿Y se supone que tú me entrenarás? – Pregunté.
- Sí. Comenzaremos mañana – Dijo sin dar detalle a lo que le había preguntado – te iré a buscar a tu departamento, pero ahora tienes que descansar porque creo que estás un poco pálida.
Pagó y nos fuimos. Nos separamos al salir de la cafetería y finalmente fui a mi departamento. Al entrar dejé los libros en una mesa y me tiré sobre el sillón. No desperté hasta la mañana siguiente.
Cuando desperté tenía un horrible dolor de cabeza y una leve imagen de lo que había pasado el día anterior. Trataba de convencerme de que había sido un sueño y pensé que lo mejor era olvidarlo, así que me levanté y fui por algo de comer a la cocina. Apenas había llegado al refrigerador cuando alguien tocó la puerta. Cuando la abrí, vi a Chris del otro lado.
- Tú... – Dije viéndolo con los ojos bien abiertos.
- Hola – Dijo con una sonrisa en el rostro – ¿Puedo pasar?
No pensé mucho y lo dejé pasar. Comenzó a recorrer e inspeccionar el lugar mientras yo lo veía con una mirada atónita. Volteó a verme y sonrió.
- No fue un sueño, sé que lo pensaste.
- Ojalá lo fuera…
- Tienes que empacar tus cosas. – Dijo entusiasta. – Nos vamos.
- ¿Irnos? – Pregunté confundida – ¿A dónde?
- A un lugar donde no seas un peligro mientras aprendes a controlar esto.
- Tengo que trabajar, no me puedo ir.
- Sólo será un fin de semana.
Por alguna extraña razón acepté llamar a la cafetería para decir que estaba enferma y no podría ir a trabajar. Mi jefa es un amor, así que lo entendió perfectamente y me dijo que me tomara el día. Al colgar el teléfono, algo llegó a mi mente.
- ¿Cómo sabes dónde vivo? – Pregunté preocupada.
- Tenía que vigilarte. Tranquila, nunca te espié por la ventana si es lo que te preocupa.
Tengo que admitir que me asusté, pero no podía impresionarme porque sabía que seguirían pasando cosas extrañas todo el fin de semana.
Puse unas cuantas cosas en una maleta y le dije que estaba lista. Él sonrió y caminó hacia la puerta.
- Adelante – Dijo mientras la abría.
Crucé la puerta y del otro lado no encontré el pasillo, sino un lugar verde y lleno de árboles. Chris llegó detrás de mí y me miró.
- ¿Te gusta? – Preguntó.
- ¿Dónde estamos? – Pregunté con la mirada puesta en la copa de los árboles. Estaba impresionada.
- En un lugar del mundo donde nadie se dará cuenta de lo que haces. – Sonreí sin despejar la mirada del cielo.
- Vamos. – Dijo al ver que no contestaba nada.
Comenzó a caminar y yo lo seguí. Andamos un rato entre los árboles y finalmente llegamos a un pequeño espacio vacío en medio del bosque. Ahí había dos hamacas colgadas, también había unas casas de campaña, la base de una fogata y varias cosas más.
- Aquí nos quedaremos – Dijo – Puedes dejar tus cosas por ahí, pero pronto, porque hay que irnos.
- ¿A dónde? Creí que habíamos llegado.
- Sí, al campamento, pero tenemos que salir del bosque para poder entrenarte. No quiero que cauces un incendio o que tires un árbol.
Dejé mi maleta sobre un tronco que había ahí y seguí a Chris hasta un claro lleno de pasto seco.
- Muy bien, vamos a comenzar. – Dijo – Ponte unos metros frente a mí.
Comencé a caminar mientras él hablaba.
- Hacer esto es muy sencillo – Comenzó – sólo tienes que pensar en lo que quieres que pase y hacerlo pasar. ¡Por ejemplo, yo quiero tomar ese palo! – Gritó para que lo escuchara mientras señalaba un palo que había por ahí – ¡Sólo tengo que pensar en lo que quiero que el objeto haga, que es venir a mí!
Abrió la mano y un segundo después tenía el palo en ella.
- ¡Ahora tú tienes que quitármelo! – Dijo.
- Yo no puedo hacer eso, ni siquiera creo en…
- ¿Magia? Si lo haces.
Él hablaba como si lo supiera, como si se lo hubiera dicho mil veces.
- No – Repetí.
- Mira – Dijo mientras se acercaba a mí – Todas las personas son capaces de hacer esto, pero se convencen de que es imposible y entonces se vuelve imposible. Tú no piensas así. – Respiró hondo antes de continuar – Hace como un mes yo pasé junto a ti en la calle y lo sentí, unos días después me dijeron que tenía que entrenarte. Para ti la magia existe, tus ojos lo ven así. Para ti todo es mágico, los amaneceres, los atardeceres, las luces… Puedes hacer cosas que los demás no, porque crees que es posible hacerlo. Ya lo hiciste ayer, ahora sólo tienes que controlarlo.
Se alejó de nuevo.
- ¡Ahora quítame la vara de la mano! – Gritó.
Estiré el brazo, esperando que nada pasara… y nada pasó.
- ¡Concéntrate! – Gritó desde lejos. – ¡Tienes que saber lo que quieres para que pase!
- ¡Lo haré! ¡Pero tus gritos no me ayudan! – Contesté alterada.
- ¡Quítamelo y dejaré de gritar!
Entonces estiré el brazo y quise con todas mis ganas quitarle el palo para que se callara… y así fue. El palo salió volando hasta mi mano, lo cual me emocionó bastante.
- ¡Wooo! ¡Tómala! – Grité arrojando el palo al piso – ¡Ahora tienes que dejar de gritarme! – Continué mientras Chris caminaba hacia mí.
- Lo sé – Dijo con una sonrisa de suficiencia en el rostro – Nada mal para alguien que no cree en la magia. – Hizo una pausa y me miró – Sigamos.
Dio la vuelta y se metió en el bosque, yo lo seguí esperando que no me pidiera mover un árbol.
Llegamos al campamento. Chris tomó un libro viejo y gastado, se sentó al pie de un árbol y se puso a ojearlo.
Yo me tiré sobre una hamaca y me quedé dormida.
Cuando desperté vi que el cielo tenía un color naranja – “Ojalá mis ojos pudieran tomar fotografías” – Pensé. Me levanté y miré el reloj. Eran las cinco de la tarde; había dormido por horas. Justo después llegó Chris por entre los árboles.
- ¡Despertaste! Creí que habías muerto, nadie duerme tanto – Dijo mientras dejaba unos troncos en el suelo.
- ¿Por qué no me despertaste? – Pregunté.
- Parecías cansada. – Contestó con un tono calmado – ¿Vas a comer? No has comido nada en todo el día y supongo que anoche tampoco comiste mucho.
Sacó una manzana de una mochila y me la arrojó, después comenzó a acomodar troncos para hacer una fogata.
Mordí la manzana y comencé a preguntar cosas.
- ¿Me vas a enseñar algo más?
- Sí. Tú vas a prender la fogata – Dijo mientras acomodaba palitos.
Volteé a verlo, creyendo que era una broma. – “Prender una fogata es sencillo” – Pensé.
- Ven – Dijo levantando la mirada.
Me acerqué y me senté a su lado. Él tomó un palito del piso, lo puso frente a mis ojos y después, éste se prendió.
- Te toca – Dijo con un aire de suficiencia, como si me acabara de explicar muy bien cómo prender el palito.
Tomé un palo que había cerca y me le quedé viendo, seguro se veía tonto pero un segundo después una chispita salió de la punta del palo y luego una flama.
- ¡Pude! – Grité. Parecía tonto emocionarse por algo tan simple.
- ¡Genial! Ahora prende la fogata.
Chris se fue a acostar en una hamaca mientras yo encendía la fogata. Una vez que la había encendido, me quedé viendo la luz del sol que pasaba entre las hojas de los árboles.
- Quiero ir a vagar por ahí – Dije sin cambiar la mirada de lugar.
- ¿Segura? Te podrías perder.
- Pues al menos me perderé en un lugar bonito.
Me levanté y me fui. Llegué al lugar en el que Chris me había estado “entrenando” en la mañana. No había árboles, sólo estaba el pasto seco y el atardecer…
Caminé un rato y llegué a una colina. Hacia abajo había un lindo lugar, verde y con árboles más pequeños. Me senté en el pasto sobre la colina y esperé el atardecer. Un rato después una voz rompió el silencio.
- Hola – Escuché.
Volteé y vi a Chris detrás de mí.
- Hola – Contesté regresando la mirada hacia el horizonte.
- Creí que te habías perdido.- Dijo. 
- Para ser honesta, no sabía cómo regresar. Pero me preocuparía por eso luego.
- Te traje esto – Dijo poniendo una sudadera sobre mi hombro. – Es mía. No quise revisar tu maleta por como reaccionaste con lo de tu departamento.
- Gracias – Dije sonriéndole.
- ¿Y qué haces? – Dijo mientras se sentaba a mi lado.
- Miro el atardecer. Es muy bello… ni siquiera necesita música…
- ¿Música? – Repitió confundido.
- Sí, como en las películas. – Aclaré.
No dijo nada; en realidad ninguno dijo nada en un buen rato.
Se metió el sol por completo, entonces volteé a ver a Chris y vi que estaba acostado boca abajo, dormido.
Me tiré al suelo sobre mi espalda a esperar que se despertara. Un tiempo después Chris comenzó a hablar de nuevo.
- ¿Y por qué tanta fascinación por el atardecer? – Preguntó en voz baja. – Lo has visto antes, lo sé.
Levanté la cabeza para verlo y ahora estaba volteado, mirando el cielo.
- Sí, lo había visto – Contesté – pero no así. No es lo mismo verlo desde arriba de un edificio o entre las calles, a verlo sentada en el campo.
- ¿Nunca habías salido de la ciudad? – Preguntó impresionado.
- No. – Contesté.
- Creí que te conocía… solo por saber que tú podías hacer magia.
- Pues no. Yo no creo conocerte.
- ¿A no? - Preguntó confundido.
- Claro que no. Te “conocí” ayer.
Él se sentó, miró el horizonte un rato y después me dijo que era hora de irnos.
Nos levantamos y caminamos hacia el campamento. Volvimos a prender la fogata, asamos bombones y  después nos acostamos en las hamacas. No tenía sueño porque había dormido toda la tarde, así que me quedé despierta unas cuantas horas.
El fuego se comenzó a apagar y me quedé viendo a las estrellas.
- Me gusta ver las estrellas – Escuché de pronto.
- Creí que estarías dormido – Contesté.
- No. – Contestó Chris – Casi no vengo aquí, así que, cuando vengo trato de estar despierto lo más que pueda.
- ¿Ya habías estado aquí?
- Si, pero hace tiempo que no venía.
- ¿Por qué?
- Porque no tengo mucho tiempo libre.
- ¿Y tienes tiempo para hacer esto?
- ¡Claro! Este lugar es algo mío. A esto no me molesta darle tiempo. – Dijo entusiasta – Tú también deberías darle tiempo después de… esto.
- ¿Y cómo conoces éste lugar? – Pregunté.
- Ehm… Aquí me entrenaron a mí – Dijo algo nervioso – hace tres años. Me gustó mucho y seguí viniendo después de eso. Creí que era un lugar perfecto para entrenarte a ti.
- Es bonito. – Contesté.
Comenzamos a hablar de cosas que nos gustaban y al final de babosadas, pero era tarde y era de esperarse que termináramos diciendo tonterías. Después de un rato ambos terminamos dormidos.
Desperté a la mañana siguiente y la luz del sol alumbraba las hojas de los árboles,  había un poco de neblina alrededor del campamento y Chris cocinaba algo en la fogata.
- Duermes mucho ¿Sabes? – Dijo desde la fogata.
- ¿Hace cuánto tiempo comenzaste a espiarme? – Dije levantándome.
- Un mes. – Contestó confundido – ¿Por qué?
- Porque entonces deberías saber que los domingos son mis días para dormir.
- ¿Y ayer?
- Eso no cuenta, un día antes casi me aplasta un coche y me enteré que podía hacer magia… Es magia ¿no?
- Si, es magia. – Contestó – Y eso no cuenta.
- Bueno… entonces duermo mucho. ¿Y qué haces?
- Pues ayer no comiste casi nada y me preocupa que te dé el soponcio por no hacerlo, así que te comerás lo que prepare.
- Está bien. - Contesté.
- Mientras puedes cambiarte en la casa de campaña que no tenga mis cosas. No sé cuál es, pero tú fíjate.
Tomé mi maleta y entré a la casa vacía. Salí después de un rato y Chris estaba esperándome para desayunar.
- No sé qué comida te gusta y probablemente no sea el mejor cocinero, pero enserio espero que te guste. -Dijo algo nervioso.
- Lo que sea está perfecto. – Contesté.
Comenzamos a comer y la verdad no sabía nada mal.
- ¿A qué hora despertaste? – Pregunté.
- A las siete. - Contestó.
- ¿En serio? Tú duermes muy poco.
- Pues soy más una persona de amaneceres, como tú de atardeceres. Cuando estoy en la ciudad intento dormir más temprano.
- ¿Y las estrellas? - Pregunté.
- Allá no se ven las estrellas.
Terminamos de comer y regresamos al campo del día anterior.
- ¿Y qué haremos hoy? – Pregunté.
- Te enseñaré a defenderte.
- ¿Para qué?
- Pues… si te intentan secuestrar puede ser muy útil.
- ¿Alguna vez haz usado eso? -Pregunté.
- Más seguido de lo que te imaginas. – Contestó.
- No creo que usar magia sea lo mejor para defenderse. – Dije cortante.
Supongo que entendió que no me agradaba la idea de aprender eso, porque cambió de tema.
- De acuerdo. - Dijo -  Pero te diré un poco de teoría e Historia porque también hay de eso aquí.
- Eso me agrada más.
- Pues prácticamente todo parte de lo que te enseñé ayer – Dijo – “Pensar en lo que quieres que pase y hacerlo pasar” Es muy sencillo, pero tienes que estar convencida de ello.
- ¿Enserio? - Pregunté escéptica.
- Sí, claro. Sé que parece más complicado que eso pero no lo es.
- ¿Entonces puedo hacer lo que sea?
- No lo que sea, debes tener cuidado con lo que haces y que nadie se dé cuenta, porque pondrías en riesgo a todas las personas que pueden hacer magia, no sólo a ti.
Comenzó a hablar de la historia de esto. “Hay muchas personas que hacen magia en el mundo desde hace mucho” – Dijo – “Todos lo hacen de diferentes maneras, y hay buenos y malos como en todas las cosas”.
Siguió hablando por un largo rato, parecía que se sabía todo de memoria. De pronto me di cuenta que eran casi las cuatro de la tarde y Chris dijo que pronto tendríamos que regresar. Yo quería ver de nuevo el atardecer; era muy bonito verlo en ese lugar, así que le dije que esperara a que se pusiera el Sol y que mientras eso pasaba podríamos hacer otra cosa.
Bajamos la colina en la que habíamos estado el día anterior y fuimos al lindo lugar que había abajo. Había un río entre los árboles y Chris comenzó a hacer cosas con el agua. Me enseñó a hacerlo también; a mover el agua y a controlar lo que pasaba a mí alrededor.
El sol comenzó a bajar, así que subimos la colina para verlo sin que los árboles se atravesaran. Nos sentamos en el pasto y nos quedamos ahí un rato. Esta vez Chris no se durmió, sino que se quedó sentado con los ojos bien abiertos. Volteé a verlo, sus ojos eran color café pero se veían más dorados cuando les daba la luz.
- Me agrada – Dijo.
- Es bonito – Contesté.
- No suelo ver el atardecer... pasa muy rápido.
- Es por eso que es tan magnífico - Contesté - porque pasa muy rápido. Es igual el amanecer.
Nos quedamos callados, viendo el horizonte. Al terminar dijo que no era necesario regresar al campamento, porque nuestras cosas llegarían solas.
“Regrésanos a la ciudad” – Dijo mientras tomaba mi mano.
Lo primero que pensé fue que eso no me lo había enseñado: luego recordé “Sólo tienes que pensar en lo que quieres que pase y hacerlo pasar”. Cerré mis ojos e imaginé mi departamento. Sentí un jalón y cuando volví a abrir los ojos estábamos en la sala de mi departamento en Nueva York.
Todo seguía igual, pero no se sentía igual. Yo había cambiado mucho.
- Regresamos – Dijo Chris después de un suspiro.
Volteé a verlo. Tenía la misma mirada desconcertada que yo.
- ¿Estás bien? – Pregunté.
- Si – Dijo poniendo su habitual sonrisa – ¿Y tú?
- Si.
- Bien, te dejaré descansar. Nos vemos el miércoles.
- ¿El miércoles? – Pregunté confundida.
- Sí, aún faltan varias cosas que debes aprender. A las cuatro y media, en el “Washington Square Park”
Se aproximó a la puerta. – “Descansa” – Dijo antes de salir.
Volteé a mí alrededor. Todo era un chiquero, así que me puse a  recoger un poco.
Siempre me ha encantado mi departamento; amo la vista desde las ventanas, las paredes de ladrillos y todo lo demás que hay en él. Pero en ese momento todo se veía aún mejor; todo tenía más potencial.
Esa noche dormí muy poco, estuve varias horas mirando por la ventana, viendo el mundo de diferente manera. Comencé a ver que el cielo tomaba color; estaba amaneciendo. Me habría quedado despierta hasta que saliera el sol pero tenía que ir a trabajar en unas horas, así que me dormí.
Desperté unas tres horas después y me hice algo de comer, ya que no había comido muy bien durante el fin de semana. Después me fui a trabajar.
Caminé hasta el metro y fui a la cafetería. Al llegar todos preguntaron cómo seguía y yo contesté que estaba mejor (No recordaba que se suponía que estaba enferma). Seguí con el día como de costumbre, o al menos eso intenté. Veía todo de una mejor manera y creo que los demás lo comenzaron a ver igual que yo. Supongo que la alegría se pega.
En la tarde el cielo comenzó a perder color y a nublarse un poco. El aire que entraba por la puerta cuando se abría y cerraba se sentía más fresco, y de vez en cuando sonaban truenos por encima de los rascacielos. Pero aun no llovía.
A las cuatro de la tarde salí del trabajo, el viento era fuerte y comenzaba a oler a lluvia. Entré al subterráneo y fui a casa. Al salir ya había comenzado a llover y me tuve que mojar en el camino al departamento, aunque debo decir que no fue ningún sacrificio, incluso fue divertido, hacía tiempo que no me mojaba con la lluvia.
Entré a mi departamento y me metí a bañar para ponerme ropa seca. Después de eso me quedé un rato tirada sobre mi cama, viendo hacia la ventana. No estaba cansada a pesar de no haber dormido en toda la noche, de hecho me sentía bastante despierta.
Ya que no podía salir, puse música y comencé a leer un libro. Casi una hora después paró de llover y salió el sol tras las nubes negras. Siempre me ha encantado ese momento después de la lluvia, así que salí a caminar para verlo mejor. Tomé mi cámara, la cual no había utilizado en todo el fin de semana y fui a caminar. Al salir del edificio sentí un aire fresco y un increíble aroma a pavimento mojado (que no es igual al de tierra mojada, pero se parecen bastante), en los charcos que había en las calles se podía ver el reflejo de los árboles y el sol que se asomaba tras las nubes.
Estuve tomando fotografías hasta que me quedé sin luz y me obligué a regresar al departamento. Nada muy interesante pasó después, así que me tiré en la cama y me dispuse a dormir.
A la mañana siguiente desperté temprano, me preparé algo de comer, me arreglé y fui a trabajar. Cargué mi cámara conmigo ya que seguía con la inspiración del día anterior y mi nueva visión del mundo me seguía haciendo encontrar más potencial a las cosas. Caminé unas cuadras más que de costumbre porque quería sentir ese olor a lluvia y sándwich de tocino que había en el aire aquella mañana. Unos veinte minutos después llegué a la cafetería; estaba bastante sucia por las pisadas mojadas de la gente que había entrado la noche anterior, así que entre Laura (Una de mis compañeras) y yo, nos pusimos a limpiar los pisos. Estoy convencida de que habría sido más fácil con magia, pero “no puedo dejar que nadie me vea”, y  habría sido un gran problema lograr aquello con Laura ahí enfrente. Además, ¿qué tal que algo salía mal?, entonces también me habría quedado sin trabajo.
Avanzó el día y el trabajo aumentó. Se había vuelto a nublar en la mañana, por lo que el aire seguía un poco fresco y terminamos vendiendo más café que el de costumbre en un día de verano. También tuvimos que limpiar el piso otras dos veces en el transcurso del día, porque, aunque no había llovido de nuevo, la gente seguía pisando los charcos en la calle.
Un rato antes de terminar el turno, Laura, Juliana y yo dijimos que iríamos a algún lado después del trabajo, así que nos apresuramos para dejar todo limpio y nos fuimos a un restaurante frente a Central Park.
Comimos algo y después nos quedamos platicando; no fue hasta unas dos horas después que decidimos que era hora de irnos. Juliana y yo tomamos el metro hacia el sur y Laura se fue caminando a su casa, que estaba cerca de ahí. July bajó antes que yo, así que me quedé sola el último tramo antes de llegar a mi estación.
Cuando salí del subterraneo el sol había salido de nuevo, así que decidí quedarme en el parque un rato, tomando fotos de personas que había por ahí.
Me encontré con un tipo que estaba haciendo gimnasia y le pregunté si podía tomar unas cuantas fotos. Él dijo que sí. Después de casi  diez minutos terminé con las fotografías y nos pusimos a hablar.
- Me llamo Elaine – Dije.
- Soy Andrés ¿Eres fotógrafa? – Preguntó.
- Sí. ¿Y tú?
- Soy actor, tengo una audición el sábado, así que me preparo un poco.
- ¡Wow! Pues espero poder tomar algunas fotos si consigues el papel.
- ¡Claro! Y gracias.
Me dijo que se tenía que ir y la verdad yo también quería regresar a mi departamento, así que nos despedimos y tomamos nuestros caminos.
Al llegar al departamento me bañé y arreglé para dormir.
Eran las siete de la mañana cuando sonó mi despertador al día siguiente. Me levanté, me cambié y fui al trabajo. Me gustan las mañanas, son frescas y verdes.  Esa mañana estaba despejada y un poco más calurosa, lo que me hizo pensar que no iba a tener que limpiar llegando a la cafetería.
Un rato después, al llegar al trabajo, comprobé que tenía razón; ahora no había manchas en el piso, así que me fui directo a la cocina y de inmediato comenzaron a llegar clientes.
No estuvo muy atareado el día, incluso sentí que se pasó más lento porque casi al final del turno hubo tiempos muertos.
Salí a las cuatro como de costumbre y tomé el metro hacia el sur. Ese día iba a ver a Chris, así que tenía que dejar mis cosas en el departamento antes de ir al parque para “entrenar”.
Llegué al parque a las cinco de la tarde y me senté junto a la fuente a esperar a Chris. Cinco minutos después alguien grito “algo” detrás de mí.
- ¡Ely! – Escuché.
Volteé y vi a Chris caminando hacia mí, sonriendo como de costumbre.
- Nadie me llama Ely – Contesté.
- Perdón.
- No pasa nada, sólo me resultó extraño.  ¿Y qué haremos hoy?
- Tengo que llevarte a un lugar. – Dijo emocionado.
Se levantó y me dijo que también lo hiciera porque teníamos mucho que hacer.
Caminamos un rato hasta llegar a una pastelería en la calle 42, frente al edificio Chrysler – “Llegamos” – Dijo volteando a ver al interior de la pastelería y saludando a la persona que estaba en el mostrador. Abrió la puerta y me dejó pasar. El lugar era lindo, era más como una cafetería. Llegamos al mostrador y Chris comenzó a hablar con el chico que estaba ahí.
- ¿Qué tal? – Dijo.
- Hace un tiempo que no te veía – Contestó el hombre del mostrador.
- Si… he estado ocupado.
- ¿Y quién es ella? – Preguntó volteándome a ver.
- ¡Oh! Ella es Elaine – Contestó – Elane, él es Dave.
- Un placer – Dijo Dave extendiendo su mano.
- Igual – Contesté apretándola.
- ¿Y qué les voy a servir hoy? – Preguntó.
- Venimos por una orden de galletas – Contestó Chris.
Dave se quedó callado un segundo, luego volteó a verme y sonrió mientras asentía con la cabeza.
- ¡Muy bien! Síganme, están en la cocina.
- Tranquila, no pasa nada. – Dijo Chris al ver mi cara de confusión.
Entramos a la cocina y justo cuando se cerró la puerta, Dave comenzó a hablar de nuevo.
- Así que eres tú ¿Eh Elaine? – Dijo volteando la cabeza.
- ¿Qué? – Pregunté confundida.
- Es que… – Intervino Chris apresurado – Le hablé de ti.
- Si, eso – Continuó Dave – Eres una de nosotros.
- ¿Tú eres…?
- ¡Sí, claro!
Miré alrededor y vi que las cucharas batían solas mientras los pasteleros hacían otras cosas.
- ¿Todos hacen magia aquí? – Pregunté.
- Sí, así todo es más fácil.
Eso confirmaba lo que había pensado el otro día sobre que limpiar sería más fácil con magia.
Llegamos a la puerta de atrás de la cocina y Dave nos dijo que pasáramos; yo no entendí para nada de lo que se trataba eso, pero pasamos de todos modos. Del otro lado de la puerta no había un callejón cualquiera, con bolsas de basura, sino la calle 42, de nuevo, repleta de gente. Parecía ser la misma calle pero sin autos. 

- Bienvenida – Dijo Chris.
No podía creer lo que había frente a mí y ni siquiera me molesté en contestarle o devolverle la mirada. Toda la gente se vestía extraño y podía ver cosas volando en el aparador de una tienda, también había animales por todos lados.
- Yo tengo que volver a la cafetería. Nos vemos luego, Chris – Dijo Dave. – Gusto en conocerte, Elanie. Suerte.
- ¿Qué te parece? – Dijo Chris con una voz más insistente, como esperando mi aprobación.
- ¿Qué es este lugar? – Pregunté mientras me acercaba a la calle.
- Yo los llamo rincones mágicos. Hay muchos en el mundo, este es uno de los que hay en Manhattan.
- ¿Aquí viven todos los magos? – Pregunté.
- ¡No! ¡Para nada! – Dijo un poco alterado – La mayoría de nosotros vivimos con la gente común. Aquí es un lugar más comercial y muy pocos viven aquí.
- Todo es igual… – Dije distraída – incluso el edificio Chrysler ¿No lo ven los demás?
- ¿Alguna vez los viste?
- No.
- Nadie lo ve, de hecho no se puede llegar aquí si no tienes magia. Para las personas normales aquí atrás hay un callejón.
- ¿Y qué hacemos aquí?
- Venimos a la biblioteca. – Dijo – Te pude haber llevado a cualquier librería de Nueva York y buscar los libros que necesitamos en la sección de ficción, pero aquí hay más libros y nadie nos dirá nada si nos llevamos muchos. Además quería que conocieras el lugar.
- Es increíble. – Dije por fin – Jamás habría imaginado que había lugares así en la ciudad.
Caminamos por la calle hasta llegar a la biblioteca. Ahí no había taxis o automóviles, porque solo era un pedazo de calle, así que podíamos caminar por en medio de esta como los demás. Sin duda era algo que nunca podríamos haber hecho en la ciudad.
Llegamos a la biblioteca. Por fuera era idéntica, pero por dentro era completamente diferente. Se notaba de inmediato que era una biblioteca de personas con un exceso de creatividad, porque los techos estaban pintados con manchas de pintura de colores en lugar de los techos antiguos de la biblioteca.
- Hay muchos artistas aquí – Dijo al ver mi cara de asombro.
- ¿Qué buscamos en específico? – Pregunté.
- Historia. – Contestó – Me encanta venir aquí a leer historia; es como leer un cuento para niños, y saber que es real es increíble. Sin duda me gusta mucho más que la historia normal.
Nos detuvimos frente a unos estantes casi al fondo de una sala llena de libros y Chris comenzó a sacar algunos. Parecía conocer muy bien el lugar porque ni siquiera necesitaba buscarlos, sabía justo donde estaban.
Los puso en una mesa y comenzó a hojear. Yo tomé un libro en lo que él hojeaba. Enserio parecía un libro de cuentos para niños, mencionaba muchas cosas que me habían dejado de importar a los diez años.
Pasó el tiempo y yo seguía leyendo el mismo libro; él había terminado con el suyo y solo me observaba. Supongo que había leído ese libro antes, porque no era muy delgado que digamos y no había pasado ni una hora.
- ¿Elaine…?
 - ¿Si? – Dije levantando la cabeza.
- No es por molestar, pero nos tenemos que ir. Puedes llevarte el libro y regresarlo luego.
- Está bien.
Tomó el libro que estaba leyendo y lo puso con la pila de libros que él llevaba, luego fuimos a un salón para registrarlos. El salón estaba lleno de papeles de colores volando por ahí y entrando en archiveros.
Llegamos con una chica para registrar los libros. Ella nos dio unos papelitos de colores y nos pidió que pusiéramos nuestras huellas, justo después aparecieron nuestros nombres en los papeles y salieron volando. La hoja de Chris se fue directo a un archivero lleno de papelitos que supongo tenía su nombre, mientras que el mío se quedó volando por ahí en lo que la chica del mostrador ponía mi nombre en un archivero. Sin duda estaba comenzando a amar la magia.
Salimos de la biblioteca y regresamos a la puerta de la cafetería de Dave. Al entrar le dieron a Chris una caja con galletas con chispas de chocolate.
Cuando salimos de la cafetería había bajado el sol y el cielo estaba de un color naranja… era ese bonito momento del día.
- Orden de galletas es la “clave” que utilizamos para que Dave sepa que queremos ir al “Rinconcito mágico” sin que nadie se dé cuenta. – Dijo mientras nos alejábamos.
- Supongo que eso explica mucho. – Contesté.
- Sí. Lo bueno es que sus galletas saben bien, porque si cada vez que vengo me dieran una caja de galletas que saben feo, tal vez habría dejado de venir hace mucho.
Reí
- Vamos al parque – Dijo.
Tomamos camino hacia Central Park y estuvimos caminando por ahí un rato. Me agradó la vista que había desde una piedra hacia el lago, así que nos quedamos ahí.
- Me gustan los árboles… y los atardeceres – Dije.
- Lo sé. – Contestó.
Nos quedamos callados de nuevo, como cada vez que veíamos el atardecer.
- ¿Qué más haremos? – Dije una vez que el cielo tomó un color morado.
- De hecho quería decirte algo que no te dije el día que hablamos sobre todo lo de la magia. – Dijo casi susurrando.
- ¿Qué? – Pregunté un poco alterada – ¿Qué cosa?
Chris puso una cara de preocupación, pero después recuperó su sonrisa, aunque se veía algo forzada.
- Ehm…Tranquila, no es nada malo – Dijo como si dudara de lo que decía –  aunque no sé si te agrade la noticia – Dijo un poco nervioso. – Llegará un momento… ehm… en el que tengas que volver a detener el tiempo.
- Bien – Dije. Creí que sería algo más interesante.
- Creí que te molestaría.
- No, estoy bien.
Estuvimos ahí sentados hasta que se metió por completo el sol.
- ¿Te parece si nos vamos? – Preguntó.
- ¿A dónde vamos ahora?
- No sé ¿Quieres comer algo?
- Claro.
Nos levantamos de donde estábamos y nos fuimos. El cielo ahora tenía un color oscuro, pero alumbrado por las luces de la ciudad, que se fue desvaneciendo mientras nos alejábamos del parque.
Llegamos a un restaurante y nos sentamos en una mesa junto a la ventana. Después comencé a hablar.
- Dime – Dije
- ¿Digo?
- Sí, dime.
- No entiendo ¿Qué digo? – Preguntó confundido.
- Lo que sea. - Contesté - Comienzo a sentirme rara porque tú sabes mucho sobre mí y yo apenas sé tu nombre.
- No creí que te molestara – Dijo aun con tono confundido.
- No me molesta, pero sí me gustaría saber algo de ti.
- Ok, ehm… ¿qué te digo?
- Tu nombre, dónde vives. Con eso estaríamos a mano.
- Ok... – Dijo riendo – Soy Chris Wood y vivo en tu calle, dos departamentos a la derecha del tuyo.
- ¿Enserio? – Eso me había impresionado – Jamás te he visto.
- Lo has hecho, porque yo te he visto. Te dije: un día pasé junto a ti en la calle y sentí tu… ¿Vibra? También te vi después de que nos conocimos… el lunes, creo. Corrías bajo la lluvia.
- Creo que sigues sabiendo más que yo.
- Pregunta. No me molesta – Dijo con una voz tranquilizadora.
- ¿Puedes leer mentes? – Pregunté.
- No… – Contestó haciendo una mueca – ¿Por qué?
- No sé, sueles saber todo. Cuando estaba viendo el atardecer en el lugar al que me llevaste, dijiste que sabías que lo había visto antes, además sabías que iba a ir a la librería el día que te conocí.
- Digamos que te tenía que vigilar y te vi varias veces mirando los atardeceres. Y no sabía que ibas a ir a la librería ese día, de hecho me tomó por sorpresa encontrarte ahí, por eso no dije nada cuando entraste al pasillo, aunque fue una suerte haber estado ahí.
- Creo que no te haré más preguntas, sigo sin superar el hecho de que me “vigilaras” por un mes.
- Lo siento.
Pedimos algo de comer y hablamos de cosas que no tuvieran nada que ver con eso el resto de la cena. Terminamos y tomamos el metro al sur para ir a casa. Chris me acompañó a la entrada de mi edificio.
- Llegamos a su casa, señorita. – Dijo.
- Gracias por acompañarme, señor. – Contesté.
- ¿Nos vemos el domingo? – Preguntó – Aún hay cosas que tienes que ver.
- Sí, claro.
Sonrió como de costumbre y antes de irse me dio el libro que había estado leyendo en la biblioteca, después se fue caminando y se perdió de vista dos departamentos más allá.
Subí y me quedé sentada un rato junto a la ventana, viendo como pasaban los autos; después me puse la pijama y me recosté en la cama. No podía dormir, así que me puse a pensar en la inmortalidad del cangrejo (Y después en si enserio eran inmortales los cangrejos), luego recordé el lugar en el que Chris me había entrenado y deseé poder regresar; un rato después me quedé dormida.
Cerca de las seis de la mañana el frío me despertó. Abrí los ojos; estaba en ese lugar, en el bosque… y estaba amaneciendo.
“¿Por qué estoy aquí?” – Pensé mientras me levantaba del suelo. Estaba segura que no había estado ahí el día anterior, ni me había despertado en la noche, ni siquiera sabía en qué parte del mundo estaba ese lugar, así que habría estado complicado aparecer ahí.
Comencé a caminar hacia el lugar donde veía los atardeceres. El cielo comenzaba a pintarse de rosa justo al otro lado, así que me senté a ver como amanecía… Entonces entendí porque Chris era una persona de amaneceres.
Todo era muy lindo, pero era difícil apreciarlo cuando no sabía cómo había llegado ahí, así que, tan pronto salió el sol, pensé en mi departamento y regresé a casa de un jalón.
No tenía tiempo para preguntarme nada porque tenía que ir a trabajar, así que me bañé y corrí a la cafetería. Llegué justo antes de que abrieran y fui directo a la cocina. El día estuvo bastante ajetreado, así que no tuve mucho tiempo para pensar en lo de la mañana.
Para la tarde habían regresado las nubes, lo cual era bueno, porque sin ellas hacía demasiado calor, pero Laura y yo íbamos a salir “de compras” y a comer, así que la lluvia no ayudaría mucho en ese momento. Aun así salimos, y sí, cuando estábamos comiendo comenzó a llover. Al salir del restaurante esperé que la lluvia se calmara pronto.
Caminamos a Times Square y entramos a una tienda. Al salir ya solo caían unas gotas. Creo que tuvimos mucha suerte.
No llovió el resto de la tarde, estuvo nublado, pero solo eso.
Regresé a casa como a las siete y para mi sorpresa Chris estaba esperando en el vestíbulo.
- Hola – Dije –  ¿Qué haces aquí?
- Tenemos que hablar – Dijo con un tono serio.
Subimos a mi departamento; Chris no dijo nada en el camino, parecía molesto.
Llegamos arriba y cuando cerré la puerta comenzó a hablar.
- ¿Qué pasó? – Dijo alterado.
- Yo iba a preguntarte lo mismo. – Contesté confundida.
- Quiero que me expliques lo que pasó en Times Square.
- Creí que ya no me seguías.
- ¡Explícame! – Dijo molesto.
- ¡No lo sé! No entiendo de qué me hablas.
- Ven – Me sentó en el sillón y tomó aire – ¿Has estado usando magia?
- No.
- ¿Usaste magia hoy en Times Square?
- No. Lo único que me dijiste fue que nadie podía verme.
- ¿Dejó de llover mientras caminabas por ahí? – Preguntó un poco más tranquilo.
- Sí. - Contesté.
- ¿Querías que eso pasara?
- Si, pero yo no lo hice.
Se tiró sobre el sillón y respiró hondo – Si lo hiciste.
- Estoy segura que no fui yo.
- Elaine, estás haciendo magia sin darte cuenta ¡se está saliendo de tu control! – Dijo elevando la voz de nuevo.
No supe que contestarle; podía decirle que no era cierto, pero parecía estar seguro de lo que decía.
Creo que se dio cuenta que estaba algo confundida y asustada, porque se calmó y trató de seguir la conversación para que no fuera tan incómodo.
- Mira, solo dejó de llover sobre ti. No era tan obvio, pero cualquier mago se podría haber dado cuenta. – Se calló y esperó a que dijera algo, pero no tenía idea de que decir – ¿Es la primera vez que te pasa? – Preguntó después de un incómodo silencio.
- En la mañana desperté en el lugar en el que me entrenaste... – Dije más como recordando que para contestar.
- ¿Y qué pasó? – Preguntó algo preocupado.
- Nada, me quedé ahí un rato… luego regresé, es todo.
- Creo que sería buena idea que dejaras de usar tu magia un tiempo. Al menos hasta que sepamos qué pasa. – Dijo con un tono de lástima. – No será mucho, lo prometo; hoy comenzaré a buscar esto en algún libro. – Me miró esperando que le contestara algo, pero seguía sin saber qué decir: aun no me acostumbraba al asunto de la magia y ya tenía que evitar usarla. – ¿Podrás hacerlo? – Continuó.
Asentí con la cabeza, pero no sabía si podría lograrlo; es decir, ya habían ocurrido cosas sin que yo supiera cómo o por qué ¿Cómo lo evitaría?
- Muy bien – Dijo Chris mientras se levantaba – Creo que me iré – Continuó mientras hacía una cara de incomodidad. Supongo que para entonces se había tranquilizado lo suficiente como para darse cuenta de que había ido a mi casa a regañarme. – Nos vemos luego – Dijo y luego salió casi corriendo.
Me quedé sentada en el sillón un rato, pensando en todo lo que había pasado en la tarde. No sabía cómo había hecho magia, aunque… cuando detuve el auto el día que conocí a Chris no esperaba que enserio se detuviera todo, tal vez hoy pasó lo mismo, tal vez nunca aprendí a controlarlo…
Desperté en el sillón al día siguiente, ni siquiera supe a qué hora me había quedado dormida. Me levanté y me arreglé para el trabajo. Al salir del edificio vi que el día era lindo, seguía nublado y había un lindo aroma en el aire, pero era difícil verle el lado bueno a las cosas en ese momento.
Llegué a la cafetería y Francisco (Uno de los cocineros) me preguntó si estaba bien
- Sí, ¿por qué? – Pregunté.
- Pareces preocupada – Contestó.
- Estoy bien – Dije sonriendo. Después tomé un plato con waffles y los llevé a una mesa.
Seguí así el resto del día. Estaba algo malhumorada por lo del día anterior, lo cual nunca es bueno si atiendes una cafetería en horas pico, pero intenté controlarlo.
Contuve mi enojo un rato, hasta que alguien me provocó y ya no pude. Un señor entró a la cafetería y fui a atenderlo. El hombre estaba tan malhumorado como yo, pero él no tenía intenciones de contenerlo. En cuanto llegué a su mesa, comenzó a gritarme cómo si todo el mal del mundo fuera mi culpa e intenté no escucharlo mientras tomaba la orden.
Fui a la cocina a dejar su orden y luego seguí con las demás mesas, unos minutos después fui por su comida y cuando llegué a su mesa, el hombre estaba molesto porque me había tardado mucho (¡No pasaron ni diez minutos!), así que comenzó a gritarme de nuevo. Me contuve las ganas de arrojarle la comida y me fui, pero cuando me volteé escuché una explosión detrás de mí.
Volví la cabeza y vi que el hombre estaba cubierto de refresco y había cristales en el piso ¡Había explotado el vaso! Ni el hombre ni yo dijimos nada; yo estaba algo asustada porque sabía que la explosión del vaso había sido mi culpa, en cambio el señor estaba aún más enojado.
El hombre se levantó y yo retrocedí. Sabía que me iba a gritar (Yo sabía que había sido mi culpa, pero él no y aun así me culparía).
Comenzó a gritar de todo, incluso cosas que no tenían que ver con lo del vaso;  no sabía qué hacer, solo me quedé ahí parada, escuchando. Iba a  decirle al señor que se calmara cuando alguien me hizo a un lado. Era Karla, mi jefa.
July me tomó por el brazo y me llevó detrás del mostrador. Todos nos quedamos viendo a Karla con impresión.
- ¿Tiene algo que decirme, señor? – Dijo Karla con un tono tranquilo pero duro.
- ¿Y usted quién es? – Dijo gritando.
- Esta es mi cafetería - Contestó - ¿Algún problema?
- Oh… entonces usted contrató a esa incompetente – Dijo mirándome.
- Disculpe, pero qué hizo esa “incompetente” exactamente.
- ¿No me ve cubierto en refresco? – Gritó.
- Si, pero yo no vi a mi chica arrojarle el refresco ¿Usted sí?
El tipo echaba humo, no sabía que contestar.
- ¡Me voy! ¡Y no pienso pagar un solo centavo! – Dijo tomando sus cosas de la mesa.
- ¡Por mí, usted se puede ir a donde quiera! ¡No me hace falta gente como usted en mi restaurante! – Gritó Karla.
El hombre salió de la cafetería y todos aplaudieron. Limpié el lugar que había dejado aquel hombre y regresé corriendo a la cocina.
Tenía que respirar un momento, así que le pedí a Ricardo (otro de mis compañeros) que me cubriera por un momento. Después salí rápido de la  cafetería.
Crucé la calle y un poco después choqué con alguien. Era Chris. Me arrastró hasta un lugar donde no estorbáramos y comenzó a preguntar de nuevo.
- ¿Qué pasó? – Preguntó. – ¿Estás bien? ¿Están bien todos?
- Sí, todos están bien.
- ¿Y qué pasó?
- Hice explotar un vaso – Contesté alterada.
- ¿Un vaso? -  Preguntó confundido.
- Estaba molesta y al parecer eso quise que pasara, pero no fue mi intención.
- Tranquila, no pasa nada.
- ¿Cómo que no pasa nada? - Pregunté alterada - Ayer me diste un sermón sobre eso.
- Creo que  sé cómo detenerlo. – Dijo sonriendo.
­- ¿Ah sí? – Pregunté confundida.
- ¿Has hecho magia intencionalmente desde que llegamos?
- No.
- Ok, entonces tienes que hacer – Dijo alegre.
- Creí que ese era mi problema.
- No, tu problema es que haces magia sin darte cuenta. Eso pasa porque no haces magia de otra forma y ya se acumuló o algo así, así que tienes que hacer magia para que esto se detenga.
- ¿Y hago lo que sea? – Pregunté.
- Sí, lo que sea. Mientras que nadie te vea…
- Bien... - Contesté más tranquila.
Me dijo que se tenía que ir; yo tampoco quería dejarle el trabajo a Ricardo por mucho tiempo, así que nos despedimos y regresamos al trabajo.
Entré al restaurante y seguí con mi día. Ya no estaba tan molesta ahora que sabía que podría  (Y debía) seguir haciendo magia.
Terminé mi turno sin ningún otro problema y me fui a casa. Estaba cansada, pero me emocionaba la idea de llegar al departamento y hacer toda la magia que quisiera.
Entré a mi departamento esperando que se me llenara la cabeza de ideas, pero no. Estuve sentada en la cama un rato, después me hice algo de comer y seguí esperando una idea.
Eran casi las seis de la tarde cuando recordé que en mi habitación había una pared que había querido pintar hace tiempo, así que fui a mi cuarto, moví unos muebles y los cubrí con unos plásticos que tenía en un armario. Me paré frente a la pared y me di cuenta que no tenía idea de cómo iba a hacer que se pintara la pared, así que solo comencé a mover los brazos como si tuviera pinceles con pintura en las manos. Y sin entender cómo, de mis dedos comenzó a salir pintura.
Me puse una playera vieja y pantalones gastados, me quité los zapatos, puse música estridente y comencé a lanzar pintura a la pared. Servía bastante para quitarme el enojo del día y para sacar toda la magia que tenía “atorada”.
Cerca de una hora después alguien tocó la puerta. Quité la música, cerré la puerta del cuarto y fui a abrir.
“¡Elanie!”, escuché cuando abrí la puerta. Era Martha, una amiga que he tenido desde hace mucho.
- ¡Martha! – Contesté.
- ¿Cómo estás? – Dijo y continuó sin dejar que le contestara – Perdón por no avisar, pero tenía que decirte esto hoy…
- ¿Qué cosa? ¿Qué pasa? – Pregunté algo ansiosa.
- Le mostré a mi jefe tus fotografías (Le había dado a Martha unas fotografías hace varias semanas para que las viera su jefe, quien ha montado varias exposiciones) y hoy me llamó y me dijo que quería verte para hablarte de la exposición.
- ¿Enserio? ¿Sólo así?
- Sí. Tienes que ir mañana a su oficina en el número 27 de la calle Liberty, entre las seis y las nueve de la tarde ¿Tienes tiempo?
- ¡Claro!
- Y será mejor que lleves ropa que no esté tan manchada – Dijo señalando mi ropa con manchas de pintura.
Sonreí.
Seguimos hablando hasta que nos dimos cuenta que se hacía tarde. Cuando se fue era casi media noche y para entonces ya estaba demasiado cansada como para seguir lanzando pintura a la pared, así que quité los plásticos, acomodé los muebles, me bañé y me dormí.
A la mañana siguiente estaba muy cansada, pero estaba emocionada porque tenía una cita con el jefe de Martha.
El día estuvo bastante normal, no hubo percances como el del día anterior y estuvimos trabajando tranquilamente.
Salí de la cafetería y fui a mi departamento para arreglarme antes de ir al número 27 de la calle Liberty. Me arreglé lo más que pude, lo cual no fue mucho tratándose de mí, además quería ser lo más “yo” que pudiera, lo cual tampoco ayudaba mucho.
Cerca de las seis y cuarto salí del departamento y tomé el metro hasta casi la última estación al sur. Salí y fui directo al edificio donde trabajaba Martha. El lugar era lindo, bastante formal. Le dije a la recepcionista por qué estaba ahí y ella me dijo que esperara junto a un chico que seguro tampoco iba ahí seguido, porque tenía ropa gastada y tenis sucios.
- Hola – Dijo cuándo me senté.
- Hola – Contesté.
- ¿Vienes por lo de la exposición de arte? – Preguntó.
- Sí, creo ¿También te llamó?
- Sí. Soy Daniel. Pintor, o algo parecido. – Dijo estirando la mano.
- Elaine. Fotógrafa. – Dije apretando su mano.
- Que bien que llegaste – Dijo sonriendo – comenzaba a sentirme incómodo vestido así, con todos tan arreglados. 

Sonreí y  seguimos hablando hasta que la recepcionista nos interrumpió y nos pidió que ambos entráramos a la oficina. Daniel y yo intercambiamos una mirada de confusión y nos dirigimos a la oficina. En la puerta había una hoja de papel que cubría una placa, la cual decía “Tyler” junto a una carita feliz.
- Buenas tardes, jóvenes – Escuchamos al entrar a la oficina. – Perdón por la informalidad, pero me pareció buena idea hablar  con ambos al mismo tiempo, ya que es el mismo tema. – Un hombre alto y con una barba café considerablemente larga, nos miraba por detrás de un escritorio lleno de dibujos coloridos, periódicos, y libros viejos. – ¡Pero siéntense, no sean tímidos!
Nos sentamos en los sillones que había frente al escritorio. Miré alrededor y noté que la oficina no era tan formal como la recepción. Había líneas de colores en las paredes y cuadros de películas de súper héroes y bandas que no conocía colgadas en las paredes.
- ¿Té? ¿Café? ¿Galletitas? – Preguntó el hombre señalándonos una mesita repleta de panecitos y teteras que parecía que se caerían en cualquier momento. Después nos trajo un platito con brownies y siguió hablando. – Bueno, ya que ninguno habla mucho, comenzaré. – Nos miró de nuevo para ver si decíamos algo, pero ninguno pronunció una palabra. – Como ya saben, los llamé porque me gusta su trabajo artístico, y quiero que lo expongan en un evento de una semana donde se presentarán artistas desconocidos. Esto lo estamos organizando entre varios colegas y yo, porque nos interesa que su trabajo se conozca. En este evento se presentará el trabajo de bailarines, actores y músicos, así como una exposición de fotografías y otra de pinturas. Estas últimas son las suyas y deben tener por lo menos 15 piezas. ¿Alguna pregunta?
- ¿Cuándo es? – Preguntó Daniel.
- Es del 20 al 27 de julio. Tienen que hacer presencia todos los días, por lo menos una hora. Menos el día de la inauguración y la clausura. Esos días tienen que estar todo el tiempo. ¿Pueden hacerlo?
Un confuso “sí” se produjo en la oficina.
- Les mandaré los horarios y el lugar del evento, mañana. También les pido que me muestren sus piezas una semana antes del evento.
Estuvo otro rato hablando, dándonos papeles y llamando a la recepcionista, mientras que nosotros casi siempre nos limitábamos a asentir con la cabeza. Alrededor de las siete treinta, salimos de la oficina.
- ¿A qué parte vas? – Preguntó Daniel cuando estábamos de nuevo frente al edificio.
- Bajo en la NYU – Contesté.
- Te acompaño. Bajo después.
Caminamos hasta la estación mientras hablábamos sobre lo que hacíamos y lo que pensábamos sobre la exposición.
- Deberíamos salir algún día antes de la cosa – Dijo Daniel poco antes de llegar a mi estación.
- ¡Claro! - Contesté -  ¿Cuándo puedes?
- Cualquier día de la siguiente semana… ¿Te parece el viernes?
- Sí, claro.
En ese momento comenzamos a perder velocidad y cuando se abrieron las puertas me despedí y salí del metro. No tenía ganas de regresar al departamento, así que vagué por ahí un rato y luego fui a comer algo.
Ya entrada la noche, regresé al departamento y me puse a leer el libro que había sacado de la biblioteca del rincón mágico. A la mañana siguiente desperté en el sillón con el libro en las piernas.
Me levanté y me metí a bañar. No sabía a qué hora vería a Chris, pero decidí apurarme por si llegaba temprano. Al salir del cuarto, escuché golpes en la puerta y supuse que sería él. Le abrí la puerta y entró sonriendo como siempre.
- Buenos días – Dijo con una melodía.
- Hola – Contesté – ¿Ya desayunaste?
- Si, me levanto temprano ¿Tú no?
- No ¿Te molesta si como algo?
- No, tú tranquila.
Comencé a preparar algo mientras él hojeaba un periódico en la barra.
- Te mostraré algo – Dijo levantándose de la silla un rato después.
- Claro – Dije sin poner mucha atención.
Comenzó a abrir cajones y frascos hasta que encontró uno que estaba vacío. Después tomó un papelito y comenzó a escribir en él; lo echó en el frasco y se volvió a sentar.
Lo miré confundida. Él sonrió y miró el frasco de nuevo. Volteé a ver el frasco y el papelito ya no estaba.
- ¿Qué hiciste? – Pregunté abriendo el frasco para ver su interior.
- Es más sencillo que el correo... - Dijo.
- ¿Qué hiciste? – Insistí.
- Es algo que usamos entre nosotros. – Dijo con una sonrisa de suficiencia –  Elegimos un lugar. Puede ser un cajón, un armario, un frasco…, lo que sea en realidad. Pones tu nombre, el nombre de la persona a quien envías y el lugar al que quieres que llegue, en una nota, por ejemplo. Lo metes en el cajón o lo que sea y la nota llega al cajón o frasco de la otra persona.
- ¿Eso existe? ¿No es más fácil un teléfono?
- ¡No! Además… Las llamadas se pueden espiar. No es seguro.
- Pues jamás te llamaré, entonces – Dije y continué cocinando.
Mientras comía nadie dijo nada. Él continuó leyendo el periódico hasta que unos quince minutos después le dije que podíamos irnos.
Abrió la puerta para dejarme salir y de nuevo me encontré con el bosque del otro lado.
- ¿Qué hacemos aquí? – Pregunté confundida – Creí que nos quedaríamos en la ciudad.
- Te enseñaré a atacar gente. – Dijo secamente.
- Creí que no lo haríamos.
- Lo sé, pero no quiero ser el responsable si algún día te pasa algo y no supiste defenderte.
- Creí que nadie debía verme.
- Es defensa propia. En ese caso no importa.
Caminamos hasta llegar al claro del primer día. Nos colocamos como cuando me pidió que arrebatara el palo de su mano. Parecía que eso había sido hace siglos, pero solo había pasado una semana.
- ¡Primero tienes que saber defenderte! – Gritó desde varios metros frente a mí. – Para eso tienes que…
No sé qué pasó después, sólo recuerdo haber despertado en la cama de un hospital, con dolor en todo el cuerpo.
Chris estaba sentado en un sillón frente a la cama y por una ventana se veía que era de noche. Llamé a Chris débilmente y él enseguida abrió los ojos y se acercó a mí.
- Elaine... – Dijo con un tono de preocupación, aunque sonaba cansado – ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Te duele mucho? Llamaré a Miguel.
Se perdió de mi vista detrás de una cortina y unos minutos después regresó con un doctor.
- ¿Elaine? – Dijo el doctor acercándose – ¿Me escuchas bien? – Preguntó y yo solo asentí con la cabeza – Soy el doctor Barrett ¿Cómo estás?
- ¿Qué pasó? – Pregunté.
- ¿Qué pasó? – Dijo con un poco de sarcasmo en su voz – Pues que tienes un asco de instructor, eso pasó.
- Él puede hacer magia – Dijo Chris del otro lado de la camilla. – Y se llama Miguel.
- No le interesa saber quién soy. Lo que le importa es saber cómo llegó aquí y sería bueno que tuvieras la decencia de explicarle.
Miré a Chris y él soltó un suspiro mientras hacía una mueca. “Está bien” – Dijo.
- ¿Recuerdas que te dije que te enseñaría a defenderte? – Asentí con la cabeza – Pues fuimos al lugar sin árboles y te mostré como hacerlo, y cuando te ataqué lo hiciste bastante bien. Después te enseñé a atacar y también lo hiciste bien, así que decidí lanzarte algo más… pesado. No pudiste detenerlo y saliste volando. Chocaste contra un árbol y luego caíste al piso, inconsciente.
- Y te trajo aquí – Interrumpió Miguel con desesperación – Te revisamos y en realidad no estabas tan mal como te veías, sin embargo tenías… – Se detuvo y carraspeó con la garganta – Tienes – Corrigió – varios golpes y rasguños algo profundos, que supongo te hiciste con las ramas del árbol… También te rompiste un hueso del brazo, que sin duda fue por el golpe contra el suelo.
- ¿Tengo un brazo roto? – Pregunté cuando hubo terminado.
- Sí. Como verás lo hemos enyesado – No lo había notado, pero mi brazo derecho estaba inmovilizado por un yeso – Y te lo quitaremos en… no sé, tal vez uno o dos meses.
- ¿Un mes? – Dije alterada e intentando levantarme, pero todo me dolió y caí de nuevo en la almohada – No puedo estar con esto un mes, tengo que trabajar. ¡Tengo que tomar fotos! – Dije levantando la voz, lo cual solo consiguió atraer a una enfermera alarmada. Intenté levantarme de nuevo, pero siguió sin servir. – ¿Qué se supone que haga?
- Primero tienes que tranquilizarte o te harás más daño. Tendrás que reposar el mes ¿entendido?
- ¿Y no puedes usar magia?
Dije eso y en seguida todos hicieron muecas. Chris y Miguel se quedaron callados mientras la enfermera hacía una cara de preocupación.
- Tal vez sean los medicamentos – Dijo Miguel dirigiéndose a la enfermera. Esta salió detrás de la cortina y nadie dijo nada hasta después de unos segundos.
- Elaine, no puedes mencionar la magia frente a nadie. – Dijo Miguel en voz baja –  En este hospital solo hay tres magos. Cualquier otra persona que te escuche, pensará que estás loca.
No contesté nada, sentía pena por lo que acababa de hacer.
- Mira – Añadió Miguel un rato después – No puedo usar magia para curarte, nadie en la ciudad puede, es algo muy complejo. Sin embargo… conozco a una persona que hace pociones y antídotos. Podría ayudarnos.
- ¿Es seguro? – Pregunté.                           
- Confío en él. Pero ya es tarde, así que tendrás que esperar hasta mañana ¿Te parece? – De nuevo asentí con la cabeza – Ahora descansa. – Dijo y antes de salir le lanzó una mirada a Chris, quien salió con él.
Me quedé ahí acostada viendo la ventana. Comenzaba a arrepentirme de haber gritado, porque ahora me dolía todo aún más y me zumbaban los oídos.
Unos cinco minutos después, regresó Chris. Se notaba que intentaba simular una sonrisa.
- Lo siento – Dijo acercando una silla junto a la cama.
- Pudo haber sido peor ¿o no? – Contesté para ver si lograba hacer que sonriera, pero no pasó. – No está tan mal.
- No lo estás tomando tan bien como aparentas, lo sé – Dijo sin mirarme. – ¿Sabes? Puedes cambiar de instructor cuando regreses a casa, te puedo pedir a  alguien más capacitado para esto.
- No quiero cambiar de instructor. – Al decir esto, volteó a verme sin darle crédito a sus oídos. – He aprendido a hacer lo que se hacer contigo ¿verdad? Esto pudo pasarle a cualquiera; y sí, tal vez lo estoy tomando demasiado bien, pero ya no puedo hacer nada y tampoco ganaré nada enojándome. – Entonces sonrió como más naturalidad.
Me acercó un libro para que me entretuviera, porque no podía dormir con el dolor, luego regresó al sillón. Se veía cansado, pero no dormía. Después de un rato se volvió a sentar junto a la cama.
- Chris ¿Qué hora es?
- La una y cuarto – Dijo casi dormido.
- Es tarde… En la mañana le llamaré a Karla. Tengo que decirle que no iré a trabajar.
Chris me miró confundido.
- Ely… Hoy es martes – Dijo con un poco de cautela – Yo le llamé a Karla el domingo y le dije que estabas en el hospital. Vino a verte hace un rato y dos de tus compañeras vinieron en la tarde. Creen que te golpeó un auto.
Me sentía aún más confundida. Había estado inconsciente casi dos días y al parecer todos creyeron que no era vital decírmelo.
- Lo siento, había olvidado decirte. – Dijo al ver mi reacción – Miguel casi no ha dormido, tampoco yo. Alguien se tenía que quedar a cuidarte, así que yo lo hago en las noches, después de trabajar y él te vigila durante el día. Cuando no hay nadie se quedan las enfermeras; pero si algo raro pasaba era mejor que estuviera alguno de nosotros. Ahora, Miguel está durmiendo.
- Gracias. – Dije. Ahora sabía porque se veía tan cansado – Duerme ahora, te vez cansado. Dudo que mi cuerpo haga magia, está demasiado débil.
Hizo una débil sonrisa, luego regresó al sillón y se quedó dormido. Un rato después yo hice lo mismo.
Cuando desperté, Chris se había ido.
- Buenos días, corazón – Dijo una regordeta enfermera que se acercaba a la cama cargando una charola con algodones, gazas y varios líquidos. – ¿Cómo te sientes?
- Mejor que anoche – Contesté sonriendo.
- Me dijeron que anoche te alteraste un poco. No me sorprende que te haya dolido todo después de eso. – chasqueó la lengua con un tono de desaprobación. – Ahora te limpiaré esas heridas de nuevo y después traeré tu desayuno.
Comenzó a limpiarme la cara y varios otros raspones en los brazos. Después quitó la sábana de mis piernas; estas estaban llenas de moretones y raspones.
Terminó y después salió con su charola, perdiéndose de vista tras las cortinas. Me quedé leyendo el libro que Chris me había dado en la noche hasta que regresó la enfermera.
- Seguro tienes hambre – Dijo la enfermera, que ahora entraba con una charola con comida.
- Si, gracias. – En realidad no me había puesto a pensar en la comida hasta que la vi.
- Ya llamamos a Miguel para que venga a verte. – Dijo la enfermera. – Nos dijo que quería verte cuando despertaras. Él y tu amigo han pasado mucho tiempo aquí.
Sonreí mientras me las ingeniaba para tomar un trozo de gelatina con la mano izquierda.
Tardé mucho más de lo normal en comer, incluso varias enfermeras se ofrecieron a ayudarme, pero me negué. Cuando terminé de desayunar, llegó Miguel.
- Buenos días, Elaine ¿Cómo te sientes hoy?
- Mejor que anoche, sin duda.
- Me alegro. – Dijo, poniendo sus notas en una mesa – Ahora… te ayudaré a levantarte.
Hizo que me sentara en la cama y luego me intenté parar. Me dolía todo, pero mis piernas estaban bien, así que pude mantenerme en pie.
- Mindy – Dijo Miguel dirigiéndose a la enfermera regordeta - ¿Podrías traerme unas hojas que olvidé en la mesa?
Ella salió enseguida por detrás de las cortinas. Entonces Miguel comenzó a hablar con más tranquilidad.
- Hablé con la persona que te mencioné ayer – Dijo mientras me ayudaba a sentarme – Y me dijo que esta tarde traería algo que podría ayudarnos. Así que cuando llegue, te podrás ir.
- ¿Y sirve? – Pregunté.
- Pues… he usado varias de sus pociones y fueron útiles.
- ¿Y cuándo podré trabajar de nuevo? – Pregunté.
- Lo más probable es que para el próximo martes ya puedas moverte bien. Aunque tendrás que venir a que te quitemos el yeso.
- Bien, mientras pueda trabajar.
Sonrió. Un minuto después llegó la enfermera con los papeles. Miguel los tomó, le dio las gracias y se fue.
El día pasó bastante lento; no podía hacer nada más que quedarme en la cama releyendo el libro y hablando con las enfermeras cuando venían a ver como seguía.
Cerca de las cuatro de la tarde, regresó Miguel con un frasco lleno de un líquido verde.
- ¿Cómo sigues? – Dijo cerrando la cortina.
- Bien.
- Muy bien. Ahora… – Dijo mientras dejaba las notas en la mesa y levantaba el frasco – Esto de aquí… es lo que te va a curar. – Se quedó viendo la cosa que había dentro del frasco con una cara de asco – Tendrás que tomarlo todos los días de la semana.
- ¿Tomarlo? – Pregunté con asco.
- Sí. Todos los días. Si no lo tomas todos los días tardarás más en curarte.
- Bien. Entonces… ¿ya me puedo ir?
- No. Chris vendrá en un rato y te acompañará a casa.
- Creo poder llegar sola a mi casa. – Repliqué.
- Lo sé. – Contestó – No lo tomes a mal, pero sería mejor que alguien te acompañara.
- Ok – dije algo enojada – ¿Le puedes decir algo a Chris?
- Si... – Dijo algo asustado.
- Ya que va a venir por mí porque no soy capaz de ir sola a mí casa, entonces dile que por lo menos me traiga otra ropa. Mi vecina de enfrente tiene una llave. Hay unos pantalones y una playera manchada en el sillón y si toca otra cosa, lo voy a saber.
- Yo le digo – Dijo sin titubear y se perdió de mí vista de nuevo.
Me quedé ahí acostada hasta que un par de horas después, llegó Chris.
- Hola – Dijo mientras abría la cortina – Perdón por tardar, pero no vi el mensaje de Miguel hasta que llegué a casa.
Me dio la ropa y salió para dejar que me vistiera, pero cinco minutos después, tuvieron que entrar varias enfermeras a ayudarme. Salí un rato después y antes de irnos, Miguel me recordó que tomara la cosa verde y que me vería el martes para quitarme el yeso.
- Gracias – Dije cuando caminaba con Chris por la calle frente al hospital.
- Te lo debo – Dijo con la misma cara del día anterior.
- ¿Vas a lamentarte cada vez que te vea? Porque si es así, entonces creo que sí cambiaré de instructor.
- Ya no lo haré – Dijo lanzándome una mirada.
Caminamos un rato y poco después, Chris sugirió que tomáramos un taxi, pero me negué a seguir encerrada ahora que podía caminar por la ciudad. Llegamos a mi departamento media hora después. Chris se quedó un rato para ver si estaba bien y no se fue hasta que le recordé que ya no estaba en el hospital y no necesitaba que me cuidaran.
Cuando Chris se fue, me metí a bañar. No me había visto en un espejo desde que había despertado, así que al verme en el espejo del baño me asusté un poco. Tenía varios rasguños y una gran cortada con puntos en la sien del lado izquierdo. Me bañé con cuidado, porque por todos lados tenía cortadas y moretones, además no podía hacer mucho con el yeso. Después me fui a dormir.
A la mañana siguiente me levanté más tarde de lo normal porque no podía ir a trabajar. En cierto modo me agradaba no poder moverme, porque era una gran excusa para usar magia.
Me senté a leer el periódico en la barra de la cocina mientras mi desayuno se preparaba en la estufa. No había pasado la gran cosa en los últimos dos días, lo cual me alegraba mucho; así no habría razón para molestarme con Chris.
Después de desayunar comencé a limpiar el departamento. Era increíble ver cómo, con unos cuantos movimientos de las manos, comenzaban a moverse los trapos y se encendía la aspiradora.
El día se pasó mientras yo limpiaba el departamento. De pronto ya eran las tres de la tarde y el cielo se había nublado. Estaba harta de estar encerrada y acostada, así que salí a caminar al parque.
Estuve ahí unos veinte minutos antes de que comenzara a llover, entonces entré a una cafetería para comer algo y una hora después ya estaba de regreso al edificio.
Subí hasta el piso donde está mi departamento y me encontré con Juliana y Ricardo frente a mi puerta.
- Hola – Dije al verlos.
- ¡Hola! – Contestaron ellos.
- ¿Qué hacen aquí?
- Venimos a verte – Contestó Juliana.
Entramos al departamento y nos quedamos platicando unas horas. Casi a las siete de la tarde se fueron y volví a quedarme sola. Unos cinco minutos después, alguien tocó a mi puerta.
- ¿Chris? – Chris estaba parado frente a la puerta con una gran caja en las manos – ¿Qué haces aquí?
- Vi a Juliana y a tu otro compañero abajo – Dijo entrando al departamento.
- ¿Qué haces aquí? – Pregunté de nuevo.
- Te traje algo. – Contestó.
Puso la caja en la mesa “Ábrelo” – Dijo mirándome con una gran sonrisa en el rostro. Abrí la caja y me encontré con un camaleón en el fondo de esta.
- Se llama Ragmando – Dijo aun con su sonrisa.
- Ragmando el camaleón… – Dije sacándolo de la caja – ¿Por qué me trajiste un camaleón?
- No sé… te podría ser útil.
- Ehm... – Ragmando subía por mi brazo en ese momento – Gracias.
Tomó al animal de mi brazo y se sentó en el sillón.
- No lo dejes solo. – Dijo.
Chris se fue media hora después, y como yo ya no tenía nada que hacer, me tiré en la cama a dormir.
Al día siguiente me desperté muy temprano, aun no salía el sol y la vista era muy linda desde mi ventana, así que decidí ir a caminar por ahí. Me puse un suéter sobre la pijama y salí a la sala a buscar a Ragmando. Él estaba fuera de su caja y ésta estaba algo abollada. Me pareció extraño pero no le di mucha importancia. Tomé a Ragmando, lo puse en un bolsillo del suéter y salí del departamento.
Caminé hasta la librería en la que conocí a Chris. Esta ya estaba abierta, así que entré y me puse a buscar algo interesante.
Me acomodé entre unos estantes  y comencé a hojear libros. Un rato después sentí  que Ragmando se movía en mi suéter; metí mi mano en el bolsillo y lo saqué, pero un segundo después le comenzó a salir pelo y a ensancharse. Ahogué un grito y al intentar alejarme de lo que pasaba, me golpeé con un librero. Un minuto después había una chinchilla en el piso de la librería.
El animal se acurrucó junto al libro que acababa de tirar. Volteé a ver a ambos lados del pasillo para ver si alguien había visto lo que yo, pero no había nadie. No entendía que acababa de pasar y me parecía tonto pensar que enserio se acababa de convertir en una chinchilla.
Escuché que alguien venía, así que tomé al animal y lo metí bajo mi suéter antes de que la persona llegara.
- ¿Elaine? – Era Manuel, uno de los chicos que trabajan en la librería - ¿Qué haces aquí tan temprano?
- Leía – Dije, preguntándome si había visto a la chinchilla – No tenía sueño.
Se quedó viéndome un momento; seguro sospechaba algo.
- Escuché un golpe ¿Qué pasó?
- Emm… Me sorprendí con el libro… y me golpeé. – No dejó de mirarme – Creo que será mejor que me vaya.
Tomé mis cosas y me fui rápido, cuidando que la chinchilla no se saliera de mi bolsillo.
El cielo ya estaba claro cuando salí de la librería. Caminé unas cuadras, golpeándome contra las personas que iban a sus trabajos y finalmente llegué a mi edificio. Entré en mi departamento y dejé a la chinchilla en la caja, después tomé un trozo de papel y le mandé un mensaje a Chris, diciéndole lo que acababa de pasar.
Voy en seguida” – Contestó unos segundos después.
Cerré la caja y la metí en el baño. Luego me senté en el sillón a esperar. En menos de cinco minutos, Chris estaba frente a mi puerta.
- ¿Dónde está? – Dijo entrando al departamento, con pantalones de pijama, una sudadera y muy despeinado.
- Lo encerré en el baño.
- ¿En el baño? – Dijo preocupado –  ¿Quién eres? No lo encierres en el baño.
Fue hacia el baño y salió con la chinchilla entre las manos, consolándola.
- ¿Qué es eso? ¿De dónde lo sacaste? – Pregunté asustada.
- Es un camaleón – Contestó con toda la tranquilidad del mundo. – Lo compré en un rincón mágico en el barrio chino.
- ¡Es una chinchilla! – Dije enojada.
- Les decimos camaleones – Dijo con su tono tranquilizador – Cambian de forma cuando quieren o necesitan. También cambian de forma según lo que su dueño quiera o necesite.
- ¿Por qué no lo dijiste anoche? Se convirtió en chinchilla en una librería.
- ¿Qué hacías en una librería tan temprano? – Preguntó confundido.
- ¡Eso no importa! – Estaba aún más enojada.
Se quedó mirándome un momento y después dio un fuerte suspiro.
- Lo siento ¿sí? – Contestó frustrado – Me pareció que sería un lindo detalle traerte a una criatura que se puede convertir en lo que necesites ahora que tienes un brazo roto.
- Gracias – Dije sarcásticamente – Todo lo que quería era que un camaleón se convirtiera en chinchilla en un lugar público.
- ¡No se suponía que fueras a un lugar público! – Gritó - ¡Tienes un brazo roto!
- ¡Puedo caminar perfectamente!
- ¡Cálmate! – Dijo alterado e hizo una leve pausa – Tus vecinos duermen.
Me dieron aún más ganas de gritarle, pero tenía razón, mis vecinos dormían.
Me senté en el sillón y miré a Chris acariciando al animal. Él vaciló un minuto, pero después se sentó conmigo.
- Lo siento… Entiendo por qué te molestaste; pero no creí que esto pasaría.
- Dijiste que no lo dejara solo ¿No pensaste que esto podría pasar?
- Pues… Tal vez tú quisiste que se convirtiera en esto. Eres su dueña ahora.
Me quedé pensando y no recordé haber querido que Ragmando fuera otra cosa. Tomé al animal y lo acaricié.
Chris se levantó del sillón y dijo que se tenía que ir. “No lo dejes” – Dijo antes de salir.
Me quedé sentada con Ragmando en las piernas. Estuve acostada en el sofá un rato y luego me levanté a hacer algo para desayunar. Ragmando había recuperado su forma de camaleón y ahora se paseaba por la barra de la cocina.
Terminé de desayunar, me cambié de ropa y salí del departamento. Ragmando fue conmigo, pero me pareció que sería raro que llevara un camaleón en el hombro todo el día, así que, cuando entramos al elevador, Ragmando se convirtió en un perro y salimos a la ciudad.
No podía entrar con el animal al metro, así que decidí que caminaríamos hasta Central Park. Llegamos al parque y nos quedamos en el pasto, bajo un árbol. No quería estar encerrada, así que no nos movimos de ahí hasta las tres de la tarde.
Faltaba poco para que cambiaran de turno en la cafetería, así que me apresuré para poder ver a las chicas antes de que se fueran. Al llegar a la cafetería me encontré con Juliana y Laura frente a esta.
- ¡Elaine! – Gritó Juliana al ver que me acercaba.
- Hola – Dije sonriendo.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó Laura.
- Vine a saludar – Contesté.
Comenzamos a platicar frente a la cafetería y unos quince minutos después salió Ricardo acompañado por Karla.
- ¡Hola! – Gritó Ricardo al verme.
- ¿Qué haces aquí? – Añadió Karla con tono de preocupación, ignorando el entusiasmo de Ricardo. – Deberías estar reposando.
- ¿Y este perro? – Preguntó Ricardo, agachándose para acariciar a Ragmando.
- Ehm… Es de una amiga. A veces lo cuido.
- Es muy lindo – Contestó Laura.
Sonreí, pero no pude contestar porque Karla me obligó a regresar al departamento. Me despedí y me fui caminando de regreso a casa.
Cuando llegué, ya estaba atardeciendo. En cuanto entramos al departamento, Ragmando regresó a su forma de camaleón y comenzó a subir por la pata de una silla para estar a mi altura.
Me senté en un sillón y me quedé mirando la ventana. De pronto ya era de noche y recordé que se suponía que vería a Daniel al día siguiente. No me agradaba la idea de verlo con el brazo roto, así que lo llamé para decirle que no podía verlo el viernes. Preguntó por qué y le dije (al igual que a los demás) que me había golpeado un auto y que podría verlo el miércoles siguiente. Él accedió “A las seis en Bryant Park” y  entonces colgamos.
Estaba cansada, me había arrepentido de caminar en lugar de tomar el metro, pero era lo más seguro. Me levanté del sofá y me fui a dormir.
El fin de semana se pasó lento. Si bien podía hacer toda la magia que quisiera, era aburrido no tener nada más que hacer, y el hecho de no poder acercarme a la cafetería era algo horrible. Me daba miedo ir a la librería tan pronto, después del incidente de Ragmando y no podía hacer nada más que caminar por los alrededores del departamento.
Finalmente llegó el martes en la mañana. Por fin me quitarían el yeso y podría volver a trabajar. Chris había llegado temprano a mi departamento para acompañarme al hospital (porque no soy capaz de ir sola). No quería esperar más, así que no estuvo mucho tiempo en el departamento antes de que le rogara que nos fuéramos.
Acabábamos de entrar al hospital cuando nos encontramos con Miguel.
- Hola, muchachos – Dijo al vernos. – ¿Cómo sigues, Elaine?
- Bien como para que me quites el yeso.
- Ven, - Dijo sonriendo - veremos qué tal.
Entramos en un espacio desocupado y al correr las cortinas, Miguel comenzó a hablar como solía hacerlo.
- ¿Tomaste la cosa verde? – Preguntó.
- Sí.
- Esperemos que haya funcionado, entonces...
Tomó una cosa para cortar el yeso y un rato después mi brazo era libre. Me pidió que lo moviera y lo pude hacer sin ningún problema.
- Está perfecto – Dijo impresionado.
- ¿Si? – Pregunté emocionada – ¿Entonces puedo volver a trabajar?
- Sí, claro. – No se veía feliz en lo absoluto, sino pasmado, como si no esperara que mi brazo se curara – ¿Chris, podemos hablar? – Dijo después.
Ambos salieron entre las cortinas y se perdieron de vista. Una enfermera llegó un poco después y comenzó a preguntarme cosas sobre mi brazo y sobre las cortadas y moretones. Los dos últimos ya no me dolían, de hecho, casi no los notaba, más que en los momentos en que me veía en el espejo o me cambiaba de ropa.
Chris y Miguel llegaron unos minutos más tarde, y para mi sorpresa, ahora ambos tenían una sonrisa de suficiencia en el rostro.
- ¿Nos vamos, Elaine? – Preguntó Chris.
Me levanté sin preguntar nada y después de un rato en la recepción, nos fuimos.
- ¿Me dirás lo que te dijo? – Pregunté cuando habíamos regresado al departamento.
- ¿Qué cosa? – Preguntó extrañado.
- Pues… lo que haya sido.
- No fue nada – Contestó. Dicho esto, se apresuró a salir, y antes de cerrar la puerta me lanzó una sonrisa nerviosa.
No sabía qué pensar sobre lo que había pasado. Podría estar pensando de más y en realidad no había ningún problema, pero Chris no solía ser así.
El resto del día fue igual de tedioso que el fin de semana. Cuando regresamos del hospital ya era medio día y no tenía nada que hacer más que esperar a que oscureciera para poder dormir de nuevo.
El día siguiente fue otra historia. Desperté temprano y me arreglé para ir a la cafetería. Tomé mis cosas, metí a Ragmando en el bolsillo de la sudadera que tenía puesta y salí del edificio.
Llegué a la cafetería y saludé a todos como si no los hubiera visto en años. Estaban sorprendidos por lo rápido que había sanado mi brazo pero traté de no darle importancia a ese asunto. Entré a la cocina, me puse el delantal y antes de quitarme la sudadera metí a Ragmando por una de las bolsas delanteras de mi mochila.
Mi día fue mucho más interesante de lo que había sido toda mi semana; no pasó mucho, pero al menos ya podía hacer algo de provecho en lugar de sólo caminar o estar encerrada en el departamento todo el día. Incluso atender a la gente grosera era algo bueno.
Estuve yendo más veces de las necesarias a la cocina, para ver como seguía Ragmando, y cuando hubo terminado mi turno lo saqué y lo puse en mi hombro. Me parecía raro y me daba miedo que alguien lo tocara y cambiara de forma, pero hacía demasiado calor como para ponerme la sudadera. Después de convencerme de que no pasaría nada, regresé a casa.
Llegué al departamento poco antes de que tuviera que ver a Daniel. Me cambié de ropa y dejé a Ragmando en la cocina. Pensé en llevarlo, pero me daba miedo que pasara lo mismo de la librería, así que lo dejé en la caja y me dirigí a Bryant Park.
Era complicado encontrar a alguien en específico en el parque, pero un rato después de haber estado caminando por ahí, lo vi sentado en una mesita.
- Hola – Dije al llegar junto a él.
- ¡Tu rostro! – Gritó al verme y se levantó. – ¡Dijiste que solo había sido tu brazo!
- Hola – Repetí, esperando cambiar de tema, pero solo siguió mirándome con los ojos bien abiertos. Al ver que no dejaba de mirarme, tuve que hablar del tema – No está tan mal, son solo unos rasguños. No los mires.
Hizo una mueca. Creo que se había dado cuenta de que trataba de evitar el tema y que me sentía incómoda.
- Lo siento. Te ves bien. – Dijo, forzando una sonrisa.
Me senté y comenzamos a hablar, pero una hora después comenzaron a llegar nubes oscuras y a sonar truenos. El viento estaba muy fuerte, así que decidimos entrar en un restaurante.
Ya dentro de este, Daniel sacó unas fotografías de sus pinturas y me las mostró. Las estuve mirando en lo que llegaba la camarera, eran lindas, pero una llamó mi atención.
- ¿Tú pintaste esto? – Pregunté acercándole una de las imágenes. Era el rincón mágico al que había ido con Chris.
- Sí – Dijo algo nervioso.
- ¿Has estado ahí? – Pregunté.
- Sí – Afirmó más seguro.
- ¿Eres… mago? – Dije bajando la voz.
- Sí – Comenzaba a desesperarme que no dijera otra cosa.
- ¿Hace cuánto?
Hizo una sonrisa extraña y volteó a ver alrededor.
- Algunos años – Dijo aun con su sonrisa.
Comenzó a preguntar más cosas sobre lo que podía hacer y lo que no. Parecía más interesado que en toda la tarde. No me daban muchas ganas de hablar de eso, ya que había unas personas en una mesa del restaurante que nos miraban, pero a él no parecía importarle.
- Te entrena alguien ¿no? – Preguntó.
- Sí.
- ¿Quién es?
Iba a contestar eso último, cuando sonó un fuerte ruido y explotó la ventana. Caí al piso y al levantar la cabeza, vi que todos en la cafetería estaban inconscientes.
- ¡Ely! – Chris estaba entrando por la puerta del lugar – Ven, tenemos que irnos. – Tomó mi mano y me levantó de un tirón.
- Tenemos que ayudarlos – Contesté soltándolo.
- No, tenemos que irnos – Dijo tajante – Te explico luego.
Me jaló y me sacó del restaurante. Al salir pude ver que todo se había detenido (Menos la lluvia, que caía fuertemente), pero aun así, Chris miraba a todos lados, buscando movimiento. Entramos a un callejón y luego de un jalón aparecimos en una calle diferente, y ahora había ruido.
- ¿Dónde estamos? – Pregunté.
- En West Village
- ¿Por qué?
- No podemos llegar al departamento, nos podrían ver. Seguro hay más personas con él…
- No entiendo.
- Te explico cuando lleguemos.
Caminamos un rato. Chris estaba muy nervioso y miraba hacia atrás a cada rato. Finalmente llegamos frente a mi departamento, pero Chris siguió caminando.
- ¿A dónde vamos? Ya pasamos mi departamento.
- Ya sé. No vamos a tu departamento.
Dimos la vuelta dos edificios más allá y entramos por la puerta. Subimos unas escaleras y mientras nos acercábamos al primer piso se comenzaron a escuchar voces. Entramos por la única puerta del lugar y del otro lado nos encontramos con una habitación repleta de objetos extraños. Parecía la sala de un departamento, pero tenía objetos moviéndose por todos lados, el piso estaba cubierto por libros y había mapas de las estrellas en las mesas. Un grupo de personas apareció una vez que Chris cerró la puerta.
- ¿Están bien? – Dijo una chica con largo cabello enmarañado y ropa gastada - ¿Alguien los siguió?
- No, estamos bien. – Contestó Chris.
- ¿De qué hablan? ¿Qué pasó? – Pregunté alterada.
Todos se quedaron callados y mirándome por un momento.
- Ely… te presentaré a todos – Chris parecía nervioso y se le cortaba la voz – Ella – Dijo señalando a la chica del cabello enmarañado – Es Iris – Ella sonrió y saludó con la mano. – Él es Bill – Un chico de cabello enmarañado y un suéter roto estrechó mi mano con entusiasmo – Él… – Ahora señalaba a un chico con una barba oscura y ojos cansados – Es Lucas…
- Un… – Comenzó a decir el chico de inmediato.
- Hay varias otras personas – Continuó Chris ignorando el comentario de Lucas –  pero creo que ya las conoces. – En ese momento se abrió la puerta y entró un enorme perro ladrando y jalando a alguien.
- ¡Sigo sin entender por qué soy yo la que tiene que ir por el animal! ¡Yo les dije que la muchacha era terca! ¿No le dije a Chris que ella no iría por todos lados con el camaleón? – Era Karla. Al darse cuenta que estábamos ahí, se quedó congelada y dejó de gritar.
- ¿Karla? – Pregunté sorprendida. En ese momento estaba muy confundida. El perro se lanzó sobre mí y comenzó a lamerme. Después se convirtió en camaleón – ¿Qué haces aquí?
- Creí que tardarían más – Dijo con una voz aguda.
- ¿Tú también haces magia? – No sabía si estaba molesta o impresionada. Karla lo dudó un minuto, pero después asintió con la cabeza – ¿Y qué hacen aquí? ¿Cómo se conocieron? ¡Tú! – Grité señalando a Chris. – ¿Qué pasa? ¡Dijiste que me explicarías al llegar aquí! 
- Mira… Tal vez no fui del todo honesto contigo. – Dijo. Estaba molesta, pero no dije nada – En realidad los magos… – Continuó – nacen con magia. Nadie suele obtener su magia de un día para otro. Salvo tú.
- Creí que ya se lo habías dicho – Dijo Bill – Dijiste que estabas progresando bastante.
- ¿Entonces no puedo hacer magia? – Pregunté confundida y molesta.
- Si puedes – Dijo Bill antes de que Chris contestara – De eso se trata todo el asunto. Por eso estás aquí. Por eso intentaron atacarte en el restaurante.
- ¡Nadie intentó atacarme en el restaurante! – Grité.
- Iban a hacerlo ¿Dónde conociste a ese tipo? – Preguntó Chris.
- ¿Qué tiene que ver él con esto?
- Hay personas detrás de ti.
- ¿Por qué habría personas detrás de mí? ¡Ustedes también hacen magia! ¿Y por qué él estaría detrás de mí si también es mago?
- ¡Esto es como hablar con una puerta! – Dijo Bill fastidiado y fue hacia una de las pilas de libros que había en el suelo. – Toma – Dijo una vez que había regresado, alargándome un libro.
Era un libro viejo, grueso y desgastado, se parecía al que Chris estaba leyendo en el bosque la primera vez que fuimos. Había varias páginas marcadas y notas hechas con pluma en algunas otras.
- Hay una página doblada – Dijo Lucas un segundo después. – Léela.
Hice lo que me pidió y me encontré con una página manchada, doblada y con bordes desgastados. No había título o alguna imagen, pero había un texto subrayado con tinta negra.
“… Habrá una persona que podrá terminar con las batallas, una persona que no pertenecerá al mundo mágico hasta poco antes que se necesite. Vendrá de una vida oscura y sin magia, y aun así, esta persona será capaz de luchar sola para terminar con las batallas que desde ahora se viven en nuestro mundo. Pero tendrá algo que le ayudará y al mismo tiempo irá en su contra: Un poder que solo esta persona posee y que el ser humano banal querrá poseer…”
- ¿Qué es esto? – Pregunté confundida. – No me explica nada ¿Qué tiene que ver Daniel con eso?
- Esa persona eres tú – Dijo Karla con su voz calmada pero potente. – ¡Y! – Alzó la voz al ver que abría la boca – El chico con el que saliste intentaba saber si de hecho eres tú y cuánto has avanzado. Ya te explicaron qué hay personas que quieren tu poder, y salir con ellos y hacerles saber que no sabes defenderte no juega mucho a tu favor.
- No soy esta persona – Dije tajante – No seré esa persona. Seguro hay alguien más que haya conseguido su magia después de un tiempo.
- No. Créeme. – Contestó Bill – Muchos magos te estuvieron buscando en todo el mundo y ninguno encontró a alguien con tus características.
- ¡Pues no seré yo! – Grité. Había comenzado a temblar y tenía ganas de vomitar – No sé qué esperaban que dijera, pero no pienso pelear con nadie ¡Es más! La única vez que peleé con alguien, terminé en el hospital, y fue con uno de ustedes – Miré a Chris y noté que estaba pálido – No pienso hacerlo de nuevo.
- Tienes que – Dijo Lucas – Está escrito.
- ¡Y qué si está escrito! ¡Hay muchas cosas que están escritas y no son ciertas!
- Tú tienes el poder – Dijo Bill.
- ¡No tengo ningún poder!
- Pues… – Interrumpió Chris – Creemos que tal vez tú sanas más rápido de lo normal.
- No sano más rápido de lo normal ¡Fue la cosa verde! – Grité desesperada.
- La cosa verde no te hizo nada – Dijo Karla – Eso fue solo un distractor. A mí no me gustó la idea, pero Miguel creyó que sería bueno intentarlo.
- ¿Miguel sabe? – Pregunté más confundida y vi como Chris asentía con la cabeza.
Todos se veían muy calmados a pesar de que yo gritaba cada vez más alto; eso me estaba desesperando, sólo quería salir. Me di la vuelta y fui hacia la puerta, pero estaba cerrada.
- Déjenme salir.
- No vas a salir, no es seguro – Dijo Karla.
- ¿Y cómo se supone que voy a llegar a mi departamento? – Pregunté desesperada.
- Aparecerás allí – Dijo Iris con tranquilidad. La chica no había hablado durante toda la discusión – Ve con Chris.
Creo que no se había dado cuenta de lo que habíamos estado hablando, pero todos le dieron la razón. Chris me extendió la mano para que apareciéramos juntos en el departamento. Dudé en hacerlo, pero prefería eso a estar con la bola de magos que había ahí. Tomé su mano de mala gana y un segundo después estábamos en mi departamento. Solté su mano y le dije que se podía ir, pero no se movió.
- Te iba a decir el día que fuimos al parque. – Dijo con la voz entrecortada.
- ¿Y por qué no lo hiciste? – Pregunté molesta. En realidad no me interesaba saberlo.
- Porque me daba miedo saber cómo reaccionarías – Dijo alzando la voz – Cuando mencioné que había olvidado decirte algo, te alteraste mucho.
- ¿Entonces esto es mejor? ¿Hacer explotar un restaurante, detener el tiempo, meterme a un departamento con un montón de locos y luego decirme que tengo que pelear contra no sé qué y que tengo un supuesto poder? – Chris volvía a ponerse pálido – Sí, esto no me altera para nada ¿Cómo no reaccioné mejor?
Chris iba a contestar algo, pero lo interrumpí y le repetí que se fuera. Él siguió sin moverse. Hubo silencio por un momento y de nuevo sentí ese dolor de cuerpo que había tenido en el hospital después de gritarle a Miguel.
- Necesito enseñarte a defenderte – Dijo Chris, finalmente – Después puedes no volver a hablarme – Continuó al ver que me apresuraba a contestar – Pero ahora te tengo que enseñar a defenderte, ya hay personas detrás de ti.
Enserio no tenía ganas de estar con él, pero no me agradaba la idea de ser atacada o algo parecido, así que acepté.
- Te veré aquí después del trabajo – Hizo una pausa – Irás al trabajo ¿no?
- Sí, claro. A menos que Karla me haya despedido – No había pensado en esa posibilidad, pero Karla era mi jefa y le había gritado – No me despidió ¿verdad? – Pregunté preocupada.
- Claro que no. Karla te ama – Dijo intentando sonreír.
- Si me ama tanto ¿Por qué no me dijo que podía hacer magia? – La pequeña sonrisa de Chris se había ido de nuevo.
- Porque le pedimos que no te lo dijera. No sabíamos si actuarías diferente sabiéndolo.
Esperé un momento antes de contestar.
- Deben dejar de suponer cosas sobre mí. – Chris no contestó nada – Ahora vete.
Salió por la puerta y me quedé sola. Me sentía extraña y todo estaba muy callado, no se comparaba a lo que había vivido en las últimas horas. Estuve acostada en la cama unas horas sin poder dormir, solo pensaba en lo que había pasado.
A la mañana siguiente me sentía muy cansada, pero tenía que ir a trabajar. Me cambié de ropa, tomé a Ragmando de la sala (En la noche se había quedado ahí, después de la pelea con Chris) y me fui a trabajar. Al salir del edificio, me encontré con Bill.
- ¡Buenos días! – Dijo al verme, sonriendo como si nada.
- ¿Qué haces aquí? – Pregunté confundida.
- Te acompañaré al trabajo – Dijo alegre. – No es buena idea que andes por ahí sola.
Estaba cansada de pelear, así que no dije nada y comencé a caminar hacia la estación del metro con Bill a un lado. En el camino todos nos miraban extraño; Bill tenía pinta de vago, pero parecía no notarlo.
- Ten un lindo día – Dijo al dejarme frente a la cafetería.
Me limité a sonreír. Bill era agradable, pero no podía olvidar lo de la noche anterior.
Entré a la cafetería, saludé a todos y comencé a trabajar. Todo estuvo muy tranquilo hasta que me topé con Karla en el mostrador. No quería darle la razón a Chris y actuar diferente frente a Karla, así que me tragué mi orgullo y actué como de costumbre. Al parecer, ella había pensado lo mismo, porque tampoco actuó diferente. El día siguió bien, aunque intentaba no toparme con ella (jamás me ha gustado este asunto de la hipocresía).
Unas horas después Ragmando ya estaba en mi hombro listo para salir de la cafetería cuando Karla se me acercó – “Iris te acompañará” – Dijo en voz baja y me miró un momento. Luego regresó a trabajar. Al salir de la cafetería me encontré con Iris recargada en una pared, mirando a la gente que pasaba.
- ¡Hola! – Dijo alegremente al verme. – ¿Qué tal tu día?
- Normal – Me limité a contestar.
Me miró un momento y después sonrió.
- Comamos algo. Yo invito.
- Chris me espera. – Contesté confundida.
- Lo sé, pero…  – Hizo una mueca – ¿No tienes hambre?
Comenzó a caminar y yo la seguí. Entramos a una pizzería más delante y nos sentamos en una mesa. Iris miraba a todos lados, distraída.
- ¿Y cuál es tú color favorito? – Preguntó cuándo hubo terminado de analizar el lugar.
- ¿Qué? – No daba crédito a mis oídos. Había cosas más importantes de las que podría haber preguntado y decidió preguntar eso.
- Tu color favorito – Contestó como si nada.
- Ehm… No lo sé… ¿Verde? – Contesté confundida.
- El verde es lindo. – Contestó.
- Sí.
Ordenamos algo y mientras esperábamos, Iris volvió a preguntar cosas como la primera: “¿Cuál es tu dulce favorito?”, “¿Te gusta la lluvia?”, “¿Ragmando come pizza?” Era extraño. Sentí que intentaba evitar el tema de la noche anterior.
- Lo siento – Dijo antes de que mencionara algo – Te hago sentir incómoda.
- No – Mentí – Pero siento que intentas ignorar el tema de anoche.
- ¿Prefieres hablar de eso? – Preguntó tranquila – Bien ¿Cómo te sientes al respecto?
- Ehm…  – Me sorprendió que preguntara eso tan tranquilamente, pero luego recordé como me sentía – Mal.
- ¿Por qué?
- ¡Porque me estuvieron mintiendo por casi tres semanas! – Dije desesperada – ¿Cómo más me sentiría?
- Tal vez lo hicieron para protegerte ¿No pensaste en esa posibilidad?
- No.
- Pues deberías. – Dijo muy tranquila – Hasta donde yo sé, ambos lo hicieron para protegerte.
- ¿Y mentirme cómo me protege?
- Deberías preguntárselo a ellos.
Me alegró que llegara la comida, porque así tendría otra cosa que hacer en lugar de hablar. Iris tampoco habló mientras comimos.
Hora y media después, salimos del restaurante y regresamos a mi departamento.
- ¡Chris! – Gritó Iris. Habíamos llegado frente a mi departamento y Chris estaba sentado junto a la puerta.
- ¡Chicas, hola! – Dijo levantándose. – Por fin llegan.
- Lo siento – Contestó Iris – Paramos a comer algo.
- No te preocupes – Dijo sonriendo.
- Bien, los dejaré porque ya les quité mucho tiempo – Dijo Iris y salió por el pasillo.
Nos quedamos solos y se sintió muy incómodo. Entramos al departamento para dejar a Ragmando y nos fuimos al bosque.
- ¿Sabes? – Dijo Chris mientras caminábamos hacía el claro – En algún momento de la tarde tendrás que hablarme.
No contesté nada y seguimos caminando. Llegamos al lugar de siempre y antes de que Chris comenzara a explicar algo, hablé.
- ¿Por qué lo hacen? – Pregunté sin mirarlo.
Chris se quedó callado un momento y luego de un suspiro comenzó a hablar.
- Pues – Comenzó a decir tranquilo – En nuestro mundo hay esta… prohibición a la magia. Fue hecha por un grupo de personas que quieren tener todo el poder del mundo (Como muchos en tu mundo). La ha habido desde que tenemos memoria y crecimos escuchando esta historia sobre ti; que de algún modo nos hacía sentir con la posibilidad de ser… libres. Pero llega este momento en el que piensas que… alguien que creció sin magia y sin nada no va a lograr gran cosa. Muchos magos se comenzaron a mudar a las ciudades para poder hacer magia, porque aquí no nos tocan, sería tonto para ellos dejar que todo el mundo los viera hacer magia. Lucas fue el primero en comenzar a buscarte y nos fuimos uniendo a él...  – Se detuvo un momento para mirarme. Nunca lo había visto con una expresión tan triste. – Estuvimos varios años buscándote – Continuó – Y finalmente te encontramos, hace poco más de un mes. Y te comencé a entrenar hace unas semanas, (aunque no he sido el mejor entrenador del mundo), pero Iris… – Hizo una pequeña sonrisa – Dijo que yo te tenía que entrenar. Sé que parece algo loca – Dijo al ver una expresión de sorpresa en mi cara – Pero es la persona más sabia que conozco. Ella… observa… y sabe cuándo hablar, y sobre todo… sabe cuándo no hacerlo. Es por eso que cuando habla le hacemos caso. Y es por eso que, quieras o no, te vamos a ayudar en lo que sea y lucharemos junto a ti.
- Pero – Interrumpí – En el libro dice… que lucharía sola.
- No tienes que luchar sola si no lo estás – Contestó.
Me quedé callada después de eso.
- Aunque estoy seguro que podrías lograrlo aun estando sola – Añadió.
- ¿Por qué? No he sido la mejor alumna del mundo.
- Porque sigues aquí – Dijo sonriendo – Cualquiera se hubiera ido después de conocerme.
Volví a quedarme callada y entonces Chris volvió a avanzar para que comenzáramos.
- Esperemos que lo hagas tan bien como la primera vez – Dijo Sonriendo.
- Esperemos que no lo hagas tan mal como la primera vez – Contesté.
Me explicó cómo defenderme y después me atacó. Pude defenderme perfectamente, pero estaba segura de que ahora estaba siendo menos agresivo. Después me enseñó a atacar; había querido atacarlo toda la mañana, pero ahora no estaba molesta, así que solo hice lo que me pidió. Estuvimos lanzando y esquivando rayos  en el claro hasta que se metió el sol. Mientras nos quedábamos sin luz, comenzaron a llegar unas nubes oscuras y pude ver que a lo lejos se teñían de un color rojo. Más allá había una ciudad.
- ¿Qué ciudad hay allá? – Pregunté una vez que hubimos terminado.
- ¿Qué? ¡Ah sí! – Parecía que a Chris le había impresionado que preguntara eso – Ehm… no es una ciudad, es un pueblo. – Hubo una ligera mueca en su rostro, casi imperceptible. – Ahí creí. – Dijo con tranquilidad.
No sabía si debía decir algo, así que solo esperé.
- ¿Recuerdas que te dije que los magos comenzaron a mudarse a las ciudades? – Preguntó sin dejar de ver el reflejo naranja en el cielo. – Pues… Yo escapé. Mi familia estaba convencida de que no podíamos vivir mejor de lo que estábamos y eso me frustró, así que una noche salí por la ventana del baño y comencé a caminar… Llegué a esta colina y armé un lugar para dormir en ese hueco sin árboles en el bosque. – Volteó a verme e intentó sonreír – Así conocí este lugar… supongo que ya no tenía sentido decir que me habían entrenado aquí.
- No lo estás tomando tan bien como aparentas – Dije cuando volvió a guardar silencio. Ahora no intentó sonreír, sus ojos se veían cristalinos; tal vez jamás había hablado de eso con nadie.
Le tomé la mano y en seguida sentí como la apretaba. Estuvimos viendo el cielo otro rato, antes de que decidiera que era hora de regresar.
Aparecimos en mi departamento y la luz se encendió enseguida. No habíamos dicho nada en un buen rato y tampoco nos podíamos ver, así que estar ahí fue muy extraño.
- Entonces… – Dijo cuándo se tornaba incómodo el asunto – Me seguirás hablando ¿no?
- Sí, claro – Contesté.
- ¿Y qué hay de Karla y los demás? – Preguntó
- Me encantaría hablar con ellos ¿Están en tu departamento?
Miró un reloj que había en la pared de la cocina. Eran casi las diez de la noche.
- Sí, ahí deben estar.
Tomé a Ragmando, que estaba enroscado sobre la mesa y aparecimos frente a la puerta del departamento de Chris. Cuando abrió la puerta, el grupo de magos que había sentado alrededor de la mesa nos volteó a ver
- ¡Hola! – Dijo Iris al vernos.
- Hola – Contestó Chris, cerrando la puerta detrás de él.
Todos nos veían con sorpresa, menos Iris, que sonreía risueñamente.
- Elaine quiere hablar con ustedes. – Dijo Chris con un tono fuerte.
Todos voltearon a verme y por un instante olvidé lo que quería decirles, incluso comencé a balbucear.
- Yo… – Dije mirándolos a todos – Ehm… Lo siento. Lamento haberles gritado anoche. Después de todo lo que han hecho para encontrarme…
- No debes disculparte – Interrumpió Lucas – Entendemos por qué te molestaste tanto. No esperábamos que reaccionaras de la mejor manera de todos modos.
- Sinceramente creímos que tardarías más tiempo en asimilarlo. – Añadió Bill.
- Entonces… ¿Estamos bien?
- Sí, claro – Dijeron Bill y Lucas al mismo tiempo.
- ¿Karla? – Pregunté, volteando a verla.
- Claro… – Dijo con una voz tranquila.
- ¿Te quedas a cenar, Elaine? – Preguntó Iris.
- Me gustaría descansar un poco – Contesté. – Tal vez otro día.
Salí del departamento y un segundo después, estaba en el mío. Entré a la habitación, dejé a Ragmando en una almohada y me tiré a dormir.
Cuando desperté a la mañana siguiente, había un enorme perro peludo a mi lado. Lo dejé dormir otro rato y me metí a bañar, después comí algo, puse a Ragmando (que había regresado a ser Camaleón) en mi hombro y me fui a trabajar. Esta vez, al salir del edificio, me encontré con Lucas.
- Hola. – Dije al llegar con él.
- ¿Cómo amaneciste? – Preguntó mientras comenzábamos a caminar.
- Bien, gracias.
Caminábamos hasta el metro y mientras nos apretujábamos entre la gente recordé algo que quería hablar con él.
- Ayer que hablé con Chris… – Comencé – Me habló de todo lo que han hecho y me dijo que tú fuiste el primero en comenzar a buscarme.
- Si – Contestó sin darle mucha importancia.
- ¿Y tú familia te apoyó? – Quería saber si habría sido la misma historia con él.
- Mi hermana – Dijo con una sonrisa – Era lo único a lo que podía considerar familia.
- ¿Tú hermana?
- Iris – Dijo mirándome y esperó un momento antes de seguir hablando. – Es sabia. Chris solía decirle lo admirable que era y eso me molestaba, pero después me di cuenta de lo mucho que merecía que alguien le dijera eso, ya que mis padres jamás lo hicieron. – Sonrió – Supongo que eso la ayudó a ser la persona que es ahora. El hecho de que ella, siendo tan sabia, quisiera acompañarme me hizo sentir capaz de encontrarte.
- ¿Todos dejaron a sus familias? – Pregunté.
- Ehm… – Pensó, algo serio – Supongo que sí… En realidad jamás hablamos de eso. Sé que todos tienen sus razones de estar aquí, pero jamás le dimos importancia. Nos consideramos una familia… es por eso que intentamos cenar juntos y todo eso. – Hizo una mueca – Fue idea de Iris – Aclaró.
Llegamos a la estación y bajamos. Casi cuando llegábamos frente a la cafetería, Lucas volvió a hablar.
- Deberías venir algún día a cenar – Dijo – Karla te quiere mucho y estoy seguro que Chris también. – Sonrió.
Me despedí y entré a la cafetería. Las chicas estaban limpiando la barra y preparando comida en la cocina. Dejé mis cosas y metí a Ragmando en la mochila como de costumbre, luego comencé a trabajar. Con Karla estaba todo mejor, así que el día estuvo menos extraño. El ambiente era muy diferente ahí; era como si fuera una vida diferente dentro de la cafetería.
Al salir de ahí en la tarde, me encontré con Chris, que me esperaba junto a la cafetería.
- Hola – Saludó cuando me acerqué.
- Hola – Contesté. – Karla no me dijo que vendrías.
- Creímos que supondrías que alguien te acompañaría.
- No lo pensé.
Comenzamos a caminar hacia la estación del metro y mientras nos acercábamos, comenzaron a sonar los truenos y a llegar nubes.
- Creo que deberíamos entrenar todos los días – Dijo Chris de pronto – Comenzando hoy.
- Sí – Contesté sin mucho ánimo. – Claro.
- ¿Segura? – Preguntó mirándome – No pareces convencida.
- Dime ¿Tengo opción?
No contestó, pero se puso tenso. Fuimos a mi departamento y esta vez, en lugar de dejar a Ragmando, decidí que lo llevaría, así que solo dejé mis cosas y partimos al bosque. Unos minutos después, ya estábamos en el claro, preparados para atacar, mientras que Ragmando correteaba ente los árboles.
Chris me lanzó algo que me hizo salir volando; al levantarme, vi su cara de alivio y aproveché ese momento (en que había cerrado los ojos) para atacarlo, y por primera vez, pude derribarlo. Sin duda estaba mejorando, pero aun no podría luchar contra nadie.
Pasaron las horas sin que progresara mucho. Tenía moretones nuevos en los brazos y algunos cortes en la cara, por las veces que no me había logrado defender o proteger.
- ¿Estás bien? – Preguntó Chris, sentándose a mi lado en el pasto una vez que terminamos.
- Sí. – Dije haciendo una mueca de dolor – De todos modos me dejará de doler mañana o algo así.
- Intenté atacarte como lo habrían hecho. – Dijo revisando uno de los cortes en mi rostro.
- Entiendo – Contesté.
Me recosté sobre mi espalda y me quedé mirando el cielo, pensando en qué pasaría en un mes, una semana, o tal vez un día ¿Quién me estaba buscando? ¿Lo que querían era matarme? Las estrellas comenzaron a ponerse borrosas y finalmente me quedé dormida.
- Ely… ¡Ely! – Abrí los ojos y vi a un borroso Chris zarandeándome.
- ¿Qué pasó? – Pregunté mientras me incorporaba.
- Hace rato que intento despertarte – Contestó. – ¿Estás bien?
- Sí, perdón.
Me ayudó a levantarme y cuando dejé de ver borroso tomé a Ragmando y aparecimos frente al departamento comunitario de Chris.
- Te quedas a cenar ¿no? – Preguntó mientras abría la puerta.
El ambiente en el departamento era muy diferente al del día anterior. Todos estaban caminando por el lugar moviendo cosas y había un increíble aroma en el aire.
- ¡Hola! – Gritó Bill, detrás de la barra.
- Cabe alguien más  ¿no? – Gritó Chris al aire.
- Sí, claro – Contestó Lucas, haciendo que se acercara otra silla a la mesa.
Entramos y nos unimos al alboroto. Chris se acercó a la cocina y comenzó a revolver en las cazuelas, mientras que yo ayudaba a Lucas a poner la mesa. Un rato después se acercaron los demás, pusieron las ollas con comida en la mesa y se sentaron.
Comenzaron a hablar de sus días mientras se pasaban los platos con comida. Era una imagen bastante única. No hablaban de cosas que uno escucharía en una comida familiar, sino de personas de las que sospechaban y otras que habían convencido de que yo realmente existía. Iris hablaba de personas extrañas con las que había hablado en una tienda y Karla de cosas que había visto en la cafetería.
Cuando ya todos tenían comida en sus platos, se abrió la puerta y entró Miguel.
- Lo siento, hubo una emergencia en el hospital. – Dijo, dejando un impermeable mojado en una silla. – ¡Elaine! ¡Que sorpresa! – Se sentó en una silla junto a mí me miró el rostro –  ¿Y estos rasguños?
Todos se callaron por un momento, dejando solo el sonido de los cubiertos contra los platos.
- Estuvimos entrenando hoy y aun no soy muy buena defendiéndome – Contesté.
- ¿Entrenaron? – Preguntó molesto, mirando a Chris por detrás de mi hombro – ¡Te dije que tenía que reposar un tiempo!
- ¡No puede reposar un tiempo! – Contestó él, detrás de mí – ¡Hay gente detrás de ella y apenas puede defenderse!
- ¡Sabría hacerlo si no la hubieras dejado inconsciente la primera vez! – Dijo Miguel, exasperado.
- ¡Si no fuera por eso, no sabríamos que tiene un poder de sanación! – Gritó.
- No pienses que lo que hiciste fue algo bueno. – Dijo Miguel apuntándolo.
- ¡Al menos hice algo!
- ¡Ni siquiera creías que ese fuera el poder que menciona el libro!
- ¿Qué? – Interrumpí, alterada. – ¿Por qué?
Ambos dejaron de gritarse y el ruido de los cubiertos también dejó de sonar.
- Mira… – Comenzó Chris – Es que… he estado pensando que tú puedes hacer algo más que solo sanar. Estoy seguro de que tienes un poder aún mejor. Algo que te ayudará.
Me quedé callada, mirándolo. El ruido regresó a la mesa y entones desviamos la mirada y seguimos comiendo.  Cuando por fin terminamos de comer, Karla le lanzó una mirada a Chris y Miguel, y estos, en seguida, levantaron los platos que había en la mesa y fueron al fregadero a lavarlos. No usaban magia, pero a nadie le llamó la atención aquello.
Entre Iris y yo recogimos la mesa y limpiamos un poco. Cuando terminamos, Lucas se ofreció a acompañarme a mi departamento, ya que Chris seguía con los platos.
- Lamento que te haya tocado escuchar una de sus peleas – Dijo después de aparecer en el departamento. – Jamás dije que fuéramos una familia perfecta.
- Lo son. – Afirmé con una sonrisa – Todo el mundo pelea… no es lindo admitirlo, pero así es.
- ¿Regresarás después de eso? – Preguntó.
- ¡Claro! Es muy difícil encontrar a personas tan únicas como ustedes.
- Bien – Contestó sonriendo. – Descansa.
Salió del departamento con una sonrisa en el rostro. Me quedé sola, pensando en lo que había dicho Chris en la cena. Me daba miedo… ¿A caso no era suficiente lo que ya podía hacer? Me quedé dormida mientras pensaba en cualquier cosa que pudiera adquirir.
A la mañana siguiente, una vez arreglada y con Ragmando en el hombro, me apresuré a salir del departamento para ver quien me acompañaría a la cafetería ese día. Para mi sorpresa, no tuve que llegar a la entrada del edificio para averiguarlo, porque me encontré con Chris dormido frente a mi puerta.
Él se despertó al escuchar el sonido de la puerta abriéndose y se levantó.
- Buenos días – Dijo frotándose los ojos.
- ¿Qué haces aquí? – Pregunté preocupada.
- Lamento lo de anoche – Dijo sin mucho detalle.
- No pasó nada – Contesté con alivio – Además, Lucas se disculpó por ustedes.
- Lo sé, nos lo dijo.
- Pues estamos bien.
Sonrió y se quitó de en medio para que pudiera salir por la puerta. Bajamos y al salir del edificio vimos que seguía nublado. Entramos en el metro y pregunté sobre lo que había dicho en la noche.
- ¿Enserio crees que puedo hacer otra cosa además de sanar? – Él se frotó la cara, como si le pesara esa pregunta.
- No se supone que te enteraras de eso – Contestó.
- ¿Por qué? - Pregunté.
- Porque no quiero que te presiones ¿sí? – Dijo con un tono tranquilo – Lo que sabes hacer ya es muy bueno. Yo solo… estoy convencido de que podrías hacer algo más. Creo ciegamente en ti.
Que dijera eso me hizo sentir un arrebato de felicidad y cariño por él. La gente no solía siquiera confiar en lo que yo decía, porque creían que no sabía lo suficiente; y ahí estaba él, creyendo ciegamente en que podría hacer una magia aún más poderosa y complicada.
- Nos vemos en la tarde – Dijo antes de alejarse de la cafetería.
Saludé a Laura, que estaba limpiando el piso cerca de la puerta y después fui a la cocina. El día estuvo bastante ajetreado ya que la gente buscaba un lugar para cubrirse de la lluvia y comer algo.
Cerca de las tres de la tarde Karla se encontraba preparando una sopa, mientras yo ayudaba a Ricardo a arreglar unos platos. Cuando él salió de la cocina, Karla me pidió que le pasara una receta de “El cajón”.
“El cajón” es el lugar donde Karla guarda todas sus recetas, y ninguno de nosotros jamás lo había abierto porque ella nos había dicho que no lo tocáramos.
- ¿Yo? – Pregunté confundida.
- SÍ, claro – Contestó.
Abrí el cajón esperando ver un montón de antiguos papeles, pero me encontré con un solo papel arrugado. Se lo di a Karla y ella lo comenzó a leer mientras yo terminaba de preparar un plato. Un minuto después, ella me dio el papel, pero no me miró. Parecía desconcertada, preocupada… Un segundo después dejó de lado la sopa y le habló al resto de los chicos.
- ¡Muchachos! – Gritó Karla mientras salía de la cocina para buscarlos.
Me quedé sola en la cocina, no sabía por qué Karla había reaccionado así. Miré el papel que tenía en la mano y entones vi que era una nota. Estaba escrita con una caligrafía temblorosa y descuidada:
Karla.
Cafetería, Manhattan, Nueva York
Han atacado la cafetería de Dave. Varios lograron escapar, pero Dave y uno de los cocineros están heridos. Ahora están en el departamento y los llevaré a un lugar más seguro en cuanto llegue. A Chris lo golpeó un hechizo y está herido; está con los demás en el departamento y Miguel los está cuidando.
Tienes que sacar a todos de la cafetería. Iris y Bill están cuidando las entradas, pero tienes que sacarlos.
Ya no les da miedo ser vistos.
Lucas.
Cuando terminé de leer la nota, pude notar que me temblaban las manos. En ese momento regresó Karla con todos y les dijo que íbamos a cerrar antes. Pidió que se hicieran algunas cosas antes de cerrar, supongo que para que no se viera tan extraño el hecho de que cerráramos.
Todos comenzaron a hacer lo que Karla había pedido, y en cuanto ella se perdió de vista entre los demás, yo aproveché para tomar mis cosas y correr hacia el departamento. Al salir choqué con Bill, que cuidaba la puerta de la cocina. Me pidió que me detuviera, pero yo ya estaba cruzando la calle. Cuando entré en el subterráneo, vi de reojo que Bill estaba siguiéndome, pero seguí sin detenerme.
Ambos entramos en el metro, que, por alguna razón estaba casi solo, y entones, ya que no podía correr más, le hice caso a Bill y me senté en un lugar junto a la puerta.
- Están bien – Dijo con un tono tranquilizador. – Son fuertes.
- ¿Por qué atacaron a Dave? – Pregunté después.
- Porque, al igual que tú – Dijo – él confió en alguien que no estaba de nuestro lado.
No pregunté nada el resto del camino. El tiempo regresó cuando el metro se detuvo y se abrieron las puertas en nuestra estación. Salí de prisa del subterráneo y corrí por varias calles hasta llegar al departamento. Mientras subía las escaleras, pude escuchar a Miguel hablando. Entré en el departamento y me encontré con Miguel, Dave  y unos de los cocineros de la cafetería.
- ¿Están bien? – Pregunté.
- Si, no fue la gran cosa – Contestó el cocinero, aunque tenía una gran cortada en un lado de la cara, que no paraba de sangrar.
- Están heridos – Dije.
- Fue mi culpa  – Interrumpió Dave – No debí confiar en él.
- A todos nos pasa – Contesté.
Estuve un rato haciéndoles compañía, hasta que noté que algo faltaba en el departamento.
- ¿Y Chris? – Pregunté preocupada.
- Está bien – Contestó Miguel de inmediato.
- ¿Dónde está?
- Ven – Dijo levantándose – Te llevaré con él.
Recorrió la sala y abrió una puerta para dejarme entrar. Del otro lado había una habitación. El lugar estaba lleno de cosas moviéndose, igual que el resto del departamento; había libros y cuadernos en todas partes, y las paredes estaban tapizadas con fotografías y recortes de periódico. Había una cama junto a una ventana y en ella estaba Chris. Parecía tener una banda en la cabeza, pero cuando nos acercamos pude ver que en realidad eran unas vendas que cubrían su frente, también pude notar que tenía varios golpes y estaba algo hinchado.
- ¿Chris? – Pregunté con una voz temblorosa.
- Está inconsciente. – Interrumpió Miguel – Un hechizo revotó y le dio en la cabeza. Estuvo consciente hasta que llegamos aquí, pero se desmayó en la entrada del edificio.
- ¿Y estará bien?
- La medicina dice que sí, aunque me gustaría intentar algo de magia con él…
- ¿No era muy compleja? – Pregunté sin dejar de mirar a Chris.
- Para alguien que jamás tuvo a nadie que le enseñara esto, sí. Pero quisiera intentar.
- Ojalá sanara igual que yo… – Me quedé pensando un momento – ¿No hay modo de pasarle mi poder?
- No es lo mejor – Dijo tajante – Te dejaré con él.
Salió de la habitación muy rápido y me dejó sola. Miré a Chris y me sentí mal. Estaba pálido; lo único que le daba color eran los cortes que tenía en el rostro y los brazos. Me senté en una pila de libros junto a la cama y me quedé ahí hasta caer dormida. Un rato después, sentí que alguien tomaba mi hombro y desperté. Era Karla.
- Hola, cariño ¿Estás bien?
- Si – Dije sentándome – ¿Y tú? ¿Y los chicos?
- Todos están bien – Dijo con un tono suave – Tranquila.
- Menos mal – Contesté.
- Elaine, sé que te quieres quedar aquí – Dijo hincándose junto a mí –  pero tienes que comer algo. Llevas aquí toda la tarde.
Miré a Chris; sabía que no despertaría esa noche, así que acepté ir a la cocina y comer algo.
Cuando salimos de la habitación, los demás habían llegado y estaban sentados alrededor de la mesa, más callados que de costumbre.
- Toma – Dijo Iris acercando a Ragmando – Lo olvidaste en la cafetería.
- Gracias – Dije tomándolo y poniéndolo en mi hombro – ¿Cómo están? – Pregunté. 
- Mejor que Chris – Contestó Bill, y por su grito de dolor supe que alguien lo había pateado por debajo de la mesa.
- Seguro que si – Contesté intentando sonreír.
Comenzaron a pasar los platos con comida. Todos estaban muy callados y era desesperante, habría preferido mil veces que hablaran de distintos temas, en lugar de evitar el más obvio, pero tal vez era lo mejor para ellos.
Cuando terminamos de cenar estuve tentada a regresar a la habitación para ver cómo seguía Chris, pero ya era tarde y sabía que los demás también querrían verlo.
- Nos vemos mañana – Dije cuando terminamos de limpiar los platos.
- ¿No te quedas? – Preguntó Lucas, desconcertado.
- Creo que ya estuve mucho tiempo aquí, no quiero incomodar – Contesté.
- No incomodas – Dijo Iris – También es tu departamento, te puedes quedar aquí todo el tiempo que quieras.
- Habíamos considerado que te quedarías aquí – Dijo Bill – Hoy Karla y yo también nos quedamos.
- ¿No les molesta? – Pregunté sorprendida.
- Claro que no – Contestó Bill – Si a ti no te incomoda dormir en el sofá.
- No, para nada. – Dije con una sonrisa.
Cuando los demás se fueron del departamento, Karla, Bill y yo nos pusimos turnos para cuidar a Chris. Karla estaría con él primero, mientras Bill y yo descansábamos un poco; después Bill la relevaría y yo me quedaría con él al final.
Karla se preparó un café y entró en la habitación; mientras, Bill hacía aparecer un par de almohadas, unas mantas y una bolsa de dormir.
- Dormiré en el suelo – Dijo, tomando la bolsa de dormir – Tú toma el sillón.
Estaba cansada, así que no me detuve a discutir y me acosté en el sillón. Unos segundos después, ya estaba dormida.
Desperté en medio de la noche y vi que Karla había suplido el lugar de Bill en la bolsa de dormir. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, porque no había escuchado nada, así que me levanté y fui a la habitación para preguntarle a Bill. Él estaba dormido en una silla, junto a la cama.
- Bill – Dije tomando su hombro.
- ¿Qué pasa? – Contestó asustado al despertarse.
- Ve a descansar – Dije – Yo te cubro.
Bill se levantó y salió de la habitación.
Me senté de nuevo en la pila de libros y comencé a hojear uno que había visto en la biblioteca. Era loco pensar en todo lo que había pasado desde que había ido a la biblioteca en la calle 42. Tal vez la persona que había atacado la cafetería de Dave también habría hecho algo en el rinconcito mágico…
Necesitaba hacer algo, porque podía hacer algo. Jamás me había sentido tan responsable de algo en toda mi vida, pero aun no adquiría ningún “poder” especial ni nada con lo que defenderme, más que el poder de sanación...
Comenzó a amanecer un par de horas después de haber entrado en la habitación. Seguramente, si Chris hubiera estado despierto, habría subido al techo a verlo, porque desde la ventana de la habitación solo se veía como se iluminaban las calles.
La gente caminaba por ahí muy tranquila, al igual que yo unas semanas atrás. Estuve mirando la ventana un rato, hasta que comencé a escuchar voces en la sala y salí a ver quién había llegado.
Para mi sorpresa, ya todos estaban en la sala, más tranquilos y revoltosos que la noche anterior. Karla y Bill estaban sentados en la barra tomando café, y los demás preparaban el desayuno.
- Buenos días – Dijo Iris al verme asomándome por la puerta – ¿Cómo sigue?
- Bien, supongo. – Contesté.
- Toma una taza de café. – Dijo haciendo que se acercara una taza – Yo le echaré un ojo al muchacho.
Iris entró en la habitación y yo fui a sentarme con Karla y Bill.
- ¿Cómo estás, Elaine? – Preguntó Lucas, mientras ponía la mesa de la cocina.
- Bien. – Me limité a contestar. Después me volví hacia Karla – ¿Qué pasará con la cafetería? – Pregunté.
- No lo sé – Contestó. – Veremos qué pasa después de todo esto.
- ¿Y qué es “Todo esto”, exactamente? – Continué. – ¿Qué hacen?
- Tratamos de buscar a la mayor cantidad de personas que quieran luchar. – Contestó Lucas desde la cocina. – No ganaremos nada solos.
- Quiero ayudar – Dije.
- No lo harás – Dijo, tajante. – Lo siento, pero no es seguro.
- ¿Pero no me buscaban para ayudar? – Pregunté, frustrada.
- Sí, pero no es el momento. – Contestó.
En ese momento entró Miguel por la puerta.
- ¡Buenos días! – Gritó.
- Hola – Gritamos Karla, Bill y yo.
- ¿Desayunarás aquí? – Preguntó Lucas.
- Sí, pero veré cómo sigue Chris.
Miguel entró en la habitación y nosotros nos quedamos discutiendo sobre si podía ayudarlos, pero jamás cedieron. Al final ya nadie quiso seguir discutiendo y cambiaron de tema.
Un rato después salieron Iris y Miguel a desayunar. Al terminar, como ya no tenía nada que hacer ahí, les dije que me iría a mi departamento y que me avisaran si Chris despertaba. Al entrar a mi departamento me tiré en el sillón y me quedé dormida.
Un par de horas después desperté y me metí a bañar, ya que ni siquiera me había quitado la ropa de trabajo del día anterior. Al salir, escuché que alguien tocaba la puerta y me apresuré a abrir. Eran Juliana, Laura y Ricardo.
- ¿Qué hacen aquí? – Pregunté.
- Venimos a verte – Contestó Laura – Ayer te fuiste sin decirle a nadie.
- Karla nos dijo lo de Chris – Añadió Ricardo.
- ¿Ah sí? – Pregunté confundida.
- Nos dijo que lo habían lastimado o algo así ¿Está bien? – Preguntó Laura.
- Supongo que sí. – Contesté – Pero está inconsciente.
Se quedaron callados por un momento.
- Tal vez no sea el mejor momento – Dijo Juliana – Pero queríamos que salieras un poco. Tal vez a comer…
- Si, vamos. – Contesté.
No quería estar encerrada sin poder hacer nada. Tomé mis cosas, puse a Ragmando en mi hombro y salí con ellos. Fuimos a comer algo cerca de Central Park. Intentamos platicar de cosas normales, en lugar de lo de Chris o la cafetería.  Después de comer les dije que tenía que regresar a mi departamento. Laura y July se quedaron en el restaurante y Ricardo me acompañó hasta mi estación.
Subí hasta mi departamento y cuando entré me encontré con Karla saliendo de mi habitación.
- ¡Elaine! – Gritó al verme.
- ¿Qué haces aquí? – Pregunté confundida.
- Te buscaba – Dijo molesta – ¿Dónde estabas? ¿Por qué no nos dijiste que te acompañáramos? ¿Te das cuenta de lo peligroso que es que andes sola por ahí?
- ¡Estaba con los muchachos! – Dije alterada – Vinieron a buscarme y salí con ellos. – Respiré y me calmé un poco – Les preocupaba lo de Chris…
- Ya despertó – Interrumpió.
- ¿Qué? ¿Y está bien? ¿Ya lo vio Miguel?
- Si, tranquila. Vino a verlo hace una hora.
- ¿Una hora? – Pregunté molesta – ¿Hace cuánto despertó?
- Hace una hora – Contestó cortante – Y lo habrías visto entonces si hubieras estado aquí.
- Pues ya estoy aquí, vamos a verlo. – Dije apresurada.
Aparecimos frente al departamento y al entrar nos encontramos con Chris y Miguel peleando por una manzana.
- ¡Basta! – Gritó Karla, molesta. – ¿No pueden quedarse tranquilos una hora?
- ¡Tengo hambre! – Dijo Chris, quien aún tenía la venda alrededor de su frente.
- ¡No puedes comer! – Dijo Miguel quitándole la manzana – ¡Ni siquiera deberías estar parado!
 - ¡Ely! – Gritó Chris sin prestarle atención a Miguel y corrió a abrazarme; un segundo después se le doblaron las piernas y todo su peso calló sobre mí. Karla fue hacia mí y me ayudó a ponerlo en pie.
- ¡Te dije que no debías levantarte! – Dijo Miguel corriendo a ayudarnos.
Entre Miguel y yo lo arrastramos hasta la habitación y lo acostamos en la cama.
- Tengo hambre – Dijo Chris cuando lo hubimos acostado.
Miguel sonrió y negó con la cabeza.
- Los veo más tarde. – Dijo y después salió de la habitación.
- Hola – Dijo Chris cuándo Miguel hubo salido.
- Hola – Contesté – Parece que te sientes mejor.
- Pues así era, hasta que me mareé.
- Te… hicieron algo en la cabeza. – Dije.
- Un hechizo rebotó en mi cabeza – Corrigió – Lo sé, estaba consciente.
- ¿Y estás bien? ¿Seguro? – Pregunté.
- Sí, claro. – Dijo. – Pero no me debí haber parado.
- ¿Siempre pelean así? – Pregunté.
- Es divertido – Dijo sonriendo – Aunque Iris lo odia, en especial cuando pelamos de verdad; por eso Karla nos puso a lavar los platos la noche que te quedaste a cenar.
- Enserio son una familia – Dije.
- Pues hemos estado más tiempo juntos que con nuestras familias.
- ¿Y cuándo podrás caminar? – Pregunté.
- Ya puedo. – Contestó con su habitual sonrisa, que le hacía notar menos las cortadas del rostro.
- Pero cuándo dice Miguel que podrás caminar – Corregí.
- No sé – Contestó – Cuando lo dijo yo ya estaba en la sala.
Estuvimos platicando un rato antes de que llegaran los demás al departamento. Cuando escuchamos voces salimos de la habitación y nos metimos en el desorden de la cocina. Esta vez, Chris no estaba ayudando, solo caminaba entre la gente, intentando tomar comida de las ollas, lo cual solo conseguía que Miguel lo regañara.
- ¿Y ahora qué va a pasar? – Pregunté ya que estábamos sentados en la mesa. – Nadie me dice nada y quiero hacer algo.
- Seguirás entrenando – Contestó Lucas – No hay mucho tiempo y tienes que estar lo mejor preparada.
- ¿Pero qué se supone que debo hacer? – Solté.
- Nadie sabe – Dijo Bill – En los libros no mencionan nada, pero creemos que lo más obvio es luchar.
- ¿Y cómo se supone que me entrene si Chris está herido? – Pregunté.
- Lucas te entrenará hasta que él esté mejor – Contestó Bill.
- ¿Y cuándo estará mejor? – Pregunté.
- En un par de días – Contestó Miguel – No es mucho.
- Te iré a buscar mañana. – Aclaró Lucas. – Y seguiremos con lo que te había enseñado Chris.
Terminamos de cenar y después de recoger todo regresé a mi departamento a dormir.
A la mañana siguiente era de nuevo lunes. No iría a trabajar; no vería a Ricardo, Laura o July; no entrenaría con Chris… era un lunes raro.
Salí de la habitación y me encontré con Ragmando (como un perro) acostado junto a la puerta, lo acaricié y fui a la cocina. El frasco de los mensajes tenía unos cuantos, así que los saqué y comencé a leer
Elaine
Departamento, Manhattan, Nueva York.
Chris despertó.
Karla.
Elaine
Departamento, Manhattan, Nueva York.
Elaine, Chris despertó hace rato. Karla te mandó un mensaje.
¿Dónde estás?
Miguel.
Elaine
Departamento, Manhattan, Nueva York.
¿Vienes a desayunar?
Chris.
Arranqué una hora de papel de una libreta y escribí un “Sí” con letra temblorosa.
Tomé una sudadera, desperté a Ragmando y aparecí frente al departamento de Chris. Dentro solo estaban él, Iris y Bill.
- Buenos días – Dijo Bill al verme entrar.
- Hola – Contesté – ¿Dónde están todos?
- Atacaron el barrio chino en la noche y tuvieron que ir – Contestó Iris.
- Nosotros nos quedamos a cuidarlo. – Añadió Bill señalando a Chris con la cabeza.
- ¿Qué pasó? – Pregunté.
- Intentan dejar en claro que siguen al mando – Contestó Chris.
- ¿Y qué pasa? – Pregunté de nuevo.
- Quitan gente de nuestro lado – Contestó Bill. – Es como trabajar en vano.
- ¿Y los demás están bien? – Pregunté de nuevo.
- Sí – Contestó Iris – Mandaron un mensaje en la madrugada diciendo que no los habían alcanzado, pero se quedaron a ver como estaban las personas y a hablar con los magos.
- Quiero ayudar – Solté.
- Sí – Afirmó Iris – ¿Por qué no?
- Lucas piensa que no es momento – Contestó Bill.
- ¿Por qué no? – Preguntó Chris – Va muy bien.
- Ya sabes cómo es… – Contestó Bill.
Terminamos de desayunar y nos quedamos platicando un rato. Iris y Bill no querían irse hasta que los demás regresaran, así que todos nos quedamos a esperarlos.
Cerca de mediodía regresaron Lucas y Karla. Bill y yo nos quitamos del sillón para que se sentaran e Iris fue a preparar café. Ambos se veían cansados y estaban cubiertos de polvo.
Cuando Iris regresó con la tazas de café, ellos comenzaron a hablar.
- Destrozaron muchos locales – Comenzó Lucas. – Y departamentos.
- La mayoría eran de magos – Continuó Karla – Pero ya no les importa si queman cualquier otra cosa.
- Muchos dicen que ya no quieren ayudar – Dijo Lucas – Les pedimos que nos dieran más tiempo para reclutar gente, pero nos costó convencerlos.
- Lograron lo que querían al atacar el barrio chino – Dijo Bill.
- Tenemos que movernos rápido antes de que nos quiten a todos. – Dijo Karla.
- Tenemos que atacar ahora – Dijo Chris – Si esperamos más, quitarán a todos los que tenemos de nuestro lado. No nos podemos arriesgar a tener que empezar de nuevo.
- ¿Y qué sugieres? – Preguntó Lucas – Poner a Elaine a pelear sin que sepa qué hacer.
- ¡Ya sabe pelear! – Dijo.
- Pelear contra ti no es lo mismo que pelear contra cientos de magos cuyo único objetivo es ella.
- Dale una oportunidad – Contestó Chris.
Lucas se mantuvo en silencio por un momento - No es el momento – Contestó.
- ¿Por qué no? – Preguntó Chris. – Sabes que debe pelear.
- Lo sé, pero… ¿Y si no está preparada?
Nadie contestó después de eso. Yo no lo hice porque me preocupaba que tuviera razón y en realidad no estuviera preparada.
No pasó ni media hora antes de que todos se comenzaran a ir. Lucas me dijo que me vería en la tarde para entrenar y luego se fue.
Ya que Chris y yo no podíamos hacer nada, nos quedamos jugando juegos de mesa y comiendo pizza en el departamento el resto de la tarde.
Cerca de las seis de la tarde comenzaron a llegar los demás. Lucas llegó junto con Karla y al entrar al departamento me dijo que era hora de entrenar. Salí con él al pasillo y juntos aparecimos en un lugar verde y con árboles grandes.
- ¿Lista? – Preguntó al llegar.
- ¿Dónde estamos? – Pregunté.
- En un parque – Dijo – Pero nunca me ven, estamos bien.
- Bien.
- ¿Entonces estás lista? – Preguntó.
- Sí, claro.
En el momento que contesté, Lucas lanzó un rayo hacia mí y yo apenas pude esquivarlo. No sabía que enserio íbamos a pelear y la verdad no me agradaba la idea de hacerlo.
No paraba de lanzarme rayos; yo solo me cubría porque sentía que si dejaba de hacerlo me golpearía uno. Después de un rato de estarme cubriendo, logré lanzarle algo sin que me golpeara y entonces comencé a pelear con él.
 Estuvimos lanzando rayos durante dos horas. Estaba muy cansada, incluso se me había olvidado que se suponía que Lucas me estaba calificando o algo así.
Cuando por fin dejó de atacarme, me tiré a piso a descansar. Él se sentó junto a mí y comenzó a hablar.
- Debo decir que no creí que fueras tan buena – Dijo resoplando – Nada mal para alguien que no sabía nada de magia hace un mes.
- ¿Me dejarás pelear? – Pregunté sin aliento.
Lucas de nuevo guardó silencio y suspiró.
- No, lo siento.
- ¿Cómo? – Pregunté sin dar crédito a mis oídos – Acabas de decir que no creías que fuera tan buena.
- Si, lo dije – Dio otro suspiro antes de continuar – Pero eso no es suficiente. Tengo expectativas muy altas.
- ¿Y sólo porque no cumplo con tus expectativas no puedo pelear? – Pregunté molesta.
- Es por tu seguridad. - Contestó
- ¡No me vengas con eso! – Grité – Has estado poniendo excusas todo el tiempo ¿Por qué no quieres que pelee?
- ¡No eres lo suficientemente buena! – Gritó dejando atrás su calma – ¡No te voy a poner a pelear para ver cómo te matan!
- ¡Tengo que pelear en algún momento! – Grité – Para eso me querían ¿No?
- Lo sé, pero tienes que esperar. – Dijo cortante y se levantó – Ahora regresemos, nos esperan para cenar.
- Regresa tú – Contesté – Yo iré a mi casa.
Me alejé y caminé por un rato. Estaba molesta y quería relajarme un poco. Alrededor de unos veinte minutos después, regresé al departamento.
Entré a este y me tiré en la cama; poco después escuché que alguien golpeaba la puerta acaloradamente. Me levanté y abrí la puerta. Era Chris.
- ¿Estás bien? – Preguntó.
- Sí – Contesté.
- Vine hace quince minutos y aun no llegabas. – Dijo entrando al departamento.
- ¿Por qué viniste? – Pregunté.
- Lucas llegó sin ti. Dijo que te habías ido a tu departamento y después ya no quiso hablar, así que supusimos que había hecho algo malo.
- No hizo nada – Dije – Pero no me dejará pelear.
- ¿Por qué? – Preguntó algo molesto.
- No cumplo sus expectativas.
Al decir eso Chris sonrió incrédulamente – Nadie cumple las expectativas de Lucas – Dijo.
- ¡Pero yo tengo que hacerlo! – Dije molesta – ¡Si no lo hago no puedo pelear y ya me harté de no hacer nada! Es horrible verlos pelear, ver como ellos destruyen los locales y ver como se separan las familias. – Me tranquilicé un poco antes de continuar – No me voy a quedar aquí sí puedo hacer algo.
Chris no contestó, solo se quedó mirándome con su sonrisa borrada del rostro.
- No creí que te importara tanto…
- Pues sí. – Interrumpí – Odio las peleas… también odio que me subestimen, así que si lo juntas obtienes esto.
- ¿Entrenarías de nuevo? – Preguntó. – ¿Conmigo?
- Sí, claro. Lo que sea para acabar con esto.
- Excelente – Dijo esbozando una gran sonrisa – Empezamos mañana temprano.
- Estás herido – Contesté.
- Tuve una discusión con Miguel hace rato y dijo que podía seguir entrenándote. Al parecer todos creemos que es lo mejor.
Sonreí. Me preguntó si quería hablar con los demás o con Lucas y le dije que sería mejor a la mañana siguiente. Sacó a Ragmando de un bolsillo de su sudadera y me lo dio; después salió del departamento.
De nuevo entré en la habitación, me puse la pijama y me quedé viendo por la ventana un rato, antes de acostarme a dormir.
A la mañana siguiente me despertaron unos golpes en la puerta de mi habitación y Ragmando ladrándole a esta. Me levanté a abrir y de nuevo me encontré con Chris.
Antes de decir cualquier cosa miré el reloj ¡Eran las cinco de la mañana! Ni siquiera había luz en las calles.
- ¿Qué haces aquí? – Pregunté. – Son las cinco ¿Y cómo entraste a mi departamento?
- Olvidas que soy un mago y me puedo aparecer aquí sí quiero – Dijo – No lo hago porque no te gusta, pero después de haber tocado la puerta por diez minutos no tuve otra opción.
- ¡Son las cinco de la mañana! – Repetí – No se supone que deba estar despierta.
- Pues ahora sí. – Dijo – Debemos entrenar.
- ¿Ahora? – Pregunté desconcertada.
- Si, no hay tiempo que perder.
Salió de la habitación para que me cambiara de ropa y cinco minutos después ya estábamos saliendo hacia el bosque.
Hicimos todo lo de siempre: ir al claro, separarnos unos metros y lanzar rayos durante unas horas. Terminamos de “entrenar” alrededor de las ocho y media y regresamos al departamento para desayunar.
Cuando entramos ya estaban todos ahí, preparando comida. Por primera vez desde que los conocí, sentí que estaban realmente impresionados de verme ahí.
- ¿Ya no saludan? – Dijo Chris al ver la reacción de todos.
- ¡Hola! – Gritó Bill y le siguieron Karla e Iris.
Saludé con la mano y entré. Después de eso se siguieron comportando como de costumbre.
Al terminar de desayunar todos se comenzaron a ir. Esta vez Chris también se iba, así que no me podía quedar ahí (en realidad sí, pero no habría tenido chiste), por lo cual me tendría que entretener en algún otro lado.
Antes de irse (y una vez que todos se habían ido), Lucas se quedó a hablar conmigo, ya que era el único que no me había tratado igual que antes.
- Perdón por lo de ayer – Dijo y se quedó pensando por un momento – Aunque esto no va a hacer que te deje pelear.
- Está bien – Contesté – No te dejaré de hablar por eso. Pero sí estoy molesta.
- Estás en todo tu derecho. – Contestó. – Me tengo que ir. Cuídate ¿sí? No hagas cosas imprudentes.
Al decir esto se levantó y salió por la puerta. Yo me fui poco después que él.
Regresé al departamento, me bañé y cambié de ropa. Tomé la cámara y salí del edificio con Ragmando en mi hombro.
No había tomado fotografías desde hace mucho tiempo, de hecho no había espacio en mi cabeza para eso, así que no lo había echado mucho de menos.
Estuve caminando por la quinta avenida durante unas horas, tomando fotografías, después me detuve en una cafetería a comer algo. Todo era muy tranquilo en ese lugar, las personas se veían muy calmadas y metidas en sus asuntos. Me comencé a preguntar si alguno de ellos sería un mago o una de las personas que me estaba siguiendo y yo no lo sabía.
Al terminar de comer fui al parque y me acosté bajo un árbol. Estuve viendo el cielo por unos minutos; después me quedé dormida.
Cuando desperté, el cielo tenía un color morado y las luces estaban encendidas. Ragmando se había convertido en un perro grande y peludo, y estaba acostado junto a mis piernas.
Me levanté y caminé con Ragmando hacia el departamento. Sabía que los demás estarían molestos porque no había llegado, pero ya no podía hacer nada. Pasé junto a la biblioteca y recordé que no había entregado el libro que había tomado la vez que fui con Chris al rincón mágico, pero a esas alturas ya no sabía siquiera si el rincón mágico seguía existiendo.
Seguí caminando hasta llegar al departamento. Eran casi las once de la noche cuando llegué. Revisé que no hubiera nadie sospechoso y entré al edificio. Al llegar a la puerta, esta se abrió de un jalón, salió Lucas impresionado y me abrazó. No entendía porque no me estaba gritando o por qué nadie más lo hacía dentro del departamento.
Me dijo que entrara y antes de decir cualquier cosa, tomó un papel, escribió algo en él y lo metió en un cajón.
- ¿Dónde estabas? – Dijo apresurado – ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien – Contesté preocupada – ¿Qué pasó? ¿Dónde están todos?
- Hubo un ataque en una librería cercana hace casi una hora – Comenzó a decir – Bill y Karla están allá. Nos preocupaba que hubieras estado ahí o que te hubieran atrapado en algún otro lugar, así que en lo que los chicos resolvían el problema en la librería yo me quedaría a ver si llegabas o  si alguien venía con noticias tuyas. – Respiró hondo antes de continuar – Chris e Iris se fueron a buscarte hace unas cuantas horas.
- Lo siento – Dije de inmediato – No creí que se fuera a causar tanto alboroto.
- ¿Dónde estabas? – Preguntó de nuevo. – ¿No te dije que no hicieras nada imprudente?
- En Central Park – Dije apenada – Me quedé dormida bajo un árbol.
Lucas me miró por un momento sin dar crédito a sus oídos.
- Al menos estás bien – Dijo y sonrió. – Le dije a los demás que habías llegado; no deben tardar en llegar.
Extendió el brazo hacia la cocina y se encendieron las mechas de la estufa, la cual estaba repleta de cacerolas. Después volvió a mirarme y captó lo desconcertada que estaba.
- No eres solo la persona del libro, Elaine. - Dijo - Eres una de nosotros y nos preocupas. Sí, corres más peligro por ser la persona del libro, pero aunque no fuera así nos preocuparíamos igual.
Sonreí.
Ambos nos levantamos; él fue a terminar de cocinar y yo a poner la mesa. Unos minutos después escuché a alguien corriendo escaleras arriba y enseguida entró Chris y me abrazó.
- ¿Estás bien? ¿Dónde estabas? ¡Te estuvimos buscando por horas! – Dijo al soltarme.
- Lo siento, me quedé dormida.
- ¿Dormida? – Preguntó Iris mientras cerraba la puerta del departamento – ¿En dónde?
- En Central Park – Dijo Lucas desde la cocina.
- ¿Qué hacías en Central Park? – Preguntó Chris.
- No tenía nada que hacer y no me voy a quedar encerrada todo el tiempo.
- ¿Y no podías llamar? – Preguntó desesperado.
- Tú dijiste que no era seguro. – Contesté.
Seguí acomodando platos en la mesa para sentarnos en esta. Pocos minutos después de comenzar a comer, entraron por la puerta Karla, Bill y Miguel. A diferencia de los demás, Karla sí estaba molesta conmigo y comenzó a gritarme por no haber llegado.
Después de cenar y del sermón de Karla (que duró más de lo esperado), regresé a mi departamento y me quedé dormida. Cinco horas después llegó Chris para ir a practicar.
La práctica fue igual que siempre, pero tenía sueño y mi puntería no era tan buena. De nuevo terminamos a las ocho y media y regresamos al departamento a desayunar.
- Vas mejorando – Dijo Chris al entrar al departamento.
- Menos mal – Contesté.
Saludamos a todos y nos sentamos en la mesa, unos minutos después entró Miguel por la puerta y lanzó un periódico sobre esta. – Alguien nos vio – Dijo.
- ¿Qué? – Preguntó Lucas tomando el periódico.
- Alguien vio los rayos el otro día – Contestó Miguel sentándose al lado de Karla.
- No sabrán qué fue ¿o sí? – Preguntó Iris.
- No mencionan mucho en el artículo – Contestó Miguel – Pero tenemos que permanecer alertas.
El resto del desayuno estuvieron ideando maneras de no ser vistos.
Al terminar de desayunar y limpiar todo, se comenzaron a ir. Yo iría a mi departamento al igual que el día anterior, pero me detuvo Chris.
- ¿A dónde vas? – Preguntó.
- A mi departamento – Contesté – No llegaré tan tarde como ayer. – Añadí.
- Te acompaño. – Dijo. – No quieren que andes sola por ahí.
- ¿No se supone que debo poder defenderme sola? – Pregunté.
- Sí – Contestó. – pero también se supone que entiendes lo peligroso que es el que estés sola de noche, y al menos eso no lo entiendes.
Me quedé sin nada que decir, así que acepté que viniera conmigo, pero le dije que tenía que ir a mi departamento a bañarme. Él dijo que haría lo mismo y que me vería en veinte minutos.
Me bañé, cambié de ropa y me encontré con Chris en el pasillo, luego nos fuimos a vagar por Nueva York.
- ¿Y qué quieres hacer? – Preguntó una vez que estábamos en la acera.
- Pues… ¿Qué le pasó al rincón mágico después de lo de Dave? – Pregunté.
- Está bien, lo mantuvieron seguro, así que no lograron entrar. ¿Por qué?
- Aun tengo el libro. – Contesté – Me gustaría devolverlo.
- Bien – Contestó – Vamos.
Caminamos de nuevo por la quinta avenida hasta llegar a la calle 42 y nos aproximamos a un restaurante. Esta vez, en lugar de llegar al mostrador, nos metimos por el pasillo que llevaba a los baños y a la puerta de entrada a la cocina.
Chris se fijó que no viniera nadie y entonces tocó a la puerta. Un cocinero salió por esta y Chris le mostró un pin que llevaba en el bolsillo. El cocinero de inmediato nos dejó pasar.
- ¡Chris, qué gusto verte! – Dijo el cocinero una vez dentro de la cocina – Hace rato que no los veíamos; creímos que los habrían atrapado.
- No aun – Contestó Chris.
- ¿Y quién es ella? – Preguntó el cocinero.
- Elaine – Contestó – Es nueva en la ciudad.
- Bueno… para ser honestos la situación ya está igual en todos lados. – Contestó el cocinero.
No contesté nada.
Nos llevaron al final de la tienda y entramos por una puerta parecida a la de la cafetería de Dave. Una vez dentro del rincón, fuimos directo a la biblioteca. El lugar se veía mucho menos concurrido que antes, como si todo mundo estuviera pensando que atacarían en cualquier momento.
Al entrar a la biblioteca fuimos con la mujer de los papeles voladores, ella tomó el libro, me pidió diez dólares y otro papelito fue volando a mi archivero. Chris dijo que quería ver unas cosas en la biblioteca, así que yo aproveché para buscar libros sobre todo lo que estaba pasando. Me encontré con un libro grande y bastante usado; parecía ser igual al que tenían en el departamento de Chris, pero menos maltratado.
Abrí el libro y comencé a leer. No sabía lo grande que era el problema, pero al parecer les habían prohibido el uso de magia desde hace años. Habían pasado por varios intentos de revoluciones desde los años 70, pero siempre los doblegaron. El manuscrito que hablaba de la persona que acabaría con las guerras era la única oportunidad que tenían contra… bueno, jamás mencionaron el nombre de las personas contra las que luchan.
Salimos de la biblioteca y vagamos por el rincón durante unos minutos porque Chris debía hablar con algunas personas. Después regresamos a la ciudad. Caminamos por la calle durante un rato y luego decidimos ir al parque.
Mientras caminábamos por el parque nos topamos con Laura sentada en una banca.
- ¡Laura! – Grité.
Ella se levantó al verme y fue hacia mí.
- Ely – Dijo abrazándome – ¿Cómo estás?
- Bien - Contesté - ¿Qué hay de ti?
- Excelente – Dijo – Acabo de encontrar un trabajo.
Detuvo su plática un momento para saludar a Chris y después continuó. Comenzó a hablarme de lo que había hecho desde que cerraron la cafetería, cosas sobre su departamento y cosas de los demás. No mucho tiempo después, Chris se alejó un poco y sacó algo de su cartera, no le di importancia y seguí platicando hasta que regresó.
- Ely, me tengo que ir. – Dijo sosteniendo un papel en su mano.
- ¿Qué pasó? – Pregunté sabiendo de lo que se trataba.
- Nada… – Dijo – Cosas del… trabajo.
- Te acompaño – Dije.
- No – Contestó cortante – Esto es diferente. Quédense aquí, hagan algo por este rumbo. Yo te veo en la noche, frente a la biblioteca.
- ¿No puede regresar sola a su casa? – Preguntó Laura.
- Sí, claro – Contestó Chris – Solo que… haremos algo por acá en la noche.
- Quédate en mi casa – Dijo Laura – Llamemos a los demás.
- Claro. – Contesté.
Chris me recordó que no dejara a Ragmando y se alejó. Nosotras seguimos platicando hasta que comenzó a atardecer y a soplar un viento más fresco.  Decidimos ir a una cafetería cercana, pedimos un café y llamamos a los demás para hacer algo. Después de eso, tomamos camino hacia el departamento de Laura. Ricardo y Juliana llegaron media hora después que nosotras.
Cerca de las diez de la noche escuchamos golpes en la puerta y Laura fue a abrir. Era Chris, cubierto de polvo y rasguños, igual que siempre.
- ¿Estás bien? – Preguntó Laura, preocupada – ¿Qué te pasó?
- Estoy bien – Contestó Chris – Hubo otro ataque en la ciudad y estaba demasiado cerca.
- ¡Esto ya es demasiado! – Gritó July. – Podrías haber muerto.
- No morí – Contestó Chris – ¿Nos vamos, Ely? – Dijo apresurado.
- Claro – Contesté.
Me despedí de todos y salí con Chris. Cuando llegamos a la acera comencé a preguntar cosas que no podría preguntar arriba.
- ¿Qué pasó? ¿Dónde están todos? ¿Qué te hicieron? – Pregunté apresurada.
- Todos regresaron al departamento. – Contestó sin mirarme y siguió caminando. – Están bien, son fuertes.
- ¿Estás bien? – Pregunté deteniéndolo – Te ves más agitado que de costumbre.
- Estoy bien – Dijo sonriendo. – Lo importante es que tú estás bien.
- ¿Qué pasó? – Pregunté.
- Nada… te explico en el departamento – Dijo distraído.
Caminamos unas cuantas cuadras. Todo el mundo se le quedaba viendo a Chris por lo golpeado que estaba, pero él parecía no notarlo. Llegué al punto en el que no sabía si estaba distraído o muy concentrado, porque parecía no darse cuenta de nada.
Habíamos caminado hasta casi llegar al Empire State cuando se escuchó una explosión dentro de un restaurante. De inmediato Chris me tomó del brazo y corrió hacia el lado contrario. Sonó otra explosión en el local junto al restaurante y en las tiendas de en frente. Nosotros habíamos dado vuelta en la calle 35 y seguido corriendo junto con la bola de personas que se encontraba en la calle.
Chris nos llevó hasta una tienda de comida. El lugar estaba cerrando las puertas y había varias personas afuera, vigilando. Se podían escuchar las alarmas, sirenas y gritos de las personas desde adentro de la tienda.
Chris se reunió con un hombre al final del lugar y comenzaron a hablar.
- ¡Chris! – Dijo en hombre - ¡Qué rápido! Dinos qué pasa.
- Ya explotaron cuatro locales – Dijo agitado – ¿Mandaron mensaje a los demás?
- Si – Contestó el hombre confundido – Creímos que por eso habían llegado.
- No, pero ellos deben de estar en camino. Tenemos que ayudar. – Dijo dirigiendo la cabeza hacia el hombre, luego volteó a verme – Tú regresa al departamento. – Dijo.
- No. – Contesté cortante – Los voy a ayudar.
Chris sonrió.
 - Bien – Dijo – Pero vendrás conmigo. –  Continuó y corrió hacia la puerta.
Corrí tras él y salí a la calle. Esta estaba repleta de gente corriendo, pero también había personas cubriendo las tiendas y evacuando gente. Sentí algo en el bolsillo de mi sudadera y cuando saqué a Ragmando, este se convirtió en un perro y salió corriendo hacia los locales quemados.
Podía ver humo en toda la calle y los reflejos azul y rojo de las patrullas. Chris tomó mi mano y me jaló hacia adentro de la tienda. Fuimos a la cocina y nos encontramos con un grupo de magos que cuidaban las puertas traseras. – Necesito salir por otro lado antes de que nos encierren aquí – Dijo Chris y de inmediato nos dejaron pasar.
Del otro lado de la puerta había un rincón mágico muy diferente al de la calle 42. El lugar estaba lleno de gente corriendo por todos lados y todas las luces de los locales estaban encendidas. Chris me jaló por un callejón hasta la réplica de la calle 34 y entramos por una tienda de ropa. Al salir nos encontrábamos en una Boutique en la verdadera calle 34. Salimos de la tienda y nos encontramos con el Empire State, rodeado por policías y gente corriendo en las calles.
Corrimos por la calle hacia la quinta avenida y poco antes de llegar a esta, alguien me jaló.
- ¿Estás loca? – Era Karla. – ¿Qué haces aquí?
- Voy a ayudar. – Contesté.
Chris llegó corriendo detrás de mí y comenzó a gritar.
- ¡No vuelvas a hacer eso! – Gritó zarandeándome.
- ¿Tú la trajiste? – Preguntó Karla, molesta.
- ¡Está lista! – Gritó él.
- ¿Y si se dan cuenta que es ella? – Preguntó.
- No lo harán. – Contestó – Hay que ver los daños antes de que entre alguien más. – Le dijo a Karla, después tomó mi mano y dimos vuelta en la quinta.
Entramos al primer local que explotó y Karla corrió a uno de los de enfrente. Creí que aun habría gente dentro del lugar, pero todos habían salido. Recorrimos el lugar para buscar gente o rastros de magia, pero no encontramos nada. Antes de salir Chris tomó una caja de la cocina.
En la calle nos encontramos con los bomberos y con varias personas dando primeros auxilios a los que habían salido de los edificios. Entre las personas nos encontramos con Bill, Iris y Ragmando.
Nos acercamos a ellos y comenzamos a hablar.
- ¿Están bien? – Preguntó Chris.
- Si – Contestó Iris sin aliento - ¿Ustedes?
- Si – Contestó Chris. – ¿Salieron todos? – Preguntó.
- Creemos que si – Contestó Bill – Dos de los edificios eran de magos y cuando salieron ayudaron a los demás.
- ¿Y saben quién lo causó? – Pregunté.
- Siempre son los mismos – Contestó Chris. – Entran y salen muy rápido.
Todos nos quedamos callados un rato
- Iré a entregar esto – Dijo Chris y se alejó con la caja.
- ¿Qué es? – Pregunté.
- ¿La caja? – Preguntó Bill – Es el dinero de la tienda. Siempre intentamos salvarlo y regresarlo.
Me senté en el piso con los demás y acaricié a Ragmando. Estuvimos un rato en la calle, hasta que la policía nos corrió. Entramos por la calle 35 y nos encontramos con Chris y Miguel peleando como siempre. Fuimos hacia allá para ver por qué peleaban, pero al llegar a ellos dejaron de hacerlo.
Esperamos a que Lucas terminara de hablar con alguien y después regresamos al departamento. Al llegar a este, todos comenzaron a preparar la comida, pero yo estaba demasiado agitada como para comer cualquier cosa, así que me despedí y fui a mi departamento. Al entrar, Ragmando se convirtió en camaleón y se enroscó en el sillón. Yo me bañé, cambié de ropa y me acosté a dormir.
A la mañana siguiente Chris volvió a despertarme golpeando la puerta, lo cual fue demasiado, porque había tenido dolor de cabeza durante la noche. Aun así me levanté y le dije que esperara a que me cambiara de ropa.
Al llegar al bosque repetimos la rutina de siempre, solo que ésta vez terminamos hasta las nueve. Regresamos y tomamos el desayuno con los demás. Al terminar apenas podía mantener los ojos abiertos, así que regresé a mi departamento a dormir.
Desperté tres horas más tarde, me bañé y decidí limpiar un poco el departamento. De nuevo usé magia para limpiar, por lo cual había cosas volando sobre mí mientras yo acomodaba libros y otras cosas. Poco tiempo después de haber comenzado a limpiar, escuché que alguien tocaba la puerta. Entré en pánico y dejé que cayeran todas las cosas al suelo.
Fui a abrir la puerta y del otro lado me encontré con Iris. Me tranquilicé y la dejé pasar, luego hice que todo se levantara y siguiera limpiando.
- Me asustaste – Le dije.
- Lo siento – Contestó mientras esquivaba cosas – Pero hoy me toca quedarme contigo.
- Genial – Contesté. – Solo termino esto y nos vamos.
- Toma tu tiempo. – Dijo sentándose junto a Ragmando – Tu departamento me agrada. Tiene mucha luz.
- Gracias – Dije sonriendo.
Terminé de acomodar y limpiar todo una hora después, y salimos a la ciudad. No había comido mucho desde la tarde anterior, así que lo primero que quise hacer fue ir a comer algo. Mientras comíamos, Iris preguntó qué quería hacer después.
- No lo sé – Contesté antes de comer un gran bocado – ¿Qué hacen cuando no están peleando o buscando gente?
- No mucho – Dijo desinteresada – Bueno… casi no pasa…
- ¿Quieres ir de compras? – Pregunté casi en tono de broma.
- No es una mala idea – Contestó. – Jamás he ido de compras con nadie.
- ¿Enserio?
- Si, no es algo para lo que tenga tiempo…
- Bien… entonces vamos. – Dije sonriendo – Vagaremos por ahí y tu decidirás a dónde quieres entrar.
Iris sonrió y seguimos comiendo. Al salir del restaurante se veía muy emocionada, como si estuviera visitando la ciudad por primera vez.
Caminamos por las calles y entramos a varias tiendas. Iris parecía estar muy feliz comprando ropa, pero de vez en cuando parecía sentirse incómoda. Al final del día ella llevaba unas diez bolsas en las manos y una gran sonrisa en el rostro.
Regresamos al departamento y de nuevo nos encontramos con todo mundo haciendo cosas en la cocina y caminando entre los libros para acomodar la mesa. Iris y yo nos metimos en el desorden. Esta vez me tocó cocinar junto con Chris y Bill, mientras los demás limpiaban la cocina y ponían la mesa.
Nos sentamos a cenar y se inició la plática como siempre. Iris comenzó a hablar de lo que habíamos hecho en el día y de lo increíble que era la ciudad. Después de eso siguieron las típicas conversaciones sobre magos y cosas raras.
Al terminar la cena, ayudé a limpiar los platos y me fui. Entré a mi departamento, me dejé caer sobre el sillón y me quedé dormida.
A la mañana siguiente me desperté con alguien zarandeándome y caí al piso del susto. Al encender la luz me encontré con Chris hincado a mi lado.
- ¿Estás bien? – Preguntó. – No creí que te asustarías.
- ¿Ya no tocas? – Pregunté sobando mi espalda.
- Toqué por cinco minutos – Contestó mientras me ayudaba a levantarme.
Me quedé sentada un rato hasta que mis ojos se acostumbraron a la luz y luego Chris comenzó a hablar de nuevo.
- ¿Qué hacías aquí? – Preguntó. – ¿Vendiste tu cama?
- Tenía mucho sueño anoche. – Contesté.
Sonrió y me dijo que esperaría en el pasillo para que me cambiara. Fui a mi habitación y me puse otra ropa, después nos fuimos al bosque.
Estuvimos en el claro por tres horas. Al final me volví a acostar en el pasto y Chris de nuevo se sentó junto a mí.
- Enserio mejoras – Dijo.
- ¿No te cansas? – Pregunté.
- Supongo que ya me acostumbré – Contestó.
Casi me quedé dormida en el pasto, pero luego recordé algo…
- Oye… – Dije – ¿Por qué estabas tan aturdido el otro día?
- Creí que te había dicho… – Contestó – Nos encontramos a tu amigo. Atacó una tienda.
- ¿Qué amigo? – Pregunté preocupada.
- El de Bryant Park.
- ¿Danel? ¿Por qué les sorprende, no era uno de “los malos”?
- Si, pero borré la memoria de todos los que estaban en la cafetería con ustedes ese día. – Dijo – Incluyéndolo… Se supone que no debería recordar nada.
- Tal vez le devolvieron la memoria…
- Sí. Es lo que nos preocupa. – Contestó – No se puede recuperar la memoria de alguien, al menos que sea con magia negra. Si ellos la están usando, nos dejan con una gran desventaja.
- ¿Por qué? – Pregunté – No eran muchas personas las de ese día.
- Nosotros no matamos gente – Dijo con tono fuerte – Si lo hiciéramos no nos podríamos considerar “los buenos”. Nosotros borramos las memorias de la gente para que no recuerden lo que nos intentan hacer. Si ellos recuperan la memoria de todos, es como trabajar en vano. – Me miró antes de continuar – Él se debe de acordar de ti, y si es así podría buscarte. Por eso quería llegar pronto al departamento.
No había considerado el hecho de que alguien supiera que soy yo la persona de la que hablaban los libros, y por primera vez desde la noche que conocí a todos, en lugar de sentirme responsable por ello, sentí miedo.
- Pero no quisiste que regresara al departamento ese día. – Dije con la voz entrecortada.
Chris volteó a verme y sonrió.
- Porque sabía que serías capaz de pelear si era necesario – Contestó. – Además nadie te perdería de vista en ningún momento.
Sonreí. Me extendió la mano para ayudarme a levantarme y regresamos a la ciudad para desayunar.
Después del desayuno regresé a mi departamento a bañarme y me puse a arreglar algunas cosas.
Solía mandar fotografías a revistas y periódicos de vez en cuando, pero no lo había hecho desde el día que conocí a Chris, así que decidí contactarlos para ver si necesitaban algo. Afortunadamente una revista de turismo me pidió que mandara fotografías de la ciudad con algunas de mis notas.
Una vez que tenía todas las fotografías que había tomado, en la computadora, me di cuenta que había fotografías que jamás había visto. Me encontré con fotos del bosque en el que solíamos entrenar, de los rincones mágicos, de la habitación de Chris, de los atardeceres… ni siquiera tenía la cámara cuando fuimos a esos lugares. Simplemente no tenía sentido.
Le mandé un mensaje a Chris para preguntarle si sabía qué había pasado. Él llegó cinco minutos después.
- ¿Qué pasa? – Preguntó.
- ¿Tomaste mi cámara en algún momento? – Pregunté.
- No – Contestó – ¿Por qué?
- Tengo fotos de lugares a donde no la llevé.
- ¿Y crees que es magia? – Preguntó.
- Pues es la explicación de todas las cosas raras que me pasan hoy en día.
Se sentó frente a la computadora y comenzó a pasar las fotos.
- Son buenas – Dijo. – ¿No recuerdas qué hacías cuando estabas en esos lugares?
- Pues todas son de lugares o momentos lindos – Dije. En ese momento apareció en la pantalla una foto de los árboles del bosque con un cielo naranja detrás, que me hizo recordar ese momento. – “Solo tienes que pensar en lo que quieres que pase y hacerlo pasar” – Dije.
- ¿Qué?
- Yo las tomé. – Dije – Yo vi esa imagen la primera vez que fuimos al bosque y deseé que mis ojos pudieran tomar fotografías. – Expliqué. –  ¡Yo las tomé!
- Pues ahí está tu respuesta – Contestó sonriendo.
- Si, ahora tengo que mandar las fotos.
- Claro – Contestó sonriendo – ¿Quieres comer más tarde?
- Si, puedo verte en el departamento en cuanto termine.
- Bien – Contestó – Nos vemos.
Seguí buscando fotografías cuando Chris salió del departamento. Me tomó un par de horas terminar de mandar todo y hacer las notas, pero en cuanto terminé, tomé a Ragmando y fuimos con Chris.
Al llegar al departamento, me encontré con Chris rodeado de libros y dibujando líneas en un mapa.
- ¿Qué haces? – Pregunté.
- Nada… busco lugares en la ciudad. – Dijo – ¿Nos vamos?
Asentí con la cabeza y entonces Ragmando se convirtió en un perro. Salimos del departamento y fuimos a un restaurante cerca de ahí ya que Chris no quería que nos alejáramos mucho.
- ¿No crees que sea peor quedarnos aquí? – Pregunté – Digo, Daniel sabe que vivo en esta zona.
- En este momento ya nada está muy seguro – Dijo mirando el menú – Pero el departamento lo es y prefiero estar cerca.
Terminamos de comer y fuimos a buscar algunas cosas. Había pasado tanto tiempo fuera de mi departamento que lo había descuidado mucho, así que compré cosas para arreglarlo.
Regresamos al departamento cuando se metió el sol y comenzamos a preparar la cena. El resto de los muchachos llegaron un rato más tarde y comenzaron a arreglar todo.
Nos sentamos a cenar y estuvimos hablando de lo de siempre durante un rato. Chris mencionó que estaba buscando lugares poco concurridos (lo cual es difícil en Nueva York) para llevar la atención de ellos (Les llaman “Ellos” a quienes yo llamo “Los malos”) a esos lugares, en lugar de las calles en donde había rincones mágicos, que solían ser muy transitadas. Se inició una discusión respecto a esto durante el resto de la cena.
Al terminar de cenar y una vez que recogimos y limpiamos todo, me despedí y regresé al departamento con Ragmando en mi hombro. Fui a mi habitación y me quedé dormida.
Al día siguiente volví a despertar a las cinco de la mañana para entrenar con Chris. Esta vez ambos regresamos con varios moretones  y yo obtuve un corte en la frente.
Tomamos el desayuno con los demás y al final todos se comenzaron a ir.
- Oye, me voy – Dijo Chris. – Hoy Bill se queda contigo.
- Genial – Contesté.
Me miró un momento.
- Te queda bien esa herida – Dijo tocando el corte de mi frente con cuidado – Lástima que mañana estará menos dramática.
Sonreí y él salió del departamento.
Le dije a Bill que esperara a que me cambiara. Eso hice y luego lo vi frente a mi edificio. El día estaba bastante lindo, así que esperaba que estuviéramos afuera.
- ¿A dónde quieres ir? – Preguntó.
- ¿Te parece ir al parque? – Pregunté.
- Vamos – Contestó.
Esta vez, por primera vez en un mes, tomamos el metro. Me seguía preocupando que Ragmando cambiara de forma, pero parecía estar muy tranquilo entre la gente.
Llegamos a Central Park unos minutos después y caminamos por ahí durante un par de horas mientras hablábamos. Casi no habíamos hablado desde qué nos conocimos, así que fue genial poder hacerlo.
Después de pasear por ahí durante horas, decidimos ir a comer pizza.
- Creo que sus días conmigo son sus días libres – Dije mientras comíamos.
- Si – Contestó sonriendo – Dudo que cualquiera de nosotros se haya relajado tanto en mucho tiempo.
Nos tomaron la orden y mientras esperábamos, Bill comenzó a hacer preguntas.
- ¿Y qué hay de ti? – Preguntó – ¿Le has dicho a tu familia sobre todo esto?
- No hablo con mi familia – Contesté.
- ¿Por qué no? – Preguntó extrañado.
- Mis padres se separaron cuando yo tenía quince años – Dije – Mi mamá se mudó a Chicago y jamás volví a hablar con ella, y mi papá se fue a Canadá cuando entré a la universidad. Tampoco he hablado con él desde entonces.
- Lo siento, no sabía.
- Está bien – Contesté. – Jamás lo dije.
- ¿Sabes? – Preguntó – Todos creíamos que lo que decía el libro estaba mal porque tú no cumplías con todo lo que decía. Siempre creímos que eras demasiado alegre como para venir de una vida oscura y sin magia…
- No es oscura si decides ponerle color – Dije.
Bill sonrió y cambió de tema.
Terminamos de comer y regresamos al departamento, esta vez a pie. Unas cuadras antes de llegar a este, nos detuvimos en una tienda para comprar comida y luego regresamos al departamento. Al llegar a este, ya estaban todos ahí y comenzaron a sacar cosas de las bolsas para cocinar.
Al terminar la cena, regresé a mi departamento y me acosté a dormir. Pronto todo se nubló y me encontré a mí misma en la calle, viendo rallos volar por todos lados y gente corriendo histérica. Vi como pasaban Chris y Karla corriendo a mi lado, pero yo no podía hablarles ni seguirlos. Me quedé parada en medio de la calle, intentando gritar, pero no podía. Vi cómo se producían explosiones y chocaban rallos contra las paredes y las ventanas de las tiendas; lo siguiente que vi fue una gran explosión viniendo hacia mí. En ese momento me desperté con los ladridos de Ragmando, que estaba sobre mí.
Me levanté y prendí la luz. Solo había sido un sueño, pero se había sentido muy real. Me dolía la cabeza, estaba sudando y las manos me temblaban, así que fui a la cocina a tomar algo para calmarme.
Me senté en el borde de una ventana y miré hacia la calle; ésta estaba bien, no había nadie corriendo ni había incendios. En realidad estaba bastante tranquila.
Poco tiempo después, Chris tocó la puerta. Me levanté un poco más calmada y al abrir la puerta, lo cual lo sorprendió bastante.
- ¿Estás bien? – Preguntó confundido.
- Si ¿Por qué?
- Nunca estás despierta a esta hora – Contestó – Menos con la luz encendida.
- Estoy bien – Contesté intentando sonreír – Solo me levanté por agua.
Le dije a Chris que pasara. Él se sentó en el sillón y acarició a Ragmando.
- No voy a seguir con esto – Dije después de un rato.
- ¿Qué cosa? – Preguntó Chris bastante confundido.
- Ya me cansé de no hacer nada – Dije – Hay gente perdiendo sus casas y sus familias todos los días y yo solo me siento a ver cómo pasa.
- Fuiste con nosotros el otro día. – Contestó Chris.
- Pero eso no cambió nada – Dije – Quiero cambiar las cosas, quiero pelear y que dejen en paz a la gente. Ustedes también lo quieren y se supone que estoy entrenando para hacerlo, pero simplemente no pasa. ¿No les molesta estar frente a lo que se supone que les puede ganar la guerra y no usarlo?
- No podemos solo llegar a pelear sin saber nada antes, Elaine – Contestó con un tono fuerte. – Entiendo que estés molesta, pero no es tan fácil.
- Pero llevan años esperando esto – Contesté frustrada – Conocen bien lo que pasa, lo que ellos hacen y dónde están. Lo único que están haciendo ahora es esperar  a que una gota derrame el vaso y lo saben.
- ¿No tienes miedo? – Preguntó sin más.
- Soy el blanco, pelee o no. – Contesté.
- Mira – Dijo después de un momento – Hablaremos con los demás en cuanto lleguen al departamento ¿sí? Yo no puedo simplemente decidir si te pondré a pelear o no. Ahora vamos a entrenar, sé que no quieres hacerlo, pero mientras más lo hagas, mejor preparada estarás.
Me puse otra ropa y fuimos al bosque. Regresamos a la ciudad a las nueve y ayudamos a preparar el desayuno. Una vez en la mesa, Lucas dijo lo inesperado.
- Vamos a atacar – Dijo.
- ¿Enserio? – Preguntó Chris.
- Si – Contestó – Creo que ya fue demasiado.
- ¿Y qué haremos? – Preguntó Karla.
- Sabemos que intentan atacar el Empire State – Dijo Bill. – Puede ser ahí.
- ¿Cómo saben eso? – Pregunté.
- Tenemos gente de nuestro lado en el suyo – Dijo Lucas. – Y sí, debe ser ahí. No podemos dejar que lleguen al edificio, porque entonces se haría un caos.
- ¿No estaban buscando lugares poco concurridos? – Pregunté.
- Era esto o Times Square – Dijo Chris. – Decidimos decirles que estabas oculta en algún lugar de la 5ta avenida y ellos supusieron que es ahí.
- No sabemos por qué pensaron que estarías ahí – Dijo Miguel – Eso es asunto de ellos.
- Lo malo es que seguro pensarán que estaremos cuidando el lugar. – Dijo Bill.
- Somos más – Dijo Karla. – y nos hemos preparado para esto desde siempre.
- Aun así, no hay que confiarnos – Dijo Lucas.
Terminamos de desayunar y esta vez nadie se fue del edificio, sino que, al terminar de limpiar la mesa, sacaron mapas, libros y fotos.
Comenzaron a planear lo que se haría. Podía verlos mencionar cada detalle sobre la seguridad, cámaras, rieles del metro y personas que estarían en el lugar a cada hora del día.
Aunque todo el asunto se haría en el Empire State y se fuera a causar un alboroto, nadie quería hacerlo aún más grande, así que decidieron que sería en la madrugada (Cómo si eso no fuera obvio). Los “espías” que solían pasar información de un lado al otro, les dirían a “Ellos” que lo mejor sería que fueran ahí a las dos de la madrugada.
Ya en la tarde, todos salieron a buscar a los demás magos para decirles el plan. Chris y yo nos quedamos en el departamento.
- ¿Qué hay del resto de los magos? – Pregunté. – Los que no viven en Nueva York.
- Supongo que también pelearán – Contestó Chris. – Pero ya es bien conocido que estás aquí, así que este es el lugar más importante.
- ¿Qué se supone que haga? – Pregunté.
- No lo sé – Contestó – Supongo que pelear igual que los demás. Los libros no dicen qué tienes que hacer.
- ¿Y si después de todo no puedo hacer nada? – Pregunté.
- Haremos todo lo que sea posible. – Contestó. – Ahora vamos a comer.
Salimos y fuimos hacia el centro de la ciudad para comer algo. Quería distraerme de todo lo que estaba pasando en el momento, pero enserio no podía.
- ¿Cuándo vamos a atacar? – Pregunté cuando nos trajeron la comida.
- Esta semana – Contestó – Pero no sabemos qué día. Si algo hemos aprendido de ellos es que no son muy organizados.
No paraba de pensar en lo que podría pasar. Jamás había estado incluida en algo tan grande y no sabía cómo actuar al respecto.
- Tranquilízate – Dijo Chris después de un rato de no haber dicho nada – No has parado de moverte desde que llegamos.
- Lo siento – Contesté – Pero es difícil no pensar en ello.
- Lo sé, lo he vivido toda mi vida. Te acostumbrarás con el tiempo.
Terminamos de comer sin mí haciendo comentarios sobre el tema y cada vez que me quedaba callada, Chris intentaba meter otro tema en la conversación para que no pensara en lo de la pelea.
El resto de la tarde hicimos muchas cosas (Creo que Chris quería que me cansara o algo), fuimos a Times Square y entramos a un musical, después compramos algunas cosas y finalmente regresamos en metro al departamento.
Cuando llegamos frente al edificio, pasaban las doce de la noche, así que le dije a Chris que prefería ir directo a mi departamento. Nos despedimos y nos separamos. Al llegar a mi departamento me serví un plato de cereal y me puse a ver películas.
A la mañana siguiente me desperté con la computadora en las piernas y Ragmando acurrucado a mi lado. Miré por la ventana y vi que el cielo tenía un color claro, luego vi el reloj y me di cuenta que eran las siete. Iba a mandarle un mensaje a Chris cuando alguien tocó la puerta y al abrirla me encontré con él.
Se disculpó por no avisar que llegaría tarde y luego me dijo que solo tenía que enseñarme a hacer un hechizo. Cinco minutos después nos encontrábamos en el claro de siempre. Me enseñó cómo borrar la memoria de la gente. A diferencia de los demás hechizos, este incluía un movimiento de manos bastante complejo, el cual no me salió hasta dos horas después.
Regresamos a la ciudad y decidí que desayunaría en mi departamento, así que entré a este, preparé un bello desayuno, abrí las persianas, puse música y traté de no pensar en la batalla que se acercaba. Al terminar mi desayuno decidí que saldría y haría algo durante el día. Me arreglé para salir, Ragmando se convirtió en un enorme perro y salimos a la calle.
Me dirigía hacia el parque cuando escuché que alguien me gritaba. Al dar la vuelta vi a todos saliendo del edificio del departamento de Chris (como siempre hacían después del desayuno).
- ¿A dónde crees que vas? – Preguntó Karla.
- No lo sé – Contesté – A cualquier lado.
- No puedes irte así nada más – Dijo Chris – Alguien debe ir contigo.
- Pero no quiero que nadie venga conmigo – Contesté – quiero estar sola. No es personal, simplemente quiero estar sola.
- Alguien te tiene que acompañar – Insistió Lucas.
- No tienen que… – Dije – Su gran batalla va a ser esta semana y entonces ninguno va a estar detrás de mí, defendiéndome.
- Sabes que sí – Contestó Iris con una mirada insistente.
- Los sé, lo siento – Contesté apenada – Pero ahora quiero estar sola ¿si? me gusta estar sola de vez en cuando. Prometo que no llegaré tarde.
Todos se quedaron pensando un momento y al final decidieron dejarme ir.
No había estado sola en mucho tiempo y enserio lo extrañaba. Fui a comprar música a una tienda, libros a otra y en la tarde compré algo para comer, y fui al parque. Jugué con Ragmando el resto del día y después regresé al departamento. Una cuadra antes de llegar a este, me encontré con Bill caminando en la calle.
- ¡Hola! – Dijo alegre.
- Hola – Contesté – ¿Es tarde?
- No, vas a tiempo. – Contestó – Voy a comprar pizza para cenar ¿Vienes?
Lo acompañé a una pizzería que había cerca y luego regresamos juntos al departamento. Esta vez, al entrar no había desorden en la cocina, sino en el comedor y la sala, que estaban cubiertos de papeles y todos iban de un lado a otro buscando mapas y otras cosas.
Cuando vieron que habíamos llegado, despejaron el centro de la mesa para que pusiéramos las cajas en esta y luego comenzamos a comer.
Parecía que no habían parado de hacer cosas en todo el día y este había sido su único tiempo libre desde la mañana.
- ¿Cómo te fue? – Preguntó Iris antes de tomar un pedazo de pizza.
- Bien – Contesté – Fue un lindo día. ¿Cómo les fue a ustedes?
- Pues ya todos saben lo que va a pasar, sabemos dónde nos podemos esconder y como atacar – Dijo Chris – Así que creo que fue un día productivo.
Comimos y luego nos quedamos platicando un rato. Eran cerca de las once y media cuando nos levantamos para limpiar todo; de nuevo se hizo un nudo de gente en la cocina, con todos limpiando y ordenando los papeles, pero un momento después alguien rompió con el ruido.
- Es hoy – Dijo Iris con un papel en la mano y una mirada desconcertada – Ahora.
-  ¿Qué? – Pregunté sin entender.
- La batalla – Aclaró – Es hoy.
- Pero no son ni las doce – Dijo Bill, tomando el papel.
Se hizo un silencio tenso en la cocina mientras todos intercambiaban miradas y se pasaban el papel; un segundo después el ruido regresó al departamento y todos comenzaron a tomar cosas y papeles. – ¡Es hora! – Gritó Lucas – ¡Todos saben lo que les toca hacer!
Comenzaron a salir del departamento, uno a uno. Chris se quedó conmigo y comenzó a explicarme todo.
- Me quedaré contigo, ¿está bien? – Dijo, poniéndose una sudadera. – Tenemos que ir al centro y pasaremos por unas personas.
- ¿Qué tenemos que hacer? – Pregunté nerviosa.
- Pelear – Contestó y me lanzó la sudadera que me había prestado la primera vez que fuimos al bosque. – Póntela, nos vamos.
Hice lo que me pidió, Ragmando se volvió a convertir en un enorme perro y salimos a la calle. Caminamos hacia el centro y nos detuvimos en un restaurante del cual salieron tres magos con sudaderas puestas.
- ¿Para qué las sudaderas? – Pregunté.
- Para que sepas a quien atacar – Contestó.
Caminamos unas calles más hacia el norte y nos metimos a una estación del metro, revisamos que no hubiera nadie y después de un jalón, aparecimos dos cuadras antes del Empire State.
Los demás entraron a un departamento y nosotros seguimos caminando.
- ¿Detendrán el tiempo? – Pregunté.
- Si, pero no ahora – Contestó – Deben ver lo que pasa antes de hacerlo.
- ¿Por qué? – Pregunté.
- Porque no podremos arreglarlo.
Entramos a una tienda de sándwiches que estaba cerrando sus puertas y subimos unas escaleras. Llegamos a la azotea del edificio, de la cual se veía muy bien la entrada al Empire State.
Desde donde estábamos pudimos ver cómo se acomodaban un montón de magos con sudaderas alrededor del edificio. Un minuto después de esto, un rayo salió de una ventana y todos los que rodeaban el Empire State, respondieron.
En seguida vimos cómo llegaban personas corriendo y salían rayos volando hacia todos lados. La gente que estaba en las calles corrió a buscar refugio mientras nosotros comenzamos a atacar desde la azotea del edificio, pero luego nos comenzaron a lanzar rayos a nosotros.
Dos magos aparecieron en la azotea y entre los tres comenzamos a atacar. Llegó un momento en el que incluso dejaron de usar hechizos y comenzaron a lanzar golpes. Uno de ellos me golpeó en la cara y justo después Ragmando le mordió una pierna y lo tiró al suelo.
Dos de nuestro bando entraron a la azotea y nosotros bajamos a la calle. Una vez en esta, uno de ellos nos lanzó un hechizo por enfrente y otro por atrás. Mientras peleábamos con ellos, comenzaron a llegar más magos de ambos bandos, entre ellos se encontraba Daniel. Al verlo me puse bastante nerviosa, pues era la única persona que sabía que yo era la persona del libro.
Cuando Chris lo vio, le lanzó un hechizo que lo hizo caer al suelo. Muchos rayos caían cerca de su cuerpo en el piso y temí que alguno lo matara, así que en cuanto pude, corrí hacia él, me le tiré encima y después de un jalón aparecimos en el bosque. Habíamos dejado el ruido y el desastre en la ciudad y ahora nos encontrábamos en el claro con un cielo despejado y un viento frío rodeándonos.
Dan estaba inconsciente, así que esperé a que despertara para ver si estaba bien. Me senté junto a él y miré el horizonte. A lo lejos, bajo un cielo iluminado por luces, se veían rayos saliendo disparados por todos lados. Entonces supe que también peleaban en el lugar en donde había crecido Chris, y seguramente en el resto del mundo…
Unos minutos después de haberme sentado junto al cuerpo de Dan, este se movió y se incorporó lentamente. Se quedó sentado a mi lado, muy desconcertado.
- ¿Dónde estoy? – Preguntó.
- En un bosque. – Contesté. – ¿Recuerdas lo que acaba de pasar? – Pregunté, temiendo que le hubieran borrado la memoria.
- Sí, claro – Contestó. – ¿Y tú?
- Si – Contesté confundida.
- ¿Entonces por qué sigues aquí? – Preguntó.
- Quería ver que estuvieras bien. – Contesté.
- ¿Por qué? – Preguntó extrañado – Soy uno de ellos, podría matarte si así lo quisiera.
- Pero no quieres. – Contesté – Si así fuera, ya lo habrías hecho.
No dijo nada en un rato.
- ¿Por qué lo haces? – Pregunté. – ¿Por qué estás con ellos si no te atreves a matarme?
- Supongo que nunca pensé que llegaría tan lejos. – Contestó.
- ¿Por qué lo hacen los demás?
- Porque es mejor ser temido y respetado a ser tratado como basura. – Contestó. – Somos solo una bola de magos que preferían tener una mejor vida a seguir con su miseria. Así fue desde el principio… – Continuó – Los que comenzaron con esto no eran más que un grupo magos que se cansaron de ser maltratados y creyeron que la manera de terminar con eso, era hacer lo mismo a los demás…
- Pudiste haberte unido a nosotros – Dije – Ninguno de nosotros tuvo la mejor infancia ni la mejor familia.
Me miró con una mirada incrédula, pero con un poco de impresión.
- ¿Sabes cuál es la única diferencia entre ustedes y nosotros? – Negué con la cabeza, nerviosa. – Ustedes siempre ven por alguien más – Continuó – nosotros sólo vemos por nosotros mismos.
- ¿En qué te beneficia no matarme? – Pregunté.
- En nada. – Contestó.
- Entonces no estás viendo sólo por ti. – Contesté – Tú no eres uno de ellos.
- ¿Y esperas que ahora seamos amigos y me vaya con ustedes? – Preguntó con sarcasmo.
- Sí.
- Me matarían. – Contestó.
- No lo harán – Dije – Debe haber alguien como tú entre los demás – Dije – ¿No tienes amigos o personas que sean como tú?
- Seguro que sí – Contestó – Pero también temen que los maten.
- Pero tú no lo harías – Contesté.
Dan se quedó callado, pensando…
- Tengo miedo. – Contestó.
- Estarías loco si no lo tuvieras – Conteste – Te cubriré la espalda – Continué – Por favor, necesitamos toda la ayuda posible.
- Bien – Dijo después de una pausa. – Pero tendrás que esconderte.
- Claro – Contesté.
Le extendí la mano, pensé en Bryant Park y un segundo después aparecimos ahí. Nos fijamos si había alguien cerca, y al no ver a nadie comenzamos a correr hacia el Empire State.
Ya habían detenido el tiempo, así que había menos ruido en la ciudad, pero podíamos escuchar los gritos y ver los rayos en el cielo mientras nos acercábamos. Unas cuadras antes de llegar, Dan se detuvo y me dijo que iría solo.
- Dije que te cubriría la espalda. – Contesté.
- Lo sé – Contestó – Pero si eres tan importante como dice el libro, no es buena idea que vengas conmigo.
- Te veré frente al edificio, entonces.
Dan asintió y salió corriendo. Yo seguí corriendo hacia el Empire State, pero poco después llegaron a atacarme.
Sin pensarlo, comencé a lanzar rayos a diestra y siniestra, y un momento después se me unieron otros magos que borraron las memorias de los que me habían atacado. Volteé a ver a quienes me habían ayudado y me di cuenta que eran Karla y Miguel.
- Elaine – Dijo Miguel resoplando – ¿Qué haces aquí?
- Intento ayudar. – Contesté, también resoplando.
- Escuchamos lo que hiciste hace rato – Dijo Karla – ¿Dónde está el chico?
- Intenta ayudar – Contesté. – ¿Dónde está Chris?
- Entró al edificio – Contestó Miguel. – Pero no es seguro que entres.
- Ningún lugar es seguro ahora – Contesté – ¿Saben si Ragmando está con él?
- Supongo que sí. – Contestó Karla.
- Entonces voy a buscarlos.
Después de decir esto, nos separamos. Yo seguí corriendo hacia el edificio, respondiendo a todo aquel que intentara atacarme. Había una gran batalla frente a éste y rayos volando por todos lados. No sabía por dónde entrar, así que me metí en el pleito, intentando llegar a la puerta.
No pasó mucho tiempo antes de que recibiera otro golpe en la cara o tuviera que esquivar algún rayo. Comencé a pelear con alguien, y mientras trataba de esquivar sus golpes, intenté hablar con él.
El hombre comenzaba a confundirse con lo que yo decía. Pregunté por qué peleaba y el hombre no contestó. Un segundo después un rayo calló cerca de nosotros y el tipo calló al suelo. Se quedó sentado en el piso, mirándome confundido. Yo lo miré un momento y después seguí corriendo hacia la puerta. Logré acercarme más al edificio pero había una gran bola de gente frente de este.
Intenté buscar algún lugar despejado pero por todos lados salían personas corriendo o rayos volando. Mientras buscaba algún lugar por donde colarme, alguien me tomó por el brazo y un segundo después estábamos en otro lugar. Al separarme me di cuenta que era Iris.
- ¿Por qué no estás con Chris? – Preguntó.
- Intento ir con él – Contesté. – ¿Cómo entro al edificio?
- Creo que él apareció dentro – Preguntó. – ¿Por qué no lo haces?
- Jamás he estado ahí, no sé en donde aparecerme.
- Yo te ayudo – Dijo – Te llevaré dentro.
Me volvió a tomar del brazo y en seguida estábamos dentro del Empire State, en algún piso vacío.
Me dijo que se tenía que ir y que Chris estaría algunos pisos más arriba. Cuando se fue yo corrí escaleras arriba.
Mientras subía, pude escuchar como retumbaban los hechizos en los edificios y los gritos de la gente.
Había subido varios pisos cuando choqué con alguien, que para mí mala fortuna no llevaba una sudadera puesta. Me dio un golpe en la cabeza que me hizo caer al suelo y luego un rayo me sacó volando contra una pared. Intenté levantarme, pero el golpe me había mareado bastante y veía borroso. Aun así pude notar que la persona se acercaba a mí, así que lancé un rayo, pero fallé. Un segundo después alguien se lanzó sobre la persona y lo tiró al piso.
Me incorporé, aun viendo borroso y vi que era una criatura cubierta de pelo. Entonces comprendí que era Ragmando.
Recuperé mi visión normal y me acerqué a Ragmando, que había mordido a la persona y de nuevo la había tirado contra el suelo. Lo abracé y después escuché que alguien bajaba las escaleras. Entré en pánico, pero cuando salió de las escaleras, vi que era Chris. Se detuvo al verme y después se agachó para abrazarme.
- ¿Estás bien? – Preguntó – ¿Cómo es que sigues viva?
- Estoy bien – Contesté – Vengo a ayudarte.
- ¿Dónde estabas? – Preguntó de nuevo – ¿Dónde está él?
- Intentaba averiguar lo que tengo hacer – Dije – Él nos ayudará.
- ¿Qué? – Preguntó confundido – ¿Por qué lo haría?
- Porque tal vez no es tan malo como creíste que era. – Contesté.
Nos levantamos y seguimos corriendo escaleras arriba. Al parecer había estado fuera por casi dos horas y habían logrado aparecer en lo alto del edificio. Detuvieron el tiempo cuando escucharon que se acercaba la policía y por el momento ya no sabían qué tenían que hacer.
- ¿Entonces cuál es su plan para terminar con esto? – Pregunté.
- No lo sé – Contestó – ¿Borrar la memoria de todos?
- Están peleando en muchas otras partes, no solo aquí. – Dije – ¿Enserio creen que eso se puede?
- No… – Contestó – Pero ya se nos acabaron las ideas.
Mientras caminábamos hacia arriba escuchamos a alguien subiendo tras nosotros. Mi primer idea fue correr, pero Chris dijo que debíamos quedáramos quietos. Segundos después apareció Dan en la escalera.
- ¡Dan! – Grité. – ¿Qué haces aquí? – Pregunté.
- Me encontré a tu amiga frente al edificio y me dijo que estabas dentro.
- ¿Iris? – Preguntó Chris con una voz muy grave.
 - No sé – Contestó – La de cabello castaño y enmarañado.
- Fue Iris. – Contestó Chris – ¿Por qué te dejó entrar?
- Porque quiero ayudar. – Contestó.
- ¿Desde cuándo quieres ayudar? – Preguntó Chris. – ¡Hace dos horas la querías matar! – Gritó señalándome.
- Pero sigo viva – Contesté antes de que iniciaran una pelea. – ¿Conseguiste a alguien? – Pregunté a Daniel.
- Si – Contestó – Tengo a varios. Una de ellas está en el piso de abajo.
Comenzó a bajar las escaleras y nosotros lo seguimos. Un piso más abajo nos encontramos con una chica de cabello largo y oscuro.
- Ella es Raya – Dijo.
La chica nos saludó.
- ¿Y cuál es el plan hasta hora? – Preguntó Dan.
- No lo sé – Contesté.
- ¿No lo saben? – Preguntó Raya sorprendida. – ¡Están en medio de una guerra!
- ¿Alguna sugerencia? – Preguntó Chris.
- Pues aquí no lograrán nada – Contestó Raya – La persona que les puede ayudar a terminar con esto está en el edificio Chrysler.
- ¿Y por qué no nos está ayudando? – Pregunté.
- Porque él no está de su lado – Contestó Dan – Ni del nuestro si es que esto se considera un lado. – Añadió.
- ¿Entonces cómo nos ayudaría? – Preguntó Chris.
- Pues ustedes son ingeniosos – Contestó Raya – Ya llegaron hasta aquí ¿o no?
Ambos nos quedamos callados. Creo que entendimos que tenía razón hasta cierto punto.
- Los podemos llevar – Dijo Dan.
- Supongo que es un mejor plan que el que tenemos ahora – Contesté.
- Bien – Dijo Dan – Pero tienen que confiar en nosotros ¿Si?
Chris no contestó nada, pero estaba segura que no confiaba en Dan. Yo intenté opacar un poco su silencio con un tembloroso “Si”.
- Entonces yo iré contigo – Dijo refiriéndose a mí – Y tu amigo irá con Raya.
- No – Contestó Chris.
- No fue una pregunta – Dijo Raya.
Después de eso, lo tomó del brazo y ambos desaparecieron.
- Mira – Dijo Dan aprovechando el silencio. – Yo sé que él no confía en mí, pero es imprescindible que tú lo hagas.
- Yo confío en ti – Contesté.
- No, no entiendes. – Interrumpió – Debes confiar en mí sin importar qué, no solo decirlo. Si no confías en mí, esto no va a funcionar.
- Confío en ti. – Contesté más seria.
- Bien – Dijo – Esconde al camaleón.
Ragmando se volvió a convertir en camaleón y se metió en una bolsa de mi sudadera. Después de esto Dan me tomó del brazo y un jalón nos movió de lugar. Esperaba llegar a alguna habitación vacía o a un pasillo, pero había llegado a una habitación llena de gente y para mi sorpresa, Lucas, Bill, Iris, Miguel y Chris estaban ahí, sujetados por otros magos.
Daniel me puso ambos brazos en la espalda, igual que a los demás y otro mago me sujetó. Supuse que todo era parte de su plan y ellos serían las personas que había conseguido.
- ¿Dónde está? – Preguntó Dan.
- Arriba – Contestó uno de los magos que había en la habitación.
- Ya no – Dijo una voz al fondo.
Volteamos al lugar de donde venía la voz y vimos que por la puerta entraba un hombre mayor, con barba y cabello canosos.
- Un gusto conocer a los revoltosos de la historia – Dijo el hombre.
- Igualmente – Contestó Lucas.
El hombre sonrió. Detrás de él venía un grupo de personas, de entre las cuales pude reconocer a Andrés, el chico que había fotografiado en el parque un par de semanas atrás.
- Qué patético es no llegar lejos ¿Verdad? – Dijo el hombre.
- ¿Tú quién eres? – Pregunté.
Sentí las miradas de todos sobre mí, incluyendo la de ese hombre.
- Me llaman… – Comenzó a decir.
- Philip – Interrumpió Lucas – Es uno de los que comenzó con esto.
- El único que sigue vivo – Aclaró. – Me sorprende que no lo sepas.
Me barrió con la mirada y luego se volvió hacia Daniel.
- ¿Y tú? – Preguntó con un tono despectivo – ¿Ya te rendiste?
- No, señor – Contestó nervioso – Vine a traerle a la chica.
- ¿Ah sí? – Preguntó con sarcasmo – ¿Y dónde está ella?
- Acaba de hablar con ella – Contestó Dan.
Philip volvió a verme con impresión y se acercó un poco.
- Disculpa – Dijo aun con su tono despectivo – Pero esperaba algo mejor.
- Y yo esperaba a alguien con un mejor nombre – Contesté.
En ese momento comencé a sentir un dolor horrible en las muñecas y comprendí que el tipo que me sostenía, me estaba quemando.
- ¡Basta! – Gritó Chris.
Philip volteó a verlo, pero el dolor solo se hizo peor y no se detuvo hasta que le indicó al tipo que me sostenía, que parara. Después de eso se agachó hacia mí para decir algo.
- Quiero que tengas en mente – Comenzó – Que no eres la primer persona que dice lo mismo… y que aun con este nombre, la gente teme de mí.
- Yo no – Dije con voz temblorosa y tratando de ignorar las punzadas que sentía en los brazos – Yo no te temo.
- ¡No, claro! – Contestó – Pero en el fondo sabes que eso es solo una capa, que esto no te toca, que no deberías estar aquí, que en cualquier momento yo puedo lastimarte a ti y a tus… amigos, si es que se les puede llamar así. – Hizo una pequeña pausa y comenzó a caminar por la habitación – Porque… – Continuó – si no fuera por ellos tú no estarías aquí, no tendrías las muñecas quemadas y el rostro lleno de golpes. Si no fuera por ellos tú estarías tranquila, en tu departamento, dormida…
- No es su culpa – Contesté – Viví cosas increíbles con ellos. Tú tal vez entenderías lo que es querer a la gente si no fueras tan ignorante y tan pedante. Y no lograrás asustarme si es lo que planeas, porque ya me hice la idea de que me vas a matar.
El tipo comenzó a reír y poco después pidió que me soltaran. Cuando lo hicieron volteé a ver a los demás y vi que todos estaban igual de desconcertados que yo. Pensé en atacarlo, pero poco antes de hacerlo vi a Andrés en el fondo de la habitación, negando sutilmente con la cabeza.
Philip se volvió a acercar a mí para hablar.
- ¿Crees que te voy a matar? – Preguntó aun riendo – Tú me eres muy útil, niña. Háblame de tu poder.
- No es la gran cosa – Contesté.
- Cualquiera diría eso – Dijo. – Pero yo quiero saber de todos modos.
Lo miré un momento y después vi de reojo, cómo se acercaban algunas personas hacia donde estaban los demás.
- Sólo puedo sanar más rápido – Contesté – No es la gran cosa.
- Veamos qué tan rápido sanas. – Dijo. – Para comprobar si me sirve.
Movió el brazo para lanzar un hechizo cuando de repente sonó un escándalo en el cuarto y Philip salió volando. Volteé para ver qué había pasado y vi que habían atacado a los que tenían sujetos a los demás. Entonces entendí que los que se estaban acercando a ellos, no eran más que los amigos de Dan.
En seguida, Iris y Bill comenzaron a borrar las memorias de las personas que estaban en la habitación, pero poco después, un rayo cruzó por la habitación y chocó con la pared que estaba tras nosotros.
Philip no había quedado inconsciente con el golpe y ahora estaba realmente enfadado. Entre todos intentamos detenerlo, pero evitaba todos nuestros hechizos. En ese momento Ragmando salió de mi bolsa y se volvió a convertir en la criatura peluda que había en el Empire State. Se lanzó hacia Philip, pero este lo golpeó con un hechizo que lo sacó volando por una ventana.
Sentí un nudo en el estómago al ver eso y quise ir hacia la ventana, pero Philip logró acercarse a mí y me tomó por el cuello; los demás intentaron derribarlo, pero los sacó volando. El tipo era más fuerte de lo que parecía y comenzaba a quedarme sin aire, sin embargo, alguien logró aturdirlo y me soltó. Corrí hacia el otro extremo de la habitación para alejarme de él y cuando volví la cabeza vi cómo se desataba una pelea entre él y Lucas.
Lucas parecía un desquiciado. Lanzaba un hechizo tras otro tratando de herir a Philip, pero este repelía todos como si nada. Segundos después, mientras los veíamos pelear, escuchamos un golpe fuera del edificio, seguido de un sonido de sirenas. Había vuelto a correr el tiempo.
Entraron por la puerta otros magos, lanzando hechizos hacia todos lados y nosotros respondimos. Teníamos poco tiempo antes de que llegara la policía a donde estábamos, así que lo que fuéramos a hacer, tenía que ser pronto.
Lancé un rayo a Philip mientras peleaba con Lucas, lo cual lo hizo caer al suelo, en seguida Lucas se acercó para borrarle la memoria pero alguien más lo derribó.
Ahora que Philip solo se preocupaba por lo que yo le lanzaba, era más difícil derribarlo y yo no tenía tanta habilidad para evitar sus hechizos, así que llegó un momento en el que yo terminé en el suelo. Me levanté lo más rápido que pude, pero él ya estaba demasiado cerca.
- ¿Crees que puedes conmigo? – Gritó mientras se acercaba. – ¿Crees que una mocosa como tú, puede conmigo?
- Yo no – Contesté – Pero las miles de personas que has suprimido, sí.
- No – Contestó – Ellos dependen de ti para ganar esto y tú ni siquiera te atreves a matarme.
- ¡No te mataré! – Grité intentando imponerme – ¡No soy como tú!
- Perfecto – Dijo – Porque ya que no quieres regalar tú poder, no tengo otra opción más que matarte y el hecho de que no te defiendas, lo hace más fácil.
El tipo me empujó contra la pared. Intenté defenderme, pero era más fuerte que yo. Vi un rayo frente a mí y después todo se volvió blanco.

Abrí los ojos y frente a mí, estaba en mi habitación, Ragmando estaba enroscado al pie de mi cama y Chris sentado junto a esta con la cabeza recargada en el colchón. Me moví un poco y Chris se incorporó de inmediato. Se quedó mirándome sin decir nada.
- ¿Dónde estoy? – Pregunté.
Sus ojos se tornaron cristalinos y después de un suspiro hondo, contestó.
- En tu habitación. – Dijo y tragó saliva – En Nueva York. Vives en un departamento cerca del Washington Square Park. Yo soy Chris Wood, te conocí hace varios meses en una librería, él es Ragmando – Dijo señalándolo – Yo te lo regalé después de haberte roto un brazo. Trabajas en una cafetería en Park Avenue, tienes varios amigos ahí, incluyendo a tu jefa, Karla. También están Miguel, Iris, Bill y Lucas. Son tus amigos… – Se quedó callado un momento, viéndome – No los olvides, por favor, no nos olvides.
- ¿Moriste? – Pregunté.
- No – Contestó confundido y con una voz temblorosa.
- ¿Y por qué estás aquí? – Pregunté – Yo morí, Ragmando también.
Chris se quedó callado, viéndome con impresión, pero parecía muy confundido.
- ¿Tú… – Preguntó – te acuerdas de nosotros?
- Si – Contesté – ¿Por qué no lo haría?
- ¿Qué es lo último que recuerdas? – Preguntó.
- Peleaba con Philip, me dijo que me mataría y luego un rayo.
En el rostro de Chris se había dibujado la sonrisa más grande que jamás había visto.
- No moriste – Dijo, aun sonriendo – Le lancé un rayo a Philip y se cruzó con el que te lanzó a ti. Ambos se desviaron, el suyo lo golpeó a él y murió al instante, y el mío te golpeó a ti… y te debió haber borrado la memoria.
- Pero me acuerdo de todo… – Contesté.
- Me di cuenta – Dijo – y no lo entiendo.
- Pero Ragmando murió – Dije – lo vi caer por la ventana.
- Ragmando es un animal mágico – Contestó – se puede convertir en lo que necesite, incluso un animal con alas para salvarse de caer de un edificio.
En ese momento entró Miguel en la habitación y se detuvo en seco al verme platicando con Chris.
- ¡Se acuerda de todo! – Gritó Chris, emocionado.
Miguel me miró sin entender y luego se acercó para revisarme. Después de ver que todo mi ser estaba normal, no tuvo más remedio que dejar que me levantara.
Salimos a la sala y me sorprendió ver que no estaban los demás ahí. Ya me había acostumbrado a ver desastre cada vez que entraba a una cocina, y no verlos ahí me pareció muy raro. Chris fue por los demás a su departamento y Miguel y yo nos quedamos en el mío.
- ¿Cuánto tiempo dormí? – Pregunté.
- No tanto – Contestó sonriendo – No ha pasado ni un día desde lo ocurrido. A penas son las nueve de la noche.
- ¿Por qué recuerdo todo? – Pregunté de nuevo.
- No lo sé – Contestó – Ese hechizo suele afectar a cualquiera… pero tal vez sea parte de tu modo de sanar. Tal vez ya pasó el efecto del hechizo.
- ¿Y qué pasó con el resto de la gente? ¿Y con la ciudad?
- Hubo muchos heridos, para ser honesto. Varias de muertes de nuestro lado, una del otro. Ahora la ciudad está llena de seguridad por todos lados y nadie entiende qué pasó. Afortunadamente ninguno fue atrapado por la policía y en las grabaciones no se nos ven las caras por las capuchas, así que estamos limpios.
- ¿Entonces ganamos? – Pregunté.
Miguel se quedó callado un momento, mirándome – “Creo que sí” – Contestó sonriendo.
Miguel me sirvió una taza de té y nos quedamos callados un rato. Poco después entraron los demás. Karla se acercó a abrazarme y el resto se sentó en la sala.
- No puedo creer que recuerdes todo – Dijo Bill.
- Yo tampoco. – Contesté.
Todos estaban demasiado tranquilos, no había ruido en el departamento. Admiré esa imagen un momento porque sabía que para ellos era una gran noche, ya no tenían que preocuparse por “ellos”, no tenían que seguirlos a la mañana siguiente ni pelear por las noches.
- Olvidé decirte – Dijo Chris después de un rato de silencio – Tus amigos han estado llamando todo el día. No contesté porque no sabía qué decirles.
- Gracias – Dije y me levanté para buscar mi teléfono y llamarles.
Ellos estaban bien y les alegraba saber que yo también lo estaba. Hablé con cada uno durante un rato y para cuando terminé, los demás ya estaban casi dormidos.
Les dije que debían ir a descansar, nos despedimos y Ragmando y yo nos quedamos solos. Me metí a bañar y después me recosté en la cama. Todo era demasiado tranquilo. No paraba de pensar en lo que había pasado en las últimas horas, días, semanas y meses…
Me levanté casi una hora después, abrí la computadora y comencé a escribir todo lo que había en mí cabeza. No me di cuenta de la hora hasta que vi que entraba la luz del Sol por mi ventana. En ese momento despegué mis manos del teclado, tomé un suéter, metí a Ragmando en el bolsillo y me dirigí al departamento de Chris.
Cuando abrió la puerta, se sorprendió de verme.
- Perdón por venir tan temprano – Dije.
- Descuida – Dijo. – ¿Estás bien?
- Si – Contesté – Pero quería preguntarte algo.
Entré en el departamento, Chris preparó café y comencé a hablar.
- ¿Qué pasó con el resto de la gente? – Pregunté.
- Son libres – Contestó. – Igual que nosotros.
- ¿Entraron a los rincones mágicos? – Pregunté.
- No – Dijo sonriendo – Pelearon con garras y dientes para que no pasaran.
- Necesito ir al de la calle 42 – Dije.
- ¿Por qué? – Preguntó.
- Tengo que hacer algo en la biblioteca. – Dije. – ¿Puedes acompañarme?
- Claro – Contestó.
Poco después entraron por la puerta los demás. Estaban más despiertos que la noche anterior, y menos apresurados que el resto de las mañanas.
Comenzamos a preparar el desayuno. Cuando terminamos y nos sentamos en la mesa, todos comenzaron a hablar de lo que harían ahora. Algunos ya tenían empleos, pero otros tenían que conseguir trabajo. Karla dijo que de nuevo iba a abrir la cafetería y yo le aseguré que regresaría con ella.
Al terminar de recoger todo, regresé a mi departamento y me volví a sentar frente a la computadora durante horas. Estaba atardeciendo cuando volví a despegar la vista de la pantalla. Me preparé algo de comer y me senté con Ragmando a ver películas.
Un rato después, salí de mi departamento para buscar a una amiga y pedirle un favor. Una vez en la calle, me encontré con Chris saliendo de su departamento y se ofreció a acompañarme.
- Se siente extraño... – Dijo con una sonrisa – No preocuparse por ellos…
- Se lo ganaron. – Contesté.
Sonrió y estuvo callado un rato, disfrutando de la ciudad.
- Estuve pensando… – Dijo – Te dije que necesitarías otro poder para poder ganar esto, pero resultó que lo que te ayudó fue algo que siempre tuviste… – Hizo una pausa – Jamás juzgaste a Daniel, te negaste a matar a Philip y aceptaste morir por nosotros.
- Valía la pena hacer esas cosas. – Contesté.
Él sonrió y hablamos de otras cosas hasta llegar al lugar al que iba.
Ahora estoy con una amiga que me ayudará a convertir un montón de papeles en un libro, para mañana llevarlo a la biblioteca del rincón mágico y escabullirlo junto a ese libro viejo y gastado que hablaba sobre una persona que  acabaría con las batallas, para que así las personas que decidan leerlo, sepan que esa persona no era más que una de ellos.









Mientras esperábamos a que llegara nuestra orden en una cafetería cerca del departamento, recordé la primera vez que fui al rincón mágico y lo mucho que me gustó leer sobre cosas que me habían dejado de importar hace años; entonces decidí poner esto en un lugar donde lo pudieran leer aquellos que no eran magos pero creían en la magia.